Su estética decontructivista irrumpió en el paisaje romántico. A pesar del estilo moderno, logró convertirse en uno de los edificios más queridos de Praga.
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Quien alguna vez haya visto en escena a Fred Astair y Ginger Rogers mirará con otros ojos este emblemático edificio de Praga. La Casa Danzante está integrada por una pareja de edificios entrelazados de tal forma que recuerdan a esta dupla que brilló en tantos musicales y películas de los años 40. De hecho, durante un tiempo esta construcción fue conocida como “Fred & Ginger” hasta que ese apodo se desestimó para evitar “importar el kitsch hollywoodense” a la bohemia Praga. Una torre de cristal se estrecha hacia la mitad de su altura, como si el segundo edificio –un cilindro de concreto reconocible por sus ventanas desalineadas– fuese el bailarín que la toma por la cintura. Esta singular construcción es hoy una de las más queridas de la ciudad, a pesar de ser relativamente nueva (la obra concluyó en 1996). De hecho, su silueta fue acuñada en la moneda de oro de 2000 coronas checas que corresponde a la colección “Diez años de arquitectura” emitida por el Banco Nacional Checo.

Cuenta la historia que el día de la inauguración su libro de visitas recibió comentarios del tipo “esperamos que se demuela pronto”. Los ciudadanos estaban shockeados. No comprendían cómo podrían convivir ese estilo irreverente con los íconos de la ciudad: sus puentes medievales, los castillos en lo alto de las colinas, las iglesias góticas y las decenas de ejemplos del Art Nouveau que se multiplican por todas partes. A la dupla de arquitectos conformada por el zagrebí Vlado Milunic y el archiconocido canadiense Frank Gehry (responsable del Guggenheim de Bilbao entre otros íconos) pareció no importarle. Cómo llegaron a trabajar estos dos talentos en tándem fue capricho del destino. La década del 80 terminó para Checoslovaquia con la Revolución de Terciopelo que separó a Eslovaquia de la República Checa. Václav Havel fue el primer presidente democrático checo. Havel quería marcar la transición a través de la cultura y le encargó a Milunic que proyectara un centro cultural en un terreno que había quedado vacío desde los bombardeos estadounidenses de 1945. Pero, antes de poner la obra en marcha, el terreno fue adquirido por el banco Nationale-Nederlanden para construir una sucursal que marcara su desembarco en el nuevo Este europeo. Resultó que el representante de la firma en República Checa, Paul Koch, era amigo de Milunic y estaba al tanto de su proyecto. Entonces propuso que siguiera adelante con la colaboración de un arquitecto mundialmente reconocido. Así apareció Ghery en escena y la Casa Danzante fue el grandioso resultado. Conviene admirarla desde el otro lado del puente Jirásek y subir al restaurante del séptimo piso para disfrutar de Praga desde las alturas. En palabras de Milunic, este edificio es mucho más que un gran diseño, es el reflejo de la sociedad checoslovaca, que se movió de un pasado totalitario signado por el comunismo hacia un mundo en constante cambio.
Nota publicada en junio de 2017.


