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Vivir en otro país es un proceso de adaptación que lleva tiempo. Uno se traslada de un lugar a otro, cree que sigue siendo el mismo, que lo único que cambió es su entorno pero de a poco hay costumbres que uno va asimilando. Hay algunas que uno trae consigo y que no pierde nunca, otras que por necesidad de adaptación se modifican. Los contrastes culturales son grandes y al principio todo es demasiado raro y distinto, hasta que llega un momento en que uno tiene que recordar cómo era antes.
Lo que más valoro de vivir entre dos culturas es la posibilidad de apreciar dos modos de vida tan distintos y quedarme con lo mejor de cada uno.
Estas son algunas costumbres que perdí o gané viviendo en Múnich.
1. La flexibilidad horaria
Llegar a tiempo a todas partes es la norma. En Alemania no hay excusas para llegar tarde cuando en cada estación se indica a qué hora llegará el subte o tren. El tiempo se mide en minutos y segundos y acá no existe el "en quince estoy". El tren sale en 7 minutos o tiene 3 de demora.
Vivir en una sociedad que tiene todo tan organizado hace perder la flexibilidad en general.Cuando algo se sale de la regla la gente se impacienta e impera la queja, que en estos pagos se practica casi como deporte.
2. Adiós al delivery!
Los domingos de empanadas es una costumbre que se pierde y extraña. Llegar tarde de trabajar y llamar para pedir dos de carne y una de jamón y queso o los lunes darse el lujo de un cuarto de helado (con el 2X1 de club La Nación) no corre por aquí. Si bien el delivery existe también, no hay tanta oferta y es un servicio caro, por eso la costumbre no está tan instalada en la sociedad.
3. Salir a las 12 de la noche y hasta las mil
Las noches porteñas son las más largas del mundo y se arranca muy tarde. Llegar a casa del trabajo, relajarse un ratito, cocinar algo, bañarse y después decidir qué hacer es algo que se improvisa en el momento y se estira y estira hasta que se hacen las doce de la noche. En Europa lo normal es salir a partir de las ocho de la noche, generalmente se sabe de antemano para donde ir y en muchos casos se reserva la mesa en un bar porque si no, no se consigue lugar. Muchos bares cierran a las 2 de la mañana, también el transporte público circula con menor frecuencia a partir de esa hora, entonces las noches son más cortas. Tomar un taxi es un lujo asiático, pase lo que pase hay que tomar el subte o colectivo. En Buenos Aires la mejor parte de la noche transcurre en el taxi de ida, la charla con el tachero y la última cerveza se comparte también en el taxi. Esta costumbre no existe en Europa.
4. Tener a todos juntos en una misma ciudad
El haber nacido en Buenos Aires y tener a toda la familia y amigos en un mismo lugar. Sueño con una ciudad donde poder juntar mis mundos entre Argentina y Alemania, tenerlos a todos y vivir ahí. Si bien ya el hecho de vivir afuera me separa de mi familia y de mis amigos, en Alemania hay más movilidad y mis amigos de aquí, están desparramados por distintas ciudades del país. Contrariamente a Argentina, no todos mueren por vivir en la capital y la población está más distribuida. Generalmente la gente nace en un pueblo o ciudad, se muda para ir a la universidad y después para trabajar en otra parte. Una juntada con amigos requiere entonces planear con tiempo un fin de semana en alguna de estas ciudades.
5. Los asados del domingo
Pase lo que pase, estación del año que sea, los domingos hay asado familiar. Esa costumbre tan nuestra no existe acá, y es lo que más extraño viviendo afuera. El concepto de juntarse a comer para compartir un buen momento en familia o con amigos, las largas sobremesas. Compartir la pizza o el helado, acá las pizzas y los helados son siempre individuales, no existe pedir una pizza mitad de fugazzeta y mitad napolitana y adiós al kilo de helado!
6. La picada antes de comer
En Alemania se cena temprano, y en muchos casos no se come un plato caliente sino el llamado "Brotzeit" "el momento de comer pan", costumbre que se practica sobre todo en el sur de Alemania. Consiste en comer frío, panes y fiambres, para irse después liviano a dormir. Obviamente en casa uno come lo que quiere y a la hora que quiera, pero en casa de familias alemanas es muy normal hacer un simple "Brotzeit" para cenar. La picada no tiene sentido para los alemanes, mientras que para nosotros es fundamental. La tablita de madera con queso bree y otras suertes no puede faltar antes de una comida con amigos.
7. El ruido
Buenos Aires es una ciudad eléctrica, ruidosa, escandalosa, donde siempre pasa algo. La gente habla y se ríe fuerte, estamos inmersos en conversaciones ajenas todo el tiempo, en el bondi, en la calle, en cualquier negocio, llegamos incluso a escuchar la música del vecino de casa o del bondi. Alemania particularmente es muy silenciosa y hay una cultura de silencio que está reglamentada. Se habla bajito y hay normas en los edificios que establecen el horario "para hacer ruido" de 8 a 22 horas. Si se habla muy fuerte no es raro ser sorprendido con un rotundo?"SHH"? y uno siente la carencia del ruido. También hay mucho respeto, y si alguien organiza una fiesta, pega un cartel en la entrada del edificio pidiendo disculpas de antemano si la música está fuerte, e invitando al vecino a pasar la fiesta a tomar una cervecita también.
8. En la plaza
Caminar por la calle y encontrarme con manadas de perros amarradas a la mano de un paseador o un árbol. Es una costumbre demasiado exótica para Alemania, donde los perros deben pagar impuestos, y por eso son los menos. Las rondas de mate en la plaza son sustituidas por cervezas y a diferencia de nosotros bajan a los parques muy equipados para pasar el día, algunos con canchas de volley, parrilla eléctrica, tuppers de ensalada, paletas y lo que se les ocurra.
9. Pies descalzos
Llegar a la casa de quien sea, una fiesta o casa de familia y sacarme los zapatos. Para nosotras las argentinas habituadas a andar en plataformas bajarse de los zancos implica un cambio drástico en nuestro outfit y un cambio radical de perspectiva, sobre toda para las más bajitas. No importa si es una comida con amigos o una fiesta en lo de algún desconocido, todos pies descalzos porque para limpiar es más fácil y práctico. La practicidad está por encima de todo en Alemania.
10. La lluvia no es motivo para cancelar ningún plan
El clima es el que hay y punto. No hay nada que un buen abrigo no pueda hacer, son frases casi celebres en Alemania. Que una pequeña lluvia no te impida salir a correr o juntarte con amigos. Si llueve se sale a correr igual, si hay mucha nieve se camina con esquíes o se baja en trineo, si hay sol no se puede estar adentro, los alemanes salen todos a la calle y las mesas de los bares se corren todas al sol.
Por Lucrecia Magnanini. Nota publicada en abril de 2015.

