En Samborombón, una estancia con el glamour del ayer
Juan Gerónimo invita a descubrir el campo
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A 170 km al sudeste de Buenos Aires, en la punta norte de la Bahía de Samborombón, la estancia Juan Gerónimo combina excelente servicio y alojamiento con bellísimos paisajes. Todo mechado con retazos de historia.
Desde la ruta de conchilla se ingresa en el establecimiento por una sencilla tranquera de madera. Luego de toparse con el ganado Aberdeen Angus y Brangus (cruza con cebú) empiezan a aparecer más de 15 construcciones en estilo Tudor, realizadas a principios de siglo por el arquitecto Collcutt -el mismo que concibió las estructuras edilicias del Hurlingham Club y la embajada británica-, hasta llegar a la casa principal.
Se ingresa por la que fuera la biblioteca (con libros del siglo XVII, entre otros tesoros), de Benjamín Muñiz Barreto, marido de María Luisa Tornquist, mentora de la estancia. Enseguida se abre un pequeño living con mobiliario colonial.
Un regalo especial
Desde el sillón, el visitante se sorprenderá con la vista de un lago artificial, solicitado como regalo de aniversario por María Luisa. Dicen que dijo: "No quiero un diamante, quiero una laguna", y fue puesto allí como una pincelada exquisita, cubierto de pájaros que deleitan el despertar de los huéspedes.
Allí se bañan los perros, los patos, y cada tanto alguna garza mora va a buscar su alimento. Llegan de septiembre a marzo y usan las copas de los árboles secos para anidar. Con un poco de suerte, algún ciervo axis asoma su distinción.
También hay patos barcinos, cigüeñas americanas, chajás, caranchos, chimangos, cardenales, tordos, tijeretas, jilgueros, biguás. Estos últimos obtienen sus peces buceando y no lanzándose en picada desde el aire: son propios de las lagunas y los ríos de la Argentina, con su plumaje negro brillante con hermosos reflejos azulados.
En opinión de los especialistas, el paisaje no es muy distinto del que pudo haber existido hace 150 años. Restos de aquella pampa que hoy mantiene su aspecto original sólo en los libros.
"Cada campo posee su particularidad, su microcosmos, para aquel que lo quiera mirar. Lo interesante de este tipo de alojamiento es que el huésped se encuentra alojado en una casa de campo y no en un hotel, atentido por sus dueños, los anfitriones", aclara Florencia Muñiz Barreto de Molinuevo, una de los cuatro hijos de María Luisa.
Ernesto Tornquist regaló a su hija María Luisa la propiedad de 10.000 ha a principios del siglo XX. Ya en 1920 funcionaba como estancia modelo. Hoy, con 400 ha, se concentra en una intensa explotación ganadera y en la atención al turismo.
Ella amaba el campo y pasaba allí seis meses al año. Cuidaba sus orquídeas que se hicieron famosas, así como los percherones y piezas arqueológicas traídas en distintos viajes realizados por su marido.
Newbery, caído del cielo
Es mucho lo que hay para ver y escuchar..., si hasta Jorge Newbery cayó con su globo el 13 de octubre de 1911, en uno de sus intentos de cruzar el río de la Plata.
En medio del bosque de especies plantadas en el 1900 -acacias negras, araucarias, alcornoques, cañas, cipreses, eucaliptos, ombúes, sauces-, se puede encontrar la que fuera la casa de las flores. Cubierta de musgo, con las puertas y ventanas cerradas a través de las cuales pueden verse el cortinado de época, ya raído, y los semilleros en perfectos cajoncitos. En lo que queda de una antigua pérgola asoman calas salvajes.
En el antiguo edificio de la administración funciona una escuela rural, donada por los Barreto.
Cada casa estaba oculta, retirada como para no ser encontrada. De las 15 casitas están en uso la matera, donde se junta el personal del campo a recibir intrucciones y tomar mate; la caballeriza, con boxes y palenques para aparcar carros y caballos; la casa de té y la de húespedes, entre otras.
Se puede llegar al tea-house a tomar el té, una excursión bellísima que puede formar parte de la vuelta a caballo o en un resistente tractor al que adosan un carro con varios fardos dispuestos a manera de asientos. Desde estos medios de transporte se alcanzan los cangrejales, los talares, las dunas de 30 metros o la costa de río-mar, entre otros paseos.
Ponciano Matos y sus hijos José y Ramón arrean caballos, los ensillan, hacen de guía a los visitantes y atienden las tareas rurales.
Dicen que donde hay un tala hay conchilla: hace millones de años estas tierras eran del fondo del mar. En esta costa, el río se confunde con el océano: el agua es salada, y los caballos se acercan al atardecer, buscando tal vez el naufragio del marino Juan Gerónimo Blanco, que da nombre al campo. Aunque sobre esta parte de la historia se abre la controversia: algunos consideran que John White, y no Juan Gerónimo, traficaba en estas costas a principios del siglo XIX y era famoso por sus fechorías.
Cómo llegar
Para llegar a la estancia Juan Gerónimo hay que tomar la Autopista Buenos Aires-La Plata hasta el peaje Hudson y desde allí seguir la dirección de los indicadores que señalizan la ruta a Mar del Plata. Al llegar a la rotonda Gutiérrez, doblar a la derecha (salida km 31) para tomar la Autovía 2 unos cinco km hasta llegar a la intersección con la ruta P. 36, a la derecha.
Por la ruta P. 36 son 90 km hasta llegar a la entrada a Verónica, donde se toma un camino de tierra 20 km más y cuyas señas se brindan exclusivamente a quien reserve habitación. Es importante hacer el tramo de la entrada a la localidad a 60 km por hora, porque si no recibirá una multa.
Igualmente hay una ruta de conchilla natural muy bella por si llueve, que se toma superando Verónica y Pipinas continuando por la ruta P. 36. En Pipinas, se puede adquirir quesos caseros y unas sencillas galletas de forma alargada o pequeñas pelotas, riquísimas para el mate, llamadas alpargatas las primeras y pitufos las segundas. Sin reserva previa, no ingresa ningún pasajero.
Datos útiles
Fin de semana
Un fin de semana con todas las comidas incluidas con vino, caballos, paseo en acoplado, bicicletas, cancha de paddle, cuesta $ 220 por persona, menores de 8 años, la mitad. Hasta 2 años no pagan nada.
Día de campo
El día de campo con recepción de empanadas, generalmente asado, paseos en acoplado o en caballos cuesta $ 75.
Horarios
La luz proviene de grupo electrógeno; por lo tanto, se enciende a las 18 y se apaga antes de irse a dormir. Tanto las mesitas de luz como el baño poseen luz de batería para la noche.
Durante febrero, la estancia permanece cerrada.
Reservas
Para confirmar lugar, conviene contactarse por el 154-937-4326 o el 4804-9777. El teléfono de la estancia es el 02221-441414. E-mail: juangeronimo@fibertel.com.ar
Curiosidad
La estancia está dentro de las 25 mil hectáreas del Parque Costero del Sur. Desde Magdalena hasta Punta Piedras podría sin embargo perder su lugar de privilegio como Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco (1984).

