Un viaje con luz, cámara y acción
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- La Ruta 66 de los Estados Unidos se hizo famosa en la Argentina desde que, en la década del sesenta, comenzó con gran éxito en la televisión la serie del mismo nombre, protagonizada por Martin Milner y George Maharis.
Los capítulos duraban una hora y las aventuras de estos dos personajes que usaban un Corvette para trasladarse por esas extensiones a la vera de la carretera, atrapaban a millones de espectadores, como lo había hecho antes en los Estados Unidos.
Maharis despertaba suspiros entre las mujeres, pero como se peleó con su productor dejó de actuar en la serie.
Después vino a la Argentina como cantante, pero no le fue muy bien. Para peor se advirtió que usaba un peluquín y los chistes y bromas que despertó esta circunstancia provocaron que se cayera el ídolo. Todo el mundo se deleitaba con los compases del tema musical que Nelson Riddie compuso para el ciclo que, con el correr de los años, desapareció de la pantalla chica.
- Get your kicks on Route 66 en la versión canónica de Nat Kinaaa Cole es la canción himno de esta carretera, compuesta por Bobby Troup en los años cuarenta en un viaje a Los Angeles junto a su mujer, creadora del estribillo que da el título.
El tema, cuyo título podría traducirse pobremente como Déjate seducir por la Ruta 66 , es un mapa musical de Chicago a Los Angeles: Saint Louis, Joplin (Missouri), Oklahoma City, Amarillo, Gallup (Nuevo México), Flagstaff (Arizona), Winona, Kingman, Barstow, San Bernardino, con los nombres geográficos ajustados en sílabas y rima a los versos de una canción que han grabado casi un centenar de artistas, desde derrotados por el anonimato hasta los imparables Rolling Stones.
Antes de llegar a Amarillo, anuncios de carretera invitan al Big Texan, un restaurante famoso por su súper sándwich de más de dos kilos; gratis para el que sea capaz de comerlo en menos de 60 minutos. En la barra quedan los nombres de los casi 5000 gargantúas triunfadores. En los años 80 se establecieron un par de marcas: un jugador de béisbol lo engulló en nueve minutos y un luchador se tragó dos en el tiempo reglamentario. Quien acepta la apuesta y pierde paga US$ 54,30.



