La pequeña patria de Atahualpa
En Cerro Colorado, la casa del poeta y compositor se abre con más de un color
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CERRO COLORADO, Córdoba.- A esta pequeña localidad cordobesa, distante a 160 kilómetros de la capital provincial, los turistas llegan para disfrutar de tres cosas: conocer el tesoro de las pinturas rupestres más importantes de América del Sur, aprovechar la tranquilidad de los ríos serranos y visitar Agua Escondida, la casa donde vivió uno de nuestros mayores trovadores: don Atahualpa Yupanqui.
Entre los 150 vecinos de este pago chico se encuentran muchos de sus amigos, como Indolfo Guayanes, que en 1953 le construyó la casa con piedras del lugar, y Hugo Argañaraz, que conserva conmovedoras cartas que Atahualpa le envió desde París. Son los mismos que ven corretear por sus calles de tierra al viejo Alu, el perro del cantautor que ahora cuida su hijo.
Roberto Chavero (el Koya, como lo apodaron su padres) es quien se ha encargado de cuidar de las obras de su padre, de su memoria y de convertir Agua Escondida en un prolijo museo. Allí se agrupan testimonios de la vida artística y privada de Héctor Ricardo Chavero, el payador que nació en el partido de Pergamino el 31 de enero de 1908 y que murió en la ciudad de Nimes, Francia, el 23 de mayo de 1992.
Vidalas y chacareras, escritas y cantadas por el más prestigioso de sus vecinos, campean en este pueblo rodeado de antiguos cerros, habitados alguna vez por los indios comechingones y sanavirones. Payador estudioso y culto -de a ratos perseguido por sus ideas-, Atahualpa aprovechaba sus estadas en el país para instalarse junto a su mujer, Antonieta Paula Pepin (Nenette, para los íntimos).
Otra música
Este era su lugar, una casa rodeada por los Cerros Colorados del norte cordobés y por la eterna música del río Los Tártagos, que corre por los fondos de la finca. Bajo la sombra de la gran arboleda del parque descansan sus restos, junto con los de su gran amigo el bailarín Santiago Ayala.
Por una módica suma para el mantenimiento del lugar, la tranquera deja paso a los visitantes (siempre recibidos por un guía) para hacer un recorrido prolijo por el interior de la casa y la vida del poeta. En el circuito se escucharán datos, anécdotas y una síntesis de las andanzas de este gran cantautor. Plena de recuerdos, cuelgan de las paredes guitarras, fotografías (una dedicada por el propio Che Guevara) y un curioso afiche, que anuncia un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York.
La recorrida sigue por los ambientes decorados con los ponchos de don Ata , instrumentos musicales, pasando por la antigua cocina que, ahora, es una enorme biblioteca con más de 3000 volúmenes, también los ocho de su autoría y medio centenar de discos.
Allí está intacto su dormitorio, que como si estuviera en uso, tiene apoyadas sobre las mesas de luz las fotografías más queridas por el vate. En otro sector, en una sala donada por el gobierno alemán, se exhiben documentales que aportan más y más datos sobre su rica carrera artística.
Cae la tarde y el aire de las serranías se pone fresco. En una carta que le escribió desde Francia a su hijo, le cuenta: "En esta tarde fría me hubiera gustado estar en el cerro para sentir los rumores del campo y la vibración que el aire regala sin pedirle nada a nadie..." Es que Agua Escondida guarda en Cerro Colorado lo mejor de Yupanqui. Es el baluarte que siempre llevó prendido a su corazón, sin importarle al poeta a qué distancia sonaban los bordoneos de su guitarra. Porque ésta es su pequeña patria.



