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Deben ser los años y años mirando Daktari? no sé. Pero ¿quién no soñó con vivir las Cataratas del Iguazú en carne propia, desde adentro? No hacen falta jeep ni dardos adormecedores: no se requiere más que voluntad para caminar, buen calzado y una mochila con agua mineral, repelente, protector solar y malla. Porque los que se deciden a recorrer el Sendero Macuco ven premiado el esfuerzo con una cascada y un pozón que constituye el único lugar en todo el Parque Nacional donde está permitido bañarse.
El arranque, eso sí, es un poquito atemorizante. Hay una charla previa con uno de los guardaparques. El señor de uniforme caqui invita a hacer el recorrido con toda tranquilidad porque el día anterior sacó "al único yacaré" que había y lo llevó "bien lejos" (!). Recalculando? "¿Preguntas?", dice. "¿Los yacarés saben volver?", es mi consulta de porteña. Sólo sonríe, o sea que sólo consigue preocuparme más.
Hay que organizar el paseo teniendo en cuenta el reloj, no porque se trate de una competencia sino porque se debe calcular el tiempo para regresar de día. Por eso el sendero sólo permanece habilitado para quienes ingresan hasta las 15 en invierno, y las 16 en verano. La perspectiva de pasar la noche perdida en la selva me reconcilia con la virtud de la puntualidad.
El sendero parte del propio Parque Nacional. Demanda unas tres horas recorrer sus 7 kilómetros entre ida y vuelta. En el trayecto hay seis mojones, y en dos de ellos, bancos para descansar. Uno no sabe si rendirse al agotamiento, o si en ese mismo asiento estará retozando alguna alimaña? Ante la duda, el caminante cobarde pero estoico sigue de pie. Igual, acción no le falta: sin tocar timbre aparecen monos que ágilmente trepan delante de nuestros ojos, o telarañas de escenografía hollywoodense. Son gigantes, de más de un metro de diámetro. Y si son proporcionales al tamaño del bicho que las creó? Pero el mundo es de los audaces, así que seguimos.
Recuerdo de pronto el cartel que vi en la entrada del sendero, ese que advertía sobre la presencia de serpientes, con dibujito y todo? Pero el guardaparques había sido claro: "Si no se apartan del sendero, no va a pasar nada". "Si me mantengo en el camino, ¿se van?", pregunté. "No. Es sólo que no las vas a ver". Bien. Mal, bah. Camino rapidito entonces.
La flora crece, desordenada y salvaje, con verdes siempre intensos y a la vez siempre distintos entre sí. Flores de colores bien vivos, sonidos indescifrables para el oído urbano, hojas que tiemblan ante presencias no humanas? Justamente: unas hormigas enormes y de color azabache brillante surcan el suelo húmedo. Se las conoce como hormigas Tigre aunque no tienen rayas. Vienen a mi mente los Sábados de super acción, con esas películas que veíamos en blanco y negro en las que un desafortunado turista ponía el pie donde no debía en medio de la selva africana? Vuelvo a caminar rapidito, cual competidor olímpico de marcha atlética.
De pronto, sobre la tierra colorada una pasarela de madera indica que el final del camino está cerca. Apenas unos pasos más adelante, el mirador del salto Arrechea invita a vislumbrar la grandeza del río Iguazú allá abajo, en la desembocadura de ese afluente.
Pero todavía falta el premio mayor. Cuatrocientos metros de escaleras y pasarelas mediante, grandes rocas protegen el piletón natural en el que cae todo ese caudal intenso. La cascada es tan alta que la foto de los que se zambullen es difícil: no entra todo en el cuadro. El agua es fría porque antes de desbarrancarse durante esos casi 20 metros, el arroyo tiene la cobertura de la selva en todo su recorrido.
Preguntaría por eventuales pirañas, ¡pero el guardaparques no está!. Envalentonada por la buena suerte que tuve hasta entonces, me decido y nado. Como la Coca Sarli en su versión más tropical, pero con malla y sin tanto alimento para peces carnívoros.
Sendero renovado
En el mes de junio finalizó el trabajo de remodelación en los primeros 500 metros del Sendero Macuco que implicó elevarlo con piedra triturada y darle un metro de ancho para facilitar la caminata de los visitantes.
El tramo renovado que empieza en la Estación Central y continúa por las vías del tren hasta la ruta interna del Parque Nacional Iguazú tiene la característica de ser un ambiente húmedo que en días de lluvias generaba barro haciendo imposible transitarlo. A partir de esta obra, los amantes de las caminatas en la selva podrán transitar los 7.000 metros ? ida y vuelta ? que tiene en total este circuito a través de una galería natural que permite apreciar la biodiversidad de la selva misionera protegida por el Parque Nacional.
Más información:
Parques Nacionales: www.parquesnacionales.gob.ar
Iguazú, Argentina, Sendero Macuco
F: Parques Nacionales de Argentina
Por Cristina Mahne. Nota publicada en septiembre de 2012. Actualizada en septiembre de 2016.



