Los rusos son fieles a sus tradiciones en un barrio neoyorquino
Gorros de piel y vodka en Brighton Beach
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NUEVA YORK (El Mercurio, de Santiago).- Brighton Beach es como San Petersburgo, pero en vez del río Neva tiene al océano Atlántico. Y en lugar de las construcciones barrocas que caracterizan a la más europea de las ciudades rusas, Brighton Beach posee viejos edificios de ladrillos, uno tras otro.
Brighton Beach es un barrio. El barrio ruso de Nueva York. O, mejor dicho, el sector soviético. Tiene una alta población de viejos que no salen a las frías calles sin esos enormes gorros de piel. Y los letreros de todas sus tiendas, desde las coloridas verdulerías hasta las aptekas (farmacias), están escritos en alfabeto cirílico.
"Antes éramos más unidos. Ahora, la gente ha emigrado a otros Estados. Además, conseguir visas hoy no es tan fácil", comenta Eric.
Eric no se llama Eric. Es el nombre que se puso cuando por tercera vez le preguntamos "¿¡Cómo?!"
"Da lo mismo. Eric, llámenme Eric."
El es dueño de Oksamit, una de las varias botillerías que hay por estos lados y que, al igual que el resto del comercio, se emplaza en la calle principal, la Brighton Beach Avenue.
Eric es de Ucrania y hace 24 años que está en Estados Unidos. ¿Por qué en Brighton Beach?
Idioma extanjero
"Aquí, si no sabes inglés no tienes problemas. Es como estar en casa. Todos nos entendemos en ruso. Además, hay diarios en ruso hechos acá, comida rusa y mucho vodka."
Son casi las 11 de la mañana y el frío sencillamente no tiene perdón. A él se suma una gélida brisa marina que termina por vencer a cualquier vejiga. Eso, claro, sólo en invierno. Porque durante el verano, este sector y su vecina Coney Island se transforman en balnearios, con sus arenas doradas llenas de bañistas que también se lucen por el paseo peatonal de cuatro kilómetros que une a ambas localidades.
Pero es sin duda en invierno cuando más se disfruta esta Rusia norteamericana. Después de todo, ¿qué es un ruso sin su gorro de piel y sin uno o dos vodkas en el cuerpo?
En invierno, por su paseo peatonal de madera, paralelo al mar, se aventuran sólo los más intrépidos. Como Gulnara, de 55 años, y su nieto Marcel, de dos años y medio.
"Me vine de Ucrania hace 18 años para darles mejores posibilidades a mis hijos. Marcel es americano. Claro que entiende ruso y sólo muy poco de inglés. Mas, encima, el pobrecito tiene una niñera armenia" y la cara de Gulnara desaparece en el vaho que larga al reír.
De mangas cortas
"¿Frío? ¿Crees que esto es frío? De donde yo vengo hace frío, ése sí que es frío. Acá conocí la ropa de telas delgadas y de manga corta".
No es la única valiente (o desquiciada). Poco más allá está la plaza encementada Brighton Playground. Y aunque seguramente no hay más de tres grados, los niños aprovechan los juegos infantiles mientras sus madres conversan animadamente sentadas sobre banquetas de cemento.
Cerca, numerosos viejos desafían prematuramente a agosto y juegan ajedrez y dominó con toda calma. Como si no dolieran los dedos. Como si no goteara la nariz.
"Yo llegué hace ocho años, y siempre que puedo, vengo a jugar basquetbol. En Rusia yo era deportista, -comenta Ian, con 65 años-. Tengo acá a toda mi familia, incluso tengo nietos americanos. Amo Estados Unidos, su educación, su libertad, el país. No extraño nada. ¿De dónde son ustedes?"
"De Chile, Sudamérica."
-¡Ah, Chile! Pinochet. Y también Allende, amigo de la Unión Soviética." Comentario similar hace el ucranio Mikhail Raclovilsky. El, como la mayoría de los habitantes de Brighton Beach, no resiste su curiosidad ante el prominente lente fotográfico. Habla en un inglés difícil y, aunque el aliento no lo delata -una de las gracias del vodka-, sus ojos y actitud sí lo acusan.
"¡De Chile! Yo me acuerdo de Chile por Pinochet. Sé que hoy hay democracia. A mí me gusta la democracia, como acá. Me gusta Brighton Beach porque es tranquilo, amigable, limpio, y todos nos entendemos."
Datos útiles
Cómo llegar
Desde Manhattan hay que tomar la línea Q del metro y bajarse en la estación Brighton Beach. Lo mejor es tomar el metro express (la letra Q va inserta en un rombo), ya que hace pocas paradas y demora poco menos de 45 minutos. Para ir a Coney Island, puede tomar la misma línea Q y bajarse en la estación Coney Island Stillwell Av o ir caminando (entre diez y quince minutos).
Dónde comer
En Brighton Beach hay restaurantes y clubes nocturnos bastante conocidos, como Restoran National, Odessa y el Café Tatiana, donde a la noche hay shows y se ve a los rusos bailando y cantando.
Parada obligada es la megatienda M & I International Foods, en Brighton Beach Avenue. Hay desde delikatessen y pletzel (especie de panqueque o pan muy delgado de cebolla, que en algo recuerda a la focaccia italiana) hasta aguas minerales, cervezas y versiones rusas de gaseosas.
Paseos
- Dar una vuelta por la Parikmakherskaya. Es una barbería antigua que conserva todo en el tiempo, incluso a su barbero, el parco Syoma, oriundo de Minsk (Brighton 2nd St con Brighton Beach Avenue).
- La tienda Amazing Flowers tiene muñecas de todo tipo. La más notable es una grande, de una niñita con elegante traje y abrigo de terciopelo verde y ribetes de plumas blancas; guantes y distinguido peinado. Imposible no acordarse de Anastasia Romanov (Brighton Beach, Av. y 5 th St).
En Internet
www.brightonbeachave.com
www.brooklyn-usa.org/neighborhoods/brighton.htm
Una mirada al pasado
NUEVA YORK.- Hace poco más de un siglo, Brighton Beach -o Pequeña Odessa, como la película del mismo nombre que se filmó acá en 1994- era una elegante playa a la que llegaban en tren los habitantes adinerados de Manhattan, para pasar unos días en enormes hoteles victorianos a orillas del mar y disfrutar de los elegantes casinos y del hipódromo.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el área fue olvidada hasta que en los años 70 y 80 llegaron hordas de inmigrantes soviéticos que, en su estilo, le dieron vida y color a Brighton Beach.
En los últimos 25 años, alrededor de 150 mil soviéticos han hecho de este lugar su casa, resucitando a este barrio olvidado de Nueva York, conocido en su peor momento como el Miami Beach de los retirados pobretones . Brighton Beach es un retroceso de veinte o treinta años en la historia. La oportunidad única de visitar aspectos de un país que ya no existe más, la Unión Soviética en su versión americana.

