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Stare Miasto: así se dice casco antiguo en polaco. A diferencia del centro viejo de Varsovia, que fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y reconstruido puntillosamente, el de Cracovia es gótico, renacentista, barroco y original. Ambos son Patrimonio Mundial.
La mayoría de los edificios está protegida. Hay 119 templos activos, varios museos ?incluido el de los príncipes Czartoryski que guarda "La dama del armiño", el famoso cuadro pintado por Leonardo da Vinci en 1490?, teatros, cafés, restaurantes, estrictas reglas para construir, salas de concierto y sótanos que quedaron de la época medieval. Se usaban para guarecerse del frío. Algunos se han convertido en restaurantes donde se come a la luz de las velas.
Del millón de habitantes que tiene la ciudad ?es la segunda después de Varsovia?, pocos viven por aquí. Es la zona más cara. En general son departamentos que se alquilan a turistas o negocios. Los habitantes están del otro lado del Planty, un anillo de 4 km de parques que rodea el casco viejo desde 1820 y ocupa el lugar de la muralla. El Planty tiene forma de fruta, le dicen la pera de Cracovia; el cabito es el Castillo de Wawel.
Por más que use el mapa, me pierdo y me vuelvo a perder. Casi siempre termino en Grodzka. Ya aprendí que esta calle me lleva a Rynek Glowny, la plaza medieval más grande de Europa. En el siglo XIII, cuando fue creada, era de barro; se vendía pescado y pan, y había un mercado de gallinas y otro de sal. Desde el principio, la plaza fue un centro de comercio, una parada para los viajeros.
Bajo el reinado del rey Casimiro El Grande, Cracovia se convirtió en capital de Polonia ?hasta el siglo XVI? y en los años siguientes florecieron las artes y las ciencias. Se creó la Universidad Jagellónica, que en sus comienzos se llamó Academia de Cracovia y hasta hoy es la más importante del país; se construyó el Mercado de Paños (Sukiennice), la Torre del Ayuntamiento ?desde arriba, amplias vistas de la ciudad? la iglesia de Santa María que tiene un maravilloso altar gótico y una torre donde a cada hora, desde hace 600 años, se toca el himno (Hejmal, en polaco) con trompeta.
En 1981, después del atentado contra Juan Pablo II, más de 100 mil personas llenaron la plaza vestidas de blanco, en una marcha del silencio.
Polonia era un pueblo de tribus eslavas que veneraba a la naturaleza, hasta que en 966 el rey Mieszko I se casó con una princesa de Bohemia y adoptó su religión: el cristianismo. Fue el bautismo de Polonia.
En la actualidad, además de ser muy católica, gran parte de la sociedad de Cracovia es Juanpablista. Uno camina por acá y cree que el papa no cambió. Karol Wojtyla pasó 40 años en la ciudad; fue estudiante, cura, obispo y cardenal antes de partir al Vaticano en 1979. Dejó una estela de cariño y cada vez que volvió lo recibieron con emoción. En uno de sus viajes mencionó cuánto le gustaba el kremówka, una torta de crema pastelera. Al día siguiente, media ciudad le había llevado una. Desde ahí se llama kremowka Papieska (torta de crema del papa) y se encuentra en el menú de algunos bares.
Juan Pablo II. El aeropuerto lleva su nombre y tiene una estatua, y hay otra frente a la Catedral, en el Castillo de Wawel, y existe una ruta que sigue sus pasos: dónde trabajó como obrero, dónde estudió y vivió cuando era seminarista, quién lo cuidó después del accidente, cuando lo atropelló un camión alemán en 1944, dónde dio su primera misa y dónde actuó. La lista de lugares podría llenar la agenda de una visita a Cracovia. Caminando por la ciudad veo gigantografías con su foto y una leyenda abajo. Me la traducen: ¡Santo ya!
Por Carolina Reymúndez. Extracto de la nota publicada en revista Lugares 193.


