Un récord mundial con acento argentino

Emmanuel Gentinetta, en el Guinness
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29 de noviembre de 2002  

De este modo recuerda Emmanuel Gentinetta su recorrido por la Argentina a pocos meses de ver su nombre inscripto en el Libro de los Récords Guinness.

Su nombre aparece con dos justificativos: por ser la persona más joven en completar la odisea, con 18 años, y por haber mejorado el récord mundial de tiempo para cubrir la distancia completa de la Panamericana.

“Hacía menos de una hora que había entrado a la Argentina, y el olor de un asado llegó hasta mí. Me encontraba en la provincia de Mendoza, bajando los Andes, refrescado por las brisas y calmado por las aguas del Puente del Inca.

“Unos kilómetros más y ya estaba disfrutando de unos ricos mates y facturas frescas. La gente de la Argentina, los aromas y los paisajes me recibieron con los brazos abiertos y llenaron de gozo.

“Había llegado a mi patria, destino de una odisea de 24.516 kilómetros que me llevó desde el punto más nórdico de las Américas, desde Prudhoe Bay, Alaska, hasta Bahía Lapataia, Ushuaia.”

Gotas de luz

Gentinetta disfrutó mucho de los paisajes y su gente. “Recuerdo las tormentas en La Pampa después de la medianoche y las flores que a la mañana siguiente sostenían, frágiles, las gotas que reflejaban el brillo del nuevo día.”

“Seguí viaje hacia la Patagonia, bordeando el Atlántico. Nunca me voy a olvidar del amanecer en Puerto San Julián. Luego de más de ocho meses de viaje, me hizo recordar que muchos argentinos todavía dormían, pero pronto se levantarían y me apoyarían en mi viaje con una sonrisa, un plato de comida caliente, una charla o, quizás, un lugar para pasar la noche.”

La mulita patagónica

Las mesetas de la Patagonia eran envueltas alrededor de su horizonte por nubes. Pude ayudar a una mulita golpeada por un ómnibus de larga distancia, donde los pasajeros viajaban con muchas comodidades; pero yo pude divisar a la mulita, sentir la brisa, la lluvia y los colores de la Argentina.

“Me apenó ver los bosques de lengas que son arrasados. Una vez en Tierra del Fuego mi bicicleta quería volar: los vientos me tiraban del camino.

“Al finalizar el viaje, pasé por Buenos Aires, donde visité a familiares en el área de Lomas y Banfield, e hice un pequeño circuito que finalicé en el Obelisco.”

El pibe de la bici

“La Capital era un lujo ese día. La gente me animaba cuando pasaba, otros sonreían, algunos me miraban con curiosidad, mientras otros se preguntaban qué era lo que estaba haciendo ese pibe con la bicicleta y el carrito.

“Y les respondí en pocas palabras: había luchado contra vientos que me hicieron más fuerte, y que vinieron acompañados por la gentileza de la gente, por un plato de ñoquis gratis, por olas que me daban aliento y por relámpagos que me permitían ver el futuro. También por amaneceres, que me recordaban de la belleza de nuestra Argentina, sus sonrisas, su fragilidad, su belleza, sus caminos, su gente.”

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