Escenarios de película
Desde La Quiaca hasta Ushuaia hay lugares tan familiares como si se los hubiese visto muchas veces, y que la memoria atesora gracias a la magia del cine
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El lugar para ir de vacaciones no es, para muchos, una elección difícil, ya que existen playas y sierras que, año tras año, albergan a veraneantes que hallan en cada uno de esos sitios los tradicionales ámbitos propicios que los reciben con sus espacios familiares y sus repetidas costumbres.
Pero cuando llega el momento del ocio y de la aventura se plantea en otros la disyuntiva de cambiar sus hábitos, de conocer distintas geografías y de adentrarse en rutas, pueblos y ciudades que les muestren una Argentina desconocida y agreste en la que ellos puedan descubrir nuevos escenarios y recorrer espacios que sólo intuyen a través de relatos o de fotografías.
Del ayer al hoy
Cuando nuestra cinematografía comenzaba a hacerse entender no sólo por la imagen, sino también por la palabra, el director Manuel Romero ubicó a La rubia del camino entre montañas y lagos de Bariloche, un lugar ya convertido en tradición para los viajeros.
Sin pretender una sinopsis cronológica, los paisajes patagónicos fueron los preferidos de Carlos Sorín para producir La película del rey , Eterna sonrisa de New Jersey e Historias mínimas , sin olvidar que en esa planicie de deslumbrante y agreste belleza Héctor Olivera rodó La Patagonia rebelde . Mendoza, que en la década del cuarenta poseía estudios cinematográficos propios, tampoco fue ajena a la mirada de la cámara y allí, entre viñedos y sol permanente, Julio Porter filmó Marianela , en tanto que Salta se convirtió en permanente espacio para las tramas más dispares. En esa provincia del Noroeste el realizador Lucas Demare instaló su equipo artístico y técnico para transformar a La guerra gaucha en una de las películas más emblemáticas de nuestra historia cinematográfica.
Para los norteamericanos, los valles y cerros salteños sirvieron para filmar Taras Bulba , con Yul Brinner y Tony Curtis, y mucho más acá en el tiempo la debutante Lucrecia Martel concibió La ciénaga , mientras otros directores locales se apropiaban de la ciudad y de sus alrededores para dar su personal mirada a Salta, la linda .
Merlo, una tranquila y paradisíaca ciudad de San Luis, tuvo en Un lugar en el mundo , de Adolfo Aristarain, su casi permanente escenografía, en tanto que Miguel Pereyra, un jujeño amante de sus paisajes, instaló sus cámaras en esa provincia para concebir sus dos laureados largometrajes: La deuda interna y La última siembra .
Para todos los gustos
En Marayes y Valle Fértil, zonas de San Juan, el joven director Carlos María Jaureguialzo mostró las bellezas del lugar en Tres pájaros , en tanto que el mexicano Emilio Fernández acometió, muchos años antes, la hazaña de viajar al extremo sur para rodar La Tierra del Fuego se apaga .
Ese nevado lugar argentino tentó, también, a Fernando Solanas para su película El viaje , y Misiones acaparó la atención de Eliseo Subiela para La conquista del paraíso , su primer largometraje, y a Hugo Lescano, para El regreso .
La Quebrada de Humahuaca le brindó a Juan José Stagnaro la escenografía natural para delinear la historia de Casas de fuego , en tanto que Corrientes apareció en la pantalla grande de la mano de Enrique Dawi para sus producciones Alto Paraná y Los casos de Frutos Gómez . Quedan, por supuesto, otros muchos títulos que se insertaron en la filmografía local con el marco de la casi totalidad de nuestras provincias como bello catálogo que invita a los turistas a su acercamiento y a descubrir espacios geográficos desconocidos o casi ignorados.
Los veraneantes, pues, son ahora dueños de, a través del cine, elegir paisajes que saldrán de la pantalla de plata para ser disfrutados con la pasión y el recuerdo de lo que conocieron a través de una enorme lista de films que marcan la trayectoria de nuestro séptimo arte.
El paisaje, protagonista principal
Si el turista es, al mismo tiempo, un apasionado del cine nacional, la tarea de viajar al interior se hace más sencilla y fascinante.
Quien pretenda hacer una excursión a algunos de esos espacios para él desconocidos puede recurrir a nuestra pantalla grande como modelo para planificar un veraneo distinto: existen decenas de películas que captaron las más dispares escenografías, todas dispuestas a asombrar a los viajeros.
Ya desde la época del cine mudo los realizadores supieron que el mapa argentino se convertiría en una invitación al conocimiento de nuestro país. Muchas veces el paisaje era el verdadero protagonista de esas películas y, ya en nuestros días, hay muy poco de esa geografía que haya quedado relegada en las historias que brindaba la pantalla. Es, pues, imposible resumir todos los títulos que recalaron en exteriores de nuestro país, pero algunas de esas producciones son emblemáticas por su paisaje.



