Santorini, la isla de punta en blanco
A pesar de haber sufrido dos violentos terremotos, su capital, Fira, es uno de los pueblos más bellos del mundo
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FIRA, Santorini.- Parece mentira que un cataclismo volcánico haya dado origen a esta belleza de 80 kilómetros cuadrados, expulsada de su propia caldera. Fira se parece al pueblo blanco al que le cantó Joan Manuel Serrat. La capital de la isla de Santorini vive colgada de un barranco que tiene forma de media luna y sus casas pintadas a la cal bajan por la ladera del enorme cráter volcánico, como una cascada blanca que mira al mar.
Igual que en el pueblo blanco de la canción, mucha de la gente que vive o llega hasta allí lo hace desde la costa del mar Egeo, trepando por la empinada ladera, montada en mansas mulas.
¿Uno de los lugares más bellos de la Tierra? Es probable. A pesar de que dos violentos terremotos la devastaron una y otra vez, la capital de Santorini ha renacido, embelleciéndose más y más como para desafiar el infortunio.
Al pie del profundo despeñadero de casi 400 metros se encuentra el pequeño puerto pesquero de Skalá Firón, con playitas de guijarro rojo. Mirando a Fira desde la bahía, uno recuerda cuántas veces ha sido mencionada Santorini como el mítico e insondable reino perdido de la Atlántida.
De arenas negras
De todas las islas Cícladas, Santorini es la más visitada. Si bien no hay registros precisos de cuántos turistas pasan por ella, a juzgar por lo visto son miles y miles. Fira es, junto con la pequeña villa de Oia, uno de los lugares más recorridos por el turismo que llega a Grecia. Del otro lado, digamos en su contrafrente, se encuentran Persia y Kamari, las dos playas de arena negra más visitadas.
Las angostas y retorcidas callecitas empedradas que suben y bajan están colmadas de negocios, casas, iglesias, restaurantes, hoteles y confiterías, que forman un enmarañado entramado de niveles; el techo de una es el patio o la terraza de otra. Todo comenzó con aquel terrible cataclismo que en el siglo XIV a.C., cuando el volcán Santorini entró en erupción, provocó con su maremoto la devastación de la Creta minoica.
Desde el borde del cráter, esta villa que parece de juguete les ha dado vida a una sucesión de cafés y restaurantes. Abajo están, como semillas sembradas sobre el agua, las tres islas que emergieron de aquel infierno volcánico: Nea Kameni, Palea Kameni y la pequeña Aspro Nisi.
Con el dorado del atardecer, las casas de Fira, blancas como la pulpa del coco, se tiñen de rosa. Si se llega en crucero, hay distintas posibilidades para subir hasta el casco urbano: en mula o a pie, haciendo frente a los 586 escalones de un estrecho camino; en teleférico, o en ómnibus.
Casi toda la ciudad es peatonal. La iglesia de Agios Minas (del siglo XVIII), con la cúpula azul y el campanario blanco, es el símbolo arquitectónico de esta isla de casi 54.000 habitantes (la mayoría vive del turismo y el comercio).
Frente a la estación del teleférico está el Museo Arqueológico, enriquecido por piezas muy antiguas, como una colección de vasos áticos del siglo VI a.C. El segundo museo de Santorini es el Megaro, en una lujosa mansión del siglo XVII, con manuscritos, mapas, cuadros y fotografías de Fira antes y después del terremoto de 1956.
Al partir de Santorini, lo mejor será no mirar atrás. A menos que se tenga la seguridad de volver a ver este paraíso pintado de blanco.
Erupción
El Santorini es uno de los grandes volcanes que integran el llamado arco del sudeste Egeo. En 1450 a.C., una violenta erupción inició la transformación de la geografía actual, partiendo en dos la isla. Las nubes de ceniza cubrieron varios kilómetros, y se formó un cráter de 22 kilómetros cuadrados. El maremoto destruyó por completo la Creta minoica. Con los años, erupciones posteriores dieron origen a tres pequeñas islas, visibles desde la cornisa del acantilado.
Datos útiles
Cómo llegar
En avión US$ 1110
Bs.As.-Atenas por KLM, de ida y vuelta, sin impuestos.
Desde Atenas, los ferries hasta Santorini cuestan aproximadamente unos 20 euros por tramo.
Alojamiento
Hay hoteles de cuatro estrellas por aproximadamente 120 euros; tres estrellas, por 80, y hosterías, alrededor de 40 euros.
Gastronomía
Para comer en un restaurante hay que calcular entre 10 y 30 euros por persona.



