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El tabaco no es el cigarrillo. Eso repiten varios salteños involucrados en uno de los principales cultivos de la provincia. "El tabaco es la vida del Valle de Lerma", dice Carlos Gómez, guía de turismo, chofer y ex empleado de la industria tabacalera. Mientras habla pasan los campos verdes de Cerrillos, La Merced, El Carril y Chicoana, donde cada 1º de agosto se celebra la Fiesta Provincial del Tabaco. Algunas fincas tabacaleras reciben visitantes y les muestran las características de este cultivo artesanal tan arraigado en la cultura de la zona.
Rodeado por las sierras subandinas y en el centro de la provincia de Salta, el Valle de Lerma es perfecto para el cultivo de tabaco. El clima húmedo y templado, la amplitud térmica y la gracia de la lluvia oriental, un sereno muy fuerte que irrumpe al amanecer, contribuyen a su desarrollo.
El ciclo del tabaco dura cinco meses. En junio se siembra el almácigo, a los 80 días se trasplanta y en diciembre se cosecha.
Cuando está madura, la planta mide entre uno y tres metros. Las hojas brotan de un tallo central y son gruesas y carnosas. Las mejores están arriba, cerca de la flor, y se llaman superiores. Son las más caras, las preferidas porque tienen más aceite, aromas, elasticidad, y nicotina. Siguen las medianas y las últimas, que valen poco y nada, son las bajeras.
La participación de Argentina en la producción mundial de tabaco es pequeña, de alrededor del 2%. Los principales productores son China, India, Brasil y Turquía.
En Salta se cultivan unas 16.000 hectáreas de tabaco, esto se traduce en unos 32 millones de kilos, alrededor del 40% de la producción nacional. El resto, en Jujuy, Misiones, Corrientes.
"China, Estados Unidos y Japón son los clientes internacionales más importantes y cada vez exigen mayor calidad", señala Darío Piumatti, ingeniero agrónomo y jefe del departamento técnico de la Cooperativa de Productores Tabacaleros de Salta (Coprotab), que además de asesorar a los productores compra el 50 % de la producción salteña y hace los blends para comercializar.
La mayor parte del tabaco que se cultiva hoy en Argentina es rubio de la variedad Virginia. Aunque también hay algo de Burley (negro) en Misiones.
La planta de tabaco es sensible a los excesos, sea de lluvia o de falta de agua, y la mayoría del trabajo es artesanal; por eso ocupa gran cantidad de mano de obra. "Trabajan alrededor de cien personas por hectárea durante todo el ciclo", señala Piumatti.
Primero, para abonar la planta. Se combaten los gusanos minador y cortador, y la terrible oruga marandová, capaz de destruir una plantación en una noche, tan fuerte trabaja esta plaga que dicen que se la escucha comer. Segundo, para trabajar con la azada y desyuyar, y tercero para el aporque, el momento en que se le acerca tierra al surco.
Origen ritual
Alguna vez el tabaco fue una planta de poder. Es originario de América; lo cultivaban los pueblos de la zona andina de Perú y Ecuador. Los mayas fueron los primeros en fumarlo en forma ritual, hace unos 1500 años. En los templos de la península de Yucatán se conservan esculturas de chamanes que fuman en pipa y dan cuenta del carácter religioso y profundo de fumar.
Cuando llegaron los conquistadores notaron esta costumbre. La tarde del 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón escribió en su diario: "Los nativos trajeron fruta, lanzas de madera y ciertas hojas secas que daban una fragancia distinta", y esa fue la primera de muchas referencias al tabaco.
El Museo del Tabaco, en la finca Santa Anita, en el paraje Piedras Moradas de Coronel Moldes, a 70 km de Salta, cuenta buena parte de la historia en tres salas. Lo fundó hace unos años Carlos Lewis, ingeniero agrónomo y fanático del tabaco (ojo, no del cigarrillo).
Es el único museo del país y está en una antigua secadora construida en adobe, que funcionó hasta el año 2000. Lewis tiene algunas hectáreas de tabaco orgánico en su finca. Cero pesticidas. Se lo vende a Sayri (tabaco en aymara), una firma cordobesa que busca recuperar y fortalecer la tradición ancestral del tabaco.
Hace unos años, Lewis y su mujer, Valentina Chávez, ganaron un premio de Slow Food. Cuando fue a Torino a recibirlo, le pidieron que explicara cómo era eso de que fumar es sano. Él habló del placer de fumar. No de la vorágine del cigarrillo y sí de disfrutar de un tabaco como quien degusta un buen vino. No del cigarrillo, que cada vez tiene menos tabaco y más aire. Habló del tabaco como estimulante cerebral.
El tabaco llegó a Salta en el siglo XIX. En 1873 se fundó Villagrán, la primera fábrica de cigarrillos salteña, y a principios del siglo pasado, el arqueólogo Juan Bautista Ambrosetti, en su viaje a La Paya en 1906, describía así la zona de Chicoana: "Desde Zuviría hasta la boca de la Quebrada el camino es llano, como que se cruza parte del Valle de Lerma, con fincas cubiertas de maizales, tabacales...".
Hasta hace algunos años se plantaba el tabaco Criollo Salteño, una variedad más rústica que ya no es interesante para los grandes compradores. Hoy todo lo que se ve en el Valle de Lerma es Virginia.
Luis Bracero Domingo es un productor de 82 años, andaluz, de Granada.
Aunque ya lleva la mayor parte de su vida en Salta y tiene mujer e hijos salteños, toca la mandolina y su casa está llena de muñecas vestidas de bailaoras, con peineta y castañuelas. Antes de emigrar a Argentina su padre, que había estado en el frente de la Guerra Civil Española, dijo: "Vamos a un país que no pelee. No quiero que mi hijo pase por esto". Bracero llegó a Metán y tuvo varios trabajos de vendedor hasta que conoció el tabaco y se mudó a San Agustín, en el Valle de Lerma, porque "al gallego le tira la tierra".
Llegó a tener 300 hectáreas, hoy 29. Todavía recorre el campo y se lo nota activo. Le gustaría plantar ají, pero no consigue gente. Dice que si contrata trabajadores en blanco les sacan los subsidios, entonces nadie quiere y los empleados del tabaco pasan varios meses inactivos.
Los suelos donde se cultiva tabaco también son buenos para el cultivo de porotos negros, pimientos, quinoa, ají cayena y chía.
El proceso de curado
Antes de la cosecha, la planta, que tiene una flor preciosa, larga, de color rosa pálido, se desflora para que la savia fortalezca las hojas.
Producir tabaco es caro, pero genera altos rendimientos por hectárea. En la cosecha trabajan hombres y mujeres. Entran al campo en cuadrillas de ocho o diez y cortan las hojas de a dos o tres. Cuando la cosecha está lista hay dos formas de curado: 1) los antiguos secaderos que se fueron reconvirtiendo de leña a gas porque consumían una barbaridad ?5 toneladas cada mil kilos? de leña dura. Antes de entrar a esos secaderos, las hojas de tabaco se encañan y cuelgan en lo alto para recibir el calor; 2) bulk curing es un método con estufas más chicas que llegaron a fines de los 80 de los Estados Unidos y hoy se controlan por computadora.
En el Valle de Lerma hay unas 300 estufas de curado. Los productores más grandes tienen las propias y los que no, pueden llevar su tabaco a los centros comunitarios de curado. Cada estufada es gradual y dura siete días. Primero se amarillan las hojas, luego se establece el color ?naranja y limón son los más preciados?, después se seca la lámina y al final "las venas". Cuando salen de la estufa, las hojas se clasifican en forma manual ?hoja por hoja? por clase, color y posición y se enfardan en fardos de 30 kilos. De ahí, van a las acopiadoras que compran, seleccionan, blendean, empacan y almacenan las hojas. En este punto, el tabaco se empieza a convertir en cigarrillo. El tabaquismo causa alrededor de 40.000 muertes anuales en nuestro país, y más de cinco millones en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Es una de las causas de la caída en de la demanda internacional, por eso en Salta se siembran menos hectáreas que hace algunos años.
Cada año se negocia y fija el precio del tabaco y los productores reciben una parte cuando lo entregan, y otra proviene del Fondo Especial del Tabaco, basado en un porcentaje de los impuestos al cigarrillo.
"El cigarrillo es un gran negocio, pero el tabaco es otra cosa", insiste Lewis mientras arma un cigarrito en una armadora manual francesa de 1845. Está pensando en desarrollar un perfume de tabaco y cuenta que quiere armar puros de tabaco criollo y orgánico.
DATOS ÚTILES
Finca Santa Anita
Piedras Moradas s/n, Coronel Moldes. T: (0387) 490-5050.www.santaanita.com.ar
Hace 30 años que Carlos Lewis y Valentina Chávez viven en esta casona de fines del siglo XIX en medio de la naturaleza. Tienen cinco habitaciones y dos departamentos en antiguos secaderos, una galería amplia para comer o disfrutar un momento al fresco y un salón comedor con un piano de Cuchi Leguizamón. Ellos mismos reciben a los huéspedes. Valentina es chef y prepara deliciosas empanadas con 17 repulgues "como decía Topeto Díaz". Las de la casa son de queso de cabra y tomate. La comida es fresca, de la huerta y de estación. Entre los hits se destacan la cazuela de cabrito, las humitas y el pastel de novia.
En la finca tienen cabras y hacen riquísimos quesos para vender.
Los huéspedes pueden visitar el Museo Arqueológico en una antigua caballeriza ?atesora urnas funerarias, idolillos, morteros y vasijas? y pegado a una completa sala de monturas; dar un paseo a caballo entre los campos de tabaco, ver los corrales de cabras y conocer detalles sobre la producción de quesos.
Se puede pasar un rato y visitar el parque con su colección de árboles nativos y probar una degustación de quesos. O ir a almorzar, siempre con reserva previa.
Finca San Antonio
RN 68 Km 146, El Carril. T: (0387) 438-9075.www.fincasanantonio.com.ar
En la segunda mitad del siglo XVII, esta finca perteneció a los jesuitas y formaba parte de la gran Hacienda del Bañado. Su propietaria, Josefina Patrón Costas, fue una de las primeras en abrir las puertas de su estancia y de su casa al turismo, hace 35 años. Una emprendedora que también tiene su marca de dulces artesanales Chicoana.
La estancia tiene 360 hectáreas, un casco de estilo colonial español y un parque precioso de cinco hectáreas con una magnolia inmensa, varias tipas, dos paltos y una represa rodeada de achiras donde se puede remar. El árbol enorme que está en la isla de la represa es un pacará. También hay pileta, juegos de salón y un amplio living para descansar. Si es la época, el turista puede participar de la recolección de frutales, conocer el proceso del tabaco o salir a dar un paseo a caballo. La finca tiene cuatro habitaciones y un departamento en suite.
Por Carolina Reymúndez. Nota publicada en revista Lugares n° 238.



