Cinco tesoros arqueológicos para viajar al Imperio Romano

En Italia, claro, pero también en España, Israel y Marruecos, algunas de las ruinas mejor conservadas que permiten aproximarse a cómo se vivía dos milenios atrás
En Italia, claro, pero también en España, Israel y Marruecos, algunas de las ruinas mejor conservadas que permiten aproximarse a cómo se vivía dos milenios atrás
Pierre Dumas
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25 de noviembre de 2018  

1. Pompeya, Italia: bajo el volcán

Pasaron dos milenios y sigue siendo noticia. Entre octubre y noviembre de este año se anunció el hallazgo de un "jardín encantado", santuario desbordante de decoraciones y dedicado al culto a los lares; se descubrió una inscripción en carbonilla que cambiaría la datación de la gran erupción del Vesubio del año 79 d.C. (trasladándola de agosto a octubre); y se encontró un fresco de Leda y el cisne de increíbles matices y expresividad.

Pompeya, la ciudad destruida bajo las cenizas y la lava junto a la vecina Herculano, sigue siendo una fuente inagotable de sorpresas e información sobre la vida en los comienzos de nuestra era.

Esta maravilla empezó a ser recuperada por los arqueólogos a mediados del siglo XVIII: y aunque en principio se creyó que se trataba de las ruinas de la antigua Stabia, el hallazgo de una inscripción sobre la Res Publica Pompeianorum puso a los investigadores sobre la pista correcta. En el siglo XIX, Pompeya se convirtió en un hito ineludible del Grand Tour, aquellas giras de los jóvenes aristócratas europeos, base del turismo moderno.

Ni siquiera su valor extraordinario la salvaría de los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy es una de las excursiones más elegidas por los turistas desde Nápoles, a veces en combinación con Herculano y la subida al Vesubio. Pompeya merece un día para ella sola (aunque no alcanza) por la increíble riqueza de las ruinas: el foro, los templos, el teatro, el prostíbulo, las termas... no falta nada.

Al parque arqueológico de Pompeya se llega en tren con la línea Circumvesuviana desde Nápoles, bajando en la estación Pompei-Scavi-Villa dei Misteri. Entrada, 15 euros (18 si se incluyen Herculano, Stabia y otros yacimientos). De 8.30 a 19.30 de abril a octubre; de noviembre a marzo hasta las 17. pompei.info@beniculturali.it.

2. Glanum, Francia: dormida en la Provenza

En la Provenza, Glanum durmió siglos bajo una capa de escombros
En la Provenza, Glanum durmió siglos bajo una capa de escombros

Los antiguos romanos llevaron su civilización y su ingeniería civil a todo el Mediterráneo, incluida la Provenza. Pero no fueron los primeros en llegar al sur de Francia. Además de los celtas los precedieron los griegos, que fundaron ciudades como Masilia, la actual Marsella. Y Glanon, en el corazón de las garrigues (el nombre local del monte).

Esa pequeña ciudad fue romanizada recién durante el siglo I a.C. y fue rebautizada Glanum. Conoció su apogeo bajo el emperador Augusto, cuando se extendía por todo un valle y ocupaba una superficie mucho mayor al sitio que se visita actualmente.Como Pompeya, Glanum durmió durante siglos bajo una gruesa capa de escombros y tierra. Pero no fue sepultada por un volcán sino por la furia de los hombres: la destruyeron invasores bárbaros hacia el año 270 y sus habitantes la abandonaron.

Olvidada durante siglos, las piedras talladas de sus casas sirvieron de canteras para construir iglesias vecinas, como la de Saint-Rémy-de-Provence, durante la Edad Media.Las calles, los pisos y las bases de las construcciones fueron protegidas bajo tierra y los arqueólogos los hicieron renacer para que podamos caminar por el foro, pasar delante de templos y "entrar" en las casas.

Glanum tenía un sistema de conducción de agua potable, canalizaciones con tubos de plomo, templos, baños termales, pluviales y cloacas. Las termas, sobre todo, hicieron su fortuna. Captaban las aguas de una fuente que los celtas habían dedicado a una divinidad llamada Glanis y curaron a muchos veteranos de las legiones de César y a Agrippa, el VIP de la época.Pero el verdadero milagro de Glanum es una pareja de monumentos, fuera del recinto de las ruinas. En la Provenza se los conoce como Les Antiques, los Antiguos: un arco de triunfo y un cenotafio en memoria de los nietos de Augusto. En perfecto estado de conservación como si tuviesen 20 años y no 2000.

Se accede al sitio desde el pueblo de Saint-Rémy-de-Provence (a 25 kilómetros de Arles y 25 de Aviñón). Hasta marzo abre de martes a domingo, de 10 a 17. Y el resto del año todos los días de 9.30 a 18. Entrada, 8 euros; gratis, primer domingo de mes entre noviembre y marzo. Los Antiguos están al borde de la ruta y se pueden ver sin pagar. www.site-glanum.fr

3. Beit She'an, Israel: al oeste del río Jordán

Beut She an fue una gran urbe con anchas avenidas, teatros y termas
Beut She an fue una gran urbe con anchas avenidas, teatros y termas

El pasado bíblico de la Tierra Santa relega muchas veces las realidades históricas a un segundo plano. Sin embargo, al norte de los Territorios Palestinos, en el valle del pequeño río Nahal Harod en Galilea, se encuentra una de las ciudades mejor conservadas del mundo romano antiguo.

En las Escrituras y en textos de autores como Ptolomeo y Plinio el Viejo fue nombrada como parte de la Decápolis, una alianza de diez ciudades de origen griego. En aquellos tiempos era Escitópolis, la única de las diez al oeste del río Jordán. Con la llegada de los romanos, Beit She'an creció exponencialmente y se convirtió en una gran urbe con anchas avenidas, teatros y baños termales.

Muchos de estos monumentos quedaron en pie, las calles conservaron buena parte de su pavimento original y, en los pisos de las casas, perduraron increíbles mosaicos. Alrededor del escenario, las gradas del teatro pueden recibir hoy como hace dos milenios a 7000 personas y todavía podrían usarse los baños públicos, si las costumbres actuales fuesen tan poco pudorosas como eran las de los antiguos.

No hay que desperdiciar la visita de Beit She'an sin un guía porque las ruinas son como un libro de historia gran abierto, pero hace falta quien ayude a leerlo durante el recorrido. Aquí el Cardo (la avenida principal); allá las columnatas de una recova (era una calle comercial); y atrás el tell. La mirada no descansa ni un minuto. Y sin explicaciones, la pequeña colina nunca revelaría sus secretos. Un tell es montículo, donde se superponen siglos y siglos de vestigios de asentamientos de distintas épocas históricas. Son típicos de los sitios arqueológicos de Israel y Medio Oriente.

En Beit She'an fue ocupado desde la Edad del Bronce hasta la época de los Cruzadas. Las piezas encontradas en este asentamiento varias veces milenario están en el museo Rockefeller de Jerusalén.

El sitio queda en las afueras de la moderna Beit She'an, en Galilea. Abre de 8 a 16 de domingo a jueves y hasta las 15 o 13 los viernes y en vísperas de festividades. La entrada cuesta AR$270. www.parks.org.il5Volubilis,

4. Segóbriga, España: la reina del espejuelo

En Segóbriga se conserva un gran anfiteatro
En Segóbriga se conserva un gran anfiteatro

Cada país por donde anduvieron las legiones de César quiere enorgullecerse de tener su propia Pompeya. España no es menos. Sus principales ruinas romanas no están sobre las orillas del Mediterráneo sino en la llanura manchega. En este marco rural, alguna vez encrucijada entre varios caminos romanos, cobró importancia un pequeño asentamiento celtibérico que, una vez conquistado por Roma, serviría de avanzada sobre el resto de la península.

"Ubicación, ubicación, ubicación" era, al parecer, una máxima válida ya en la antigua Europa. Pero además Segóbriga era rica en espejuelo, o lapis specularis, un mineral traslúcido muy apreciado porque fue el precursor de los modernos vidrios en las ventanas. Las minas de espejuelo se administraban desde Segóbriga, que así floreció comercial y culturalmente hasta alcanzar las notables dimensiones que permite adivinar su Parque Arqueológico.

Plinio el Viejo es una de las fuentes que permiten conocer su importancia: en su Historia Natural asegura que Segóbriga era caput Celtiberiae y se refiere a la explotación del yeso traslúcido que hizo su riqueza. La particularidad es que todo quedó fijado en el tiempo, y no por obra de un volcán sino por el abandono.

En el parque arqueológico se conservan un anfiteatro, el teatro romano donde aún se realizan representaciones de obras clásicas, restos de los templos, mercados y las termas públicas, entre otros testimonios de la vida cotidiana en la periferia del Imperio Romano. En el ingreso un Centro de Interpretación permite conocer más sobre la historia del lugar, donde también se organizan visitas guiadas.

Parque Arqueológico de Segóbriga: CM-310, S/N, 16430 Saelices, Cuenca. Entrada: 5 euros. De martes a domingo de 10 a 18, último acceso a las 17. E-mail: segobriga@dipucuenca.es.

5. Volubilis, Marruecos: el capítulo africano

La influencia romana se extendió al otro lado del Mediterráneo o "Mare Nostrum"
La influencia romana se extendió al otro lado del Mediterráneo o "Mare Nostrum"

La influencia romana sobre el Mare Nostrum -ese Mediterráneo que consideraban como propio- se extendió también sobre las orillas del norte de África, donde fundaron numerosas ciudades a las que transmitieron su civilización y su idioma.En Marruecos, a 70 kilómetros de Fez, se encuentra uno de los mejores testimonios de la presencia romana en el Magreb: Volubilis.

Capital del antiguo reino de Mauritania, cuando se convirtió en territorio romano se rodeó de una muralla y se convirtió en un importante centro de producción de trigo, de cría de animales para los circos y de cultivo de olivas para aceite (vale recordar que no solo se usaba para las comidas; también era un medicamento y combustible para las lámparas).

Como toda ciudad de relevancia, no tardó en tener su arco del triunfo, sus templos, su foro y un gran acueducto que, sumado a una serie de canales, proveía agua para toda la ciudad. Hasta el siglo VII, cuando los árabes se instalaron en Volubilis y se fueron disipando el latín y la cultura romana, iniciando un largo proceso de decadencia.

A principios del siglo XX la antigua urbe despertó el interés de los arqueólogos, que comenzaron a explorar unas 20 hectáreas y a sacar a la luz los restos del templo de Júpiter, del Arco de Caracalla, las termas y numerosos mosaicos decorativos. En la entrada hay un pequeño museo al aire libre que funciona como introducción al recorrido. Volubilis se puede visitar partiendo de Fez o de la más cercana Meknés en medio día.

Hay excursiones organizadas pero también es posible llegar desde Meknés en taxis compartidos. La entrada al parque arqueológico cuesta 70 dirhams (6,5 euros). Si se quiere agregar una visita guiada, cuesta 10 y 18 euros por una hora, según la temporada: la opción es muy recomendable porque la señalización es más bien escasa.

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