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¿Bolso o valija? Bolso. Ropa por si hace calor, por si hace frío y las cosas que siempre llevo y nunca uso. Por último, un buen libro. A San Antonio de Areco cargo un ejemplar destartalado y amarillento de Don Segundo Sombra. Y les aseguro que leer in situ la elegía del gaucho de Güiraldes resignifica el viaje.
Llegar a las dos de la tarde y con hambre puede ser un problema: la siesta es obligada y está todo cerrado. La puerta abierta del Almacén de Ramos Generales nos sorprende gratamente. Conejo al verdeo con papitas doradas es más de lo que esperábamos. "Nuestra especialidad es la comida casera de sabor simple y la buena parrilla", cuenta el dueño, Juan Aldasoro y también nos recomienda visitar La Antigua Sodería, la casa de té de Gillian Morquin, su esposa. Ahora sí, con el primer consejo anotado y la panza llena, salimos a conocer el pueblo.
Las calles de Areco son limpias y están llenas de naranjos. Como en todos los pueblos, los saludos se cruzan de vereda a vereda y se sabe donde viven los Ramírez, los Aldao y los Passaglia. Todos se conocen. Así llegamos a Antigua Casona, preguntando. Se trata de una vieja construcción de 1897 que fue totalmente reciclada como bed and breakfast para hospedar visitantes en tres amplias y luminosas habitaciones dobles que dan a una galería.
Areco es conocido por el trabajo de los artesanos y en especial, el de los plateros. Juan José Draghi atesora en su museo y taller una de las más preciadas colecciones de platería criolla. Sus hijos, Mariano y Patricio, heredaron el oficio. Gustavo Stagnaro, otro reconocido platero, tiene su taller en una esquina sin ochava (Arellano y Matheu). Después de casi 30 años en el rubro, explica el secreto: "Un buen platero debe limar y lijar durante los primeros cuatro años para adquirir la paciencia que requieren las piezas con 60 soldaduras", resume.
El sol del mediodía nos sorprendió buscando un lugar llamado Montepío. Planeábamos una visita rápida, pero nos llevamos una sorpresa. Montepío es un enorme galpón repleto de antigüedades que conviven en un desorden ordenado: un vestido de novia deshilachado cuelga del techo cual fantasma, una ventana de 1800 espera que alguien se la lleve y una pava que no se vende porque le tienen cariño. El creador del paisaje es Oscar "Cartucho" Lascano que además fabrica muebles artesanales. Montepío es una mezcla de anticuario y casa de remate con lugar de encuentro.
Quienes lleguen a Areco en busca de verde, tienen que pasar por Don Cleofe, diez hectáreas de campo a sólo diez cuadras del casco histórico. Ofrece siete sencillas pero bonitas habitaciones con precios accesibles y el fin de semana abre el restaurante de comida casera. La perlita de Don Cleofe es una prolija estructura de madera donde descansan 200 palomas mensajeras.
Si prefiere descansar en un ambiente más cosmopolita, no pase por alto el nuevo Patio de Moreno, el nuevo hotel de la cadena NA Town & Country que combina el pasado y el presente al fusionar la calidez pueblerina con el diseño y la comodidad. Dolores Passaglia, la dueña, tuvo en cuenta la identidad de Areco cuando pensó su emprendimiento.
No se vaya de Areco sin antes recorrer los típicos bares y pulperías del pueblo porque ahí encontrará a los personajes del pueblo y sus historias. En la pared de Los principios cuelga una foto de Segundo Ramírez acodado en la barra, el personaje del libro que dejé en el bolso y que fue −junto con el mapa− la mejor guía turística del viaje.
Por Ana Clara Pérez Cotten
Fotos de Isabela Fontán
Publicado en Revista LUGARES 137. Septiembre 2007.




