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Leviatán. La asombrosa historia del telescopio más importante del siglo XIX

Gabriela Pomponio
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26 de agosto de 2020  • 17:34

El pueblo de Birr es un alto imperdible para aquellos que emprenden la ruta de los castillos irlandeses. Allí, un artefacto construido en 1845 permitió grandes descubrimientos de la mano de un noble aficionado a la astronomía.

La noche estrellada de Van Gogh: las galaxias remolino descubiertas con el Leviatán, habrían inspirado su obra.
La noche estrellada de Van Gogh: las galaxias remolino descubiertas con el Leviatán, habrían inspirado su obra. Crédito: Gentileza: Viajero en el Tiempo

Durante casi 75 años fue el telescopio más grande del mundo. En las afueras de una pequeña aldea irlandesa, un conde obsesionado con las estrellas construyó este singular dispositivo que instaló en el jardín de su castillo.

Lo llamaron Leviatán, como la bestia marina que menciona el Antiguo Testamento. Uno de los principales hallazgos realizados con este aparato fue la silueta espiralada de la galaxia M51, que desde entonces se conoce como Galaxia Remolino. Algunos creen que esta singular formación fue la verdadera inspiración de La Noche estrellada, una de las obras más famosas de Vincent Van Gogh.

Un conde apasionado por el cielo

William Parsons había estudiado matemáticas en la universidad de Oxford. Desde siempre se interesó por la astronomía y concretó este sueño cuando heredó de su padre el condado de Rosse.

Litografía de William Parsons por W. Bosley (1849).
Litografía de William Parsons por W. Bosley (1849).

El legado incluía el castillo de rigor, una mansión de origen anglonormado, remodelada en estilo gótico. Emplazada en las afueras de Birr, una localidad de la región central de la República de Irlanda, el sitio hoy puede visitarse.

Convertido en el tercer conde de Rosse, William se propuso construir un telescopio único en su tiempo.

La idea del noble inglés era estudiar las nebulosas que describían en sus catálogos los prestigiosos astrónomos Charles Messier y William Herschel. Herschel, creía, además, que estas nebulosas eran extensos espacios de gas donde se formaban nuevas estrellas y planetas. Esta hipótesis sostenía que la observación de las mismas permitía tener una idea aproximada de la formación de cosmos, una suerte de Big Bang en desarrollo, en vivo y en directo.

El castillo de Birr, en la región central de Irlanda.
El castillo de Birr, en la región central de Irlanda. Crédito: Gentileza Birr Castle.

A finales del siglo XVIII, Herschel había construido un telescopio famoso, el Gran Cuarenta Pies, con él había develado que Urano no era una estrella sino el séptimo planeta del del sistema solar. Además, descubrió que el sol era una estrella móvil. Herschel murió y se llevó con él las indicaciones técnicas para reproducir su famoso telescopio. Precisamente ése era el modelo que Parsons se propuso construir.

El conde realizó una tarea detectivesca con la familia de Herschel y luego capacitó a varios jornaleros para que lo asistieran en los trabajos. Mejoró las técnicas de fundición y pulido y finalmente obtuvo dos espejos de 1,8 m de diámetro: uno se usaba como sustituto del otro ya que debían pulirse periódicamente. De este modo no desperdiciaban días de observación.

Para poder montar el gigantesco telescopio hubo que construir una estructura con muros de 21 m de largo por 12 m de alto.
Para poder montar el gigantesco telescopio hubo que construir una estructura con muros de 21 m de largo por 12 m de alto.

Para sostener estos prototipos ideó un tubo de metal de 16.5 metros. El conjunto pesaba 12 toneladas y Parsons se vio obligado a construir una estructura de sostén importante con paredes de 12 metros de alto y 21 metros de largo.

En 1845 el monstruo estaba listo. La prensa de la época lo bautizó El Leviatán de Parsonstown, y no era para menos.

Buscador de nebulosas

Los primeros hallazgos no se hicieron esperar. Si bien la campiña irlandesa no era el lugar ideal para las observaciones - los cielos despejados no son habituales aquí y el telescopio solo se podía usar unos 70 días al año- Parsons y su equipo sorprendieron al mundo.

Una noche de abril de 1845 divisaron la nebulosa M51: en el poderoso espejo del Leviatán apareció con una bellísima forma espiralada escondida detrás de la nube gaseosa; también identificaron la presencia de estrellas. Este descubrimiento subió a la M51 al rango de galaxia. Desde entonces se la conoce como Galaxia Remolino.

El invento de Parsons fue revolucionario. Se hablaba de él en el mundo entero.
El invento de Parsons fue revolucionario. Se hablaba de él en el mundo entero.

Durante años Parsons se empeñó en identificar las nebulosas conocidas y describir sus caprichosas formas escondidas detrás del polvo cómico y los gases.

Fue él quien dirigió el Leviatán hacia la M1, ubicada en la constelación de Tauro, y develó la forma de crustáceo que le dio su nombre actual: Nebulosa Cangrejo. Para 1850 había identificado 14 de estos campos celestes.

Otra de sus pasiones fue la Luna. Interesado sobre todo en la formación volcánica, dedicó largas observaciones para diseñar un nuevo mapa lunar. En el museo del castillo pueden verse los dibujos, resultado de esta tarea.

Tiempos modernos

Tan famoso fue el Leviatán que Julio Vernelo mencionó en su libro "De la tierra a la Luna" (1865).

Lawrence Parsons continuó la tarea de su padre. Realizó algunas mejoras en el Leviatán y construyó un telescopio manual con el cual logró medir el calor superficial de la luna, valores que fueron confirmados años más tarde por estudios realizados con tecnología más compleja.

En 1908 el Leviatán se desmanteló. Sin embargo, en 1997 fue restaurado y puesto en valor. Hoy, es objeto de especial interés para aquellos que llegan a visitar el castillo de Birr. Desde 2017, el lugar cuenta, además, con un moderno radiotelescopio que permitió observar por primera vez a una estrella enana roja a 75 billones de kilómetros de distancia.

El misterio de Van Gogh

Saber a ciencia cierta cuál fue el disparador que dio origen a La Noche estrellada es una tarea imposible.

"Ver las estrellas siempre me hace soñar", afirmaba Van Gogh en una de las muchas cartas que el escribió a su hermano Theo.

La noche estrellada de Van Gogh: las galaxias remolino descubiertas con el Leviatán, habrían inspirado su obra.
La noche estrellada de Van Gogh: las galaxias remolino descubiertas con el Leviatán, habrían inspirado su obra.

La obra que se exhibe en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de New York, muestra una escena dominada por un cielo nocturno en una combinación de azules y dorados. Las líneas ondulantes de las pinceladas describen una serie de remolinos alrededor de las estrellas y una gran luna focaliza la mirada.

El cuadro fue pintado desde el cuarto que ocupaba en el asilo Saint Paul de Mausole en Saint Rémy de Provence en 1889, donde Vincent se internó luego de una crisis nerviosa.

La obra se basa en observaciones directas del artista, pero también hay imágenes que provienen de sus recuerdos y su imaginación, por ejemplo, la iglesia, que no se ve desde la ventana del cuarto.

La información astronómica de mediados de junio de 1889 - fecha en que se pintó el cuadro- en el cielo de Saint Remy, muestra algunas similitudes, pero no da todas las pistas.

Simon Singh, físico y autor del libro Big Bang, señala el parecido de la luz en espiral del cuadro con el dibujo de la Galaxia Remolino hecho por lord Rosse medio siglo antes. Dichos dibujos habían sido publicados en Francia por un divulgador científico de la época y posiblemente Vincent los haya visto.

Óleo del Leviatán y el castillo de Birr a lo lejos.
Óleo del Leviatán y el castillo de Birr a lo lejos.

En esa línea se inscriben los estudios realizados en 2006 por la universidad de Oxford y la Universidad Autónoma de México. Allí se demuestra que las turbulencias pintadas por Van Gogh son reproducciones de precisión matemática. El trabajo señala además que La noche estrellada reproduce espirales idénticas a las que el matemático soviético Andréi Kolmogorov formalizó en 1941, para describir las leyes que experimentan los fluidos turbulentos.

Seguramente todo eso y mucho más atravesó el espíritu del pintor a la hora de plantarse frente al bastidor.

Llegar hasta el cuarto de Van Gogh en Saint Remy puede ser una experiencia única. Después, cuando cae la noche, nada mejor que dejarse guiar por sus ojos, y contemplar el cielo con los dibujos de Parsons en la mano.

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