Los Dos Hermanos tienen a todos al trote en Zárate
Cabalgatas, cocina casera y descanso para disfrutar en familia
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En Escalada, partido de Zárate, a 50 minutos de Buenos Aires, la estancia Los Dos Hermanos ofrece descanso, comida casera y cabalgatas para aquellos que quieran olvidar los problemas de la ciudad.
Para llegar hay que tomar la ruta Panamericana hasta el km 84,5, pasando el cruce a Zárate en dirección a Campana. Allí se dobla a la izquierda para tomar la ruta 193 por 8 km más. En el camino quedan el pueblo de Escalada, con 250 habitantes y la centenaria panadería de Chichín, famosa por sus tortitas negras, entre otras especialidades.
La estancia queda a 1800 metros de la ruta por camino de tosca. Si llueve mucho, hay un lugar para dejar los autos y entrar en camioneta.
Las quebradas de la pampa ondulada son distintas, menos monótonas, menos agónicas. Y para los amantes de la pesca, el río Paraná está a sólo 10 km.
A diferencia de otras estancias turísticas, lo bueno es que aquí se puede participar: casi todos se animan a aprender a andar a caballo con Pancho Peña.
Desde el desayuno
Isolina y él son los dos hermanos que dan nombre a la estancia de 75 hectáreas cuyo casco, a pesar de su sencillez, tiene más de cien años. Se dedican al turismo rural hace ocho. Ana Peña, la esposa de Pancho, es la encargada de organizar la comida y las actividades en general.
El día de campo comienza con el desayuno para luego salir a cabalgar dos horas. Al mediodía, el grupo vuelve a comer el copetín de fiambres caseros y vino, empanadas que chorrían como dice la copla, y asado, para después volver a salir a caballo tres horas más.
Si el viajero se queda a dormir, podrá deleitarse con unas pastas caseras por la noche o cualquier otro plato hogareño.
Se puede pernoctar en las habitaciones de la casa central o las cabañas bien equipadas, con televisor y cocina. Hay un rancho grande con cuchetas en caso de grupos numerosos. Y si prefiere volver en el día lo hará con la panza llena y el cuerpo bien cansado.
Para Pancho, cuando el caballo galopa y hace tacatac, tacatac, tacatac , "es como estar en el cielo. ¿Quién no quiere galopar".
La tropilla de cincuenta caballos permite que todos los que quieran montar puedan hacerlo. Se realizan salidas más largas -de todo el día, con asado en el campo- o más cortas, a pedido. Las hay incluso a la luz de la luna.
Los temerosos podrán alcanzar los mismos lugares en el sulki o el carruaje. O quedarse a descansar.
Las cabalgatas habituales bordean el casco hasta llegar al arroyo La Pesquería - no sueñe con pescar algo más que mojarritas-. Se puede llegar también hasta la estancia del vecino Zamora, que cuenta con un camino bordeado por una añosa arboleda.
Por la tarde es frecuente darse una vuelta por alguno de los cuatro boliches-almacenes del pueblo de Escalada o alcanzar la Capilla de Nuestra Señora de Vladimir en el paraje El Tatú, a 20 km. Es un lugar muy bello, aparentemente cerrado. Pero al batir las palmas, la casera abre la puerta y aparecen los perros, que pasean su parsimonia por la iglesia.
Correr, no
Antes de salir a andar a caballo, se firma un instructivo que prohíbe jugar carreras, entre otras recomendaciones. Si alguno no sabe montar, Pancho le enseña cómo hacerlo en un corral chico preparado para eso.
Los animales usan estribos capachos para evitar enganchar los pies en éstos en caso de caída. Si los jinetes no son avezados, la marcha es al paso. "Pero a la media hora está galopando todo el grupo sin problemas", asegura.
Federico Decet, su esposa Ana y sus cuatro hijos van siempre a la estancia. Facundo, de 4 años, no deja de taconear al caballito mientras dice haber trotado "a lo máximo". Belén, de 12, encuentra en el contacto con el animal una paz particular.
Don Juan García, entrerriano de 53 años, anda en su tobiano que, de tan brioso, parece bailar. Cuida los caballos y sus jinetes. El y los hijos de Pancho, Francisco y Carlos, guían la travesía.
Pamperito es la estrella: de tan manso se tira al piso cuando se lo piden y los chicos se le paran encima. Verdad, Justicia, Sin Comentarios y La Mancha son tranquilas, pero no tanto como para acostarse.
Al atardecer, los caballos vuelven al corral. Al grupo lo esperan los buñuelos calientes de Carina Rodríguez -tres tazas de harina leudante, una y media de azúcar, dos de leche, esencia de vainilla, tres huevos y 100 g de dulce de batata para 20 personas-. Se comen en la mesa del comedor principal, frente a la chimenea encendida y son perfectos para calentar el cuerpo después del ejercicio. También hay tortas fritas, mate, café y té.
Otros caminos
Algunas de las opciones para pasear desde el campo son Capilla del Monte (15 km) o San Antonio de Areco (34 km). También puede jugarse al golf en el club Smithfield, a 10 km.
La rutina del campo, las actividades, las comidas junto con los dueños del establecimiento: todo contribuye para sentirse a gusto y acompañado.
Finalmente, si el viajero fue a pasar el día no es difícil volver: el camino transcurre casi enteramente por autopista. Y si quiere quedarse a dormir, podrá bañarse y hasta dormitar un rato antes de cenar las pastas, el cordero o el lechón y guardarse en la cama, irremediablemente.
Datos útiles
Para tomar nota
Lugar: Escalada, cerca de Campana. Distancia aproximada: 95 km. Reservas por el 4765-4320 o al 154992-8828. Abre todo el año. www.estancialosdoshermanos.com
A rienda suelta
Día de campo $ 70
Incluye desayuno, cabalgata, copetín, asado y té con bebidas. El pernocte más la cena y el desayuno del siguiente día suman 70 pesos más. Se puede también hacer una cabalgata guiada de todo el día y almorzar en el campo. los menores de cuatro años no pagan y los de ocho abonan la mitad. Hay descuentos por grupo familiar.
Para dormir, el establecimiento cuenta con tres dormitorios con dos baños más cinco cabañas y una cuadra para 25 personas. Salvo en la cuadra cuyos precios son a convenir, el resto de las plazas tiene servicio de mucama.
Comidas
Fiambres caseros, empanadas, asado, té con buñuelos y tortas fritas, pastas, lechón, cordero, asado, vacío, etc.



