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Unos 12 km al sur de La Paya, se llega al de Seclantás, rodeado por las cordilleras de El Churcal y Brealito. Es el único pueblo del valle ubicado sobre la margen este del río Calchaquí, y también el único que se sumó a las luchas por la independencia a principios del siglo XIX.
Casi todo se desarrolla en torno a la calle principal, con casas con frescas galerías, techos de caña cubiertos con tortas de barro y frentes impecables que durante el mes de julio honran a la patrona del lugar.
La plaza se distingue por lo exótica, con altas palmeras y coníferas. La Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, construida en 1835, mezcla el estilo cuzqueño con detalles florentinos y muestra imágenes populares. Vale la pena subir la loma hasta el cementerio; no sólo se consigue una buena vista, sino que se podrá ver la capilla mausoleo de la familia Díaz Olmos, construida en 1885 y declarada Monumento Histórico Nacional. Está sobreelevada en un lugar preferencial, y decorada con técnica florentina y pinturas naïf. Otro buen punto panorámico es el cerro del Vía Crucis.
El camino de los artesanos
Seclantás se conoce como la Cuna del Poncho Salteño gracias a sus artesanos teleros, que abren las puertas de sus casas para mostrar su trabajo en vivo. Sin embargo, el mejor lugar para ver a los teleros en acción es el llamado Camino de los artesanos. Se trata de una calle ?una ruta paralela a la RN40 que comienza en El Colte y termina en Seclantás.
Va por la margen este del río Calchaquí, y a lo largo de ella se puede visitar una veintena de casas/talleres de adobe y techo de paja donde trabajan los tejedores más reconocidos de la provincia. Allí está todavía el Tero Guzmán, famoso por ser el ponchero de Los Chalchaleros, y otros reconocidos artistas como Elpidio Gonza y Eduardo y Esther Choque. La materia prima para tapices, fajas y ponchos es la lana de llamas, ovejas y, muy ocasionalmente, vicuñas. La elaboración de un poncho salteño demanda como mínimo unos quince días.
El Churcal
Siguiendo hacia el sur por la ruta que bordea el río Calchaquí, se puede visitar este sitio arqueológico de la cultura santamariana y churcal, que data aproximadamente de los años entre 1100 y 1300. Se encontraron más de 500 recintos habitacionales, sitios funerarios y basurales. No hay ninguna infraestructura turística en el lugar.
Muy cerca se emplazaba la histórica finca El Churcal, que perteneció a Balbín Díaz, un importante estanciero salteño de principios del siglo XX. Unas décadas más tarde, Cañizares, un pequeño productor de pimentón de Seclantás, aceptó los adelantos de La Virginia para convertirse en productor de pimentón para moler, y compró la propiedad.
Cañizares había conocido en Mendoza un sistema hidráulico de molienda e intentó copiarlo, trayendo agua del río Calchaquí. Invirtió fortunas en canales y una moderna planta de molienda que nunca funcionó, y murió en la pobreza absoluta en la década del ?80.
Resulta interesante visitar las ruinas de El Churcal conociendo esta historia, pues si bien la parte de adobe está prácticamente destruida, el molino de piedra permanece inútilmente en pie.
Fernando Gamarra
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