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¿Sólo apto para hinchas? Error. Hay que prepararse para vivir una experiencia didáctica de amplio alcance, que tiene como escenario el estadio do Pacaembú, que data de 1940. El museo abrió hace tres años y es, por empezar, inmenso, a la medida del espíritu de los brasileños. Son siete mil metros cuadrados repartidos en tres niveles: una planta baja (con Auditorio, sala de exposiciones, boletería, accesos y cafetería), y dos plantas superiores donde se despliegan los contenidos de la Sala das Origens y la Sala dos Heróis, más un espacio lúdico. Al final del recorrido el visitante puede darse el gusto de patear una pelota y probar la velocidad de su tiro.
Destellos históricos
Fue Charles Miller quien, en 1894, llevó el fútbol a Brasil. De padre inglés llegado con el ferrocarril, le tocó ir a Inglaterra cuando tenía nueve años. Allí conoció el fútbol moderno, se hizo jugador y a su regreso a la patria de adopción ?tenía 19 años? lo enseñó a los miembros de la alta sociedad. Se armaron equipos y se comenzó a jugar en público. La gente del pueblo debía conformarse con mirar trepada en los paredones. La esclavitud había sido abolida en 1888, pero recién en 1923 pudo entrar en escena un jugador negro.
El primer crack brasileño fue Arthur Friedenreich, hijo de una brasileña y un alemán. Arthur, que había heredado la estampa aria y la piel africana, debía empolvarse de blanco para no parecer taaan negro, por expreso mandado de los directores. Luego se convirtió en referí, a despecho del racismo.
Hay una sala en la que se proyecta un video con los personajes que forjaron la identidad brasileña. Entre otros, desfilan ante la mirada de los visitantes el presidente Getúlio Vargas, que inauguró el estadio de São Paulo; Niemeyer, Portinari, Di Cavalcanti, Sergio Buarque, Carlos Drummond, Nelson Rodriguez, Jorge Amado, Pixinguinha, Noel Rosa, Carmen Miranda, y los "inventores" del fútbol-arte Leônidas da Silva y Domingos da Guia.
Esta sala, se vincula a su vez, con la que proyecta la derrota de los 50 de Brasil frente a Uruguay en el estadio de Maracaná, el más grande del país (ahora en refacción con miras al 2014). Fue de luto y llanto, como muestra el video con un suspenso a ritmo de latido de corazón. Por tres años Brasil dejó de jugar fútbol y cuando decidió que era hora de volver al campo de juego, no quiso hacerlo con la camiseta blanca porque era de mala suerte y adoptó el color amarillo.
Para compensar los efectos de una tristeza que contagia al más refractario de los espíritus frente a estos golpes bajos muy bien dados, lo que sigue es una efemérides de las copas del mundo desde 1930 hasta 2010, cada una ubicada en su época con la música, datos culturales y políticos correspondientes.
Un símbolo: la camiseta que Pelé vistió en el partido de 1970, Brasil versus Italia, un partido jugado en el estadio Azteca, del DF, y ganado por Brasil. Ese triunfo abrió el camino para el tricampeonato. La camiseta fue subastada y se pagó por ella 420 mil reales. Pelé se la entregó a su entrenador Salgado, y éste la hizo rematar en 2007 en Christie?s. La compró un brasileño millonario, escondido detrás del falso nombre de Joaquim Pedro. El museo tiene la camiseta que todos pueden ver, bien resguardada en una vitrina, en concesión por diez años.
Esta historia tiene su lado oscuro. En ese partido Brasil-Italia, ambos estaban parejos para ganar la copa. Tres kilos ochocientos de oro puro. El vencedor se la llevaría, físicamente hablando, y así ocurrió: Brasil ganó y la recibió el capitán del equipo, Carlos Alberto Torres. La copa fue guardada en la sede de la Confederación de Fútbol (la AFA de Brasil) y cuyo presidente actual es, desde hace más de 20 años, Ricardo Texeira. La copa, misteriosamente desapareció, fue robada antes de la presidencia de Texeira; el escándalo fue mayúsculo, pero de la copa ni rastros. Se presume que se fundió para ser vendida como metal.
Personajes y momentos
Hay un recinto dedicado en exclusiva a Pelé y a Garrincha, dos grandes igualados en su grandeza como artistas del fútbol pero absolutamente disímiles en sus modos de jugar? y de vivir.
En la sala contigua las visitas se muestran muy contentas y no porque estén viendo otro histórico triunfalismo brasileño, no. Sólo se entretienen con las entrevistas realizadas a las madres de los árbitros, las más vituperadas en los partidos de fútbol. "Soy una mujer decente", dice una, "y mi hijo tiene un solo padre".
Metegoles, descripción ilustrada de las jugadas que componen el juego, "islas" facetadas en forma de pelotas con videos de cada tipo de jugada, una sala lúdica, el fútbol virtual, showmovie con patada real del visitante y su consiguiente retrato, fotos históricas del estadio y colorín colorado, este "viaje" se ha terminado.
Arrancó bien, con la muestra de fotografías de todos los clubes del país (una joya: el gol número cien de Pelé en el estadio Maracaná el 19 de noviembre de 1969), y las obras de las muestras que merecen atención aparte. Pero antes del largo y sinuoso pasaje aquí detallado en parte, sucede un rito iniciático: el visitante es conducido al nivel de los cimientos del estadio, donde la atmósfera es umbría y huele a humedad terrenal. Entre los pilares enterrados que se elevan como columnas de una catedral, un video sonorizado de 17? y 22" proyecta mega imágenes de las 30 mayores "torcidas" (hinchadas) del fútbol brasileño, de 1», 2», 3» y 4» división. Es ensordecedor, y no es como estar ahí.
Más info: Estadio Paulo Machado de Carvalho Pacaembu
Entrada por la Praça Charles Miller
T: 11 3664-3848
www.museodofutebol.org.br
No prescindan de la inestimable guía que el museo ofrece. Los jóvenes a cargo de esa tarea no son guías convencionales. Por empezar se los llama educadores y cada uno tiene una especialidad: historia, medios audiovisuales, etcétera.
El museo está preparado para ciegos.Los jueves elingreso es gratuito.Recorrido guiado, sólo con previa reserva, T: 11 3661-2273, de lunes a viernes de 9 a 13.
Por Rossana Acquasanta. Nota publicada en revista Lugares 195.

