Museo Rocsen, el sueño cumplido de un coleccionista francés
Funciona en las cercanías de Nono, en medio de las sierras cordobesas
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CORDOBA.- Es un auténtico personaje. El francés Juan Santiago Bouchon fue desde pequeño un idealista y por cierto que no ha cambiado. Basta verlo con el sencillo orgullo con que posa para la foto, parado frente al más grande de sus sueños: el Museo Polifacético Rocsen. "Siempre - explica- tuve vocación de coleccionista. Cuando tenía 3 años mi madre me cosía los bolsillos porque los llenaba con todas las cosas que me interesaban: piedras, insectos y raíces." Bouchon nació en Niza y mientras escarbaba en el anfiteatro Cimiez tuvo su primer hallazgo: un soldadito romano de barro cocido de hace dos mil años. La suerte no lo abandonó y, jugando en una playa de Normandía, descubrió los primeros fósiles de su vida. De allí en más supo que la investigación y el estudio lo conducirían a su meta final: fundar un museo polifacético en el que el hombre fuera su protagonista.
Manos a la obra
Después de sufrir las penurias de la Segunda Guerra Mundial, estudió Antropología y Bellas Artes en París y, con 23 contenedores con ocho mil kilos de objetos, llegó a la Argentina el 31 de diciembre de 1950. Poco después encontró definitivamente su lugar en el mundo: se radicó en las afueras de Nono, un pueblito cordobés en el valle de Traslasierra, envuelto -como Bouchon- por la historia.
Santiago Bouchon puso manos a la obra y el 6 de enero de 1969 terminó de construir los primeros 100 m2 del sueño de su vida. Hoy su museo -reconocido internacionalmente- tiene 1530 m2 y es un orgullo para nuestro país. El, su familia y un asistente atienden el museo todo el año, desde las 9 hasta que se pone el sol.
La construcción del pórtico le llevó ocho años y tiene 49 estatuas modeladas por él mismo. Son todos personajes de la historia que representan la evolución del pensamiento. El primero de la hilera es un Africanus de cinco millones de años; en el centro se encuentra la figura de Cristo y, en el extremo opuesto cerrando esa saga (con Pitágoras, Platón, San Francisco de Asís, Mahatma Gandhi y la Madre Teresa, entre otros), el gran pacifista Martin Luther King.
El nombre de Rocsen proviene de una propiedad de su familia construida en el siglo XII y significa roca santa en lengua celta. Y, como Bouchon afirma que "la gente se aburre en los museos monotemáticos", decidió diversificar el suyo, cambiando los temas de cada sala. El museo de este francés obstinado ya acumula más de 16.000 piezas y, en el catálogo de las guías internacionales de la especialidad figura, como un cuatro estrellas, un equivalente a No dejar de visitar . El Rocsen forma parte de una asociación que agrupa 17.000 museos de todo el mundo. Allí en su cuartel de las sierras funciona también el taller, un laboratorio y el depósito de las p“ezas que esperan turno para pasar a integrar el museo.
Siete salas encierran este mundo bajo techo y acondicionado para mostrar desde la evolución de la Tierra hasta modernas maquinarias hijas de la Revolución Industrial. Todo el material está clasificado en 56 temas codificados que permiten ver lo físico, lo químico y lo inorgánico en un paseo por la biología, lo que ha creado el hombre, y diversos rincones que reproducen hábitat como los Rincones Criollos (con sus distintos niveles socioeconómicos), el Rincón Europeo, etcétera.
Entre las piezas más destacadas hay copas de cristal del siglo XV; un caballo tibetano de barro cocido de más de mil años de antigüedad; una talla de Carlomagno en nogal policromado del siglo XV y lacrimatorios del 200 d.C., en los que los primeros cristianos ofrecían sus lágrimas a Cristo, recolectándolas en estos recipientes.
¿Qué secreto encierra Juan Bouchon para la obtención de esta diversidad de piezas? En realidad, ninguno. Bouchon se nutre con sus propias investigaciones, realiza intercambios y recibe algunas donaciones.
Ya han visitado el museo más de 130.000 estudiantes de los tres niveles educativos sin pagar un centavo: "No quiero interponer el dinero en mi relación con los chicos", explica. Respetado y admirado por toda la comunidad de Nono por lo que representa su obra, nos acompaña para despedirnos hasta el frente del edificio y debajo de ese pórtico poblado por figuras de pensadores y pacifistas, desprende su última reflexión: "Para solucionar los problemas entre los seres humanos, creo en el amor, la paz y la cultura".
Datos para no perderse
Es muy fácil llegar al Museo Rocsen desde Nono. Son sólo 5 km y hay carteles indicadores.
Funciona todo el año, desde las 9 hasta la puesta del sol. Cuenta con una tienda de venta de artesanías en piedra, servicio de bar y telefonía pública. Hay una gran variedad de información:folletos, videos y postales;(03544) 498218-498065.
En Internet
http://www.museorocsen.org E-mail: museorocsen@vdolores.com.ar

