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Los lunes a la noche, las escaleras de la Pedra do Sal, cerca de Praça Mauá ?futuro Puerto Madero carioca?, donde en el siglo XVIII se comercializaban los esclavos, quedan forradas de gente que intenta llegar cerca de la roda de samba. El batuque (baile al son de un instrumento de percusión; batucar: tocar con ritmo) tiene larga data en esta zona donde se asentó la comunidad bahiana, transformándola en un polo de la cultura negra. La concurrencia es tal que la velha-guarda de sambistas decidió reunirse los miércoles y dejar los lunes para los novatos.
Si el plan popular no es lo suyo, pruebe Trapiche Gamboa, también por la zona. El caserón es cinco estrellas en comida, música en vivo y decoración. La gente adora reunirse en la calle, en los botecos y principalmente en la Lapa, reducto oficial de la balada o movida nocturna. Alrededor de sus famosos arcos ?recién pintaditos de blanco- el abanico de posibilidades es cada vez mayor. Basta avanzar por la Mem de Sá ?que desde el año pasado es peatonal los viernes y sábados? para apreciar la mixtura de gente y estilos musicales. Democráticos, sobre la Riachuelo, tiene excelentes shows los viernes ?con derecho a baile? y forró los miércoles. La carpa blanca que se ve a la derecha de los arcos es del Circo Voador, considerado el templo de la música brasileña. MPB, rock, dub ?hermano del reggae?, samba o funk, todo de primera calidad. Por su escenario pasaron, solo en 2010, los pernambucanos deNação Zumbi con su mezcla de rock y maracatú, Jorge Ben Jor, Tom Zé, Céu, Otto, Bebel Gilberto, MB Bill (que actuó en Cidade de Deus) y Elza Soares, entre muchos otros. El Teatro Rival Petrobras, con curaduría de las actrices Ângela y Leanda Leal, madre e hija, es otra perlita de la scena carioca y queda en Cinelândia, atrás del Cine Odeón. Y como no sólo de música se vive, sepa que en Encontros Cariocas ?arriba de Carioca da Gema, otro clásico del samba? se come una pizza finita espectacular; que Gohan, escondido en la Rua Joaquim Silva (antes de los arcos, a la izquierda) tiene buen sushi y platos de peixe a un precio más que aceptable y que si se le antoja comer cabrito, aunque sean las 4 de la mañana, puede unirse a la bohemia carioca en el restaurante Nova Capela.
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