VENDIMIA: tiempo de cosecha
Llegó el momento, los recolectores pusieron manos a la obra y en Mendoza se dan los últimos toques para la gran fiesta
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MENDOZA.- En esta época, Mendoza tiene dos caras: una de mujer preparándose para su fiesta de quince, entre nerviosa y feliz, que anda a mil, viendo los últimos detalles. Otra de cosechador, con la frente sudada y las manos con callos. La vendimia es una fiesta, pero también un trabajo de hormiga.
Sufrieron fríos, heladas, lluvias. Y el temido granizo, que afectó muchos campos e incluso dejó víctimas fatales en los últimos días. Pasaron ocho meses y, al fin, el fruto redondo y maduro está listo para convertirse en un vino ojalá noble. Agrónomo y enólogo deciden cuándo comienza la vendimia, que dura casi tres meses, desde febrero hasta fines de abril.
En 2004 se cosecharon 2400 millones de kilogramos de uva en todo el país y, según los pronósticos del Fondo Vitivinícola de Mendoza, este año serán cerca de 2700, 18 de los cuales se recolectarán en Mendoza. Números con tantos ceros requieren mucha gente en acción. Concretamente, la vendimia moviliza alrededor de 15 mil personas en el país.
Antonio Ureña es uno de ellos. Un trabajador golondrina. Tucumano, de Simoca, con gruesas arrugas en la cara, y manos grandes y fuertes. Anda por aquí y por allá, "donde haya algo que cosechar". En Tucumán, la zafra. En Balcarce, papas. En Salta, pimientos y tabaco. Hace 40 años que el hombre trabaja fuera de su casa dos o tres meses. Sus nueve hijos y su mujer están acostumbrados. Saben de él porque les manda plata. Y un día llega.
Los trabajadores golondrina son gregarios, como las aves que les prestan el nombre. Andan en grupos de diez y tiran agua para el mismo molino. Es decir, trabajan juntos, tratando de llenar la mayor cantidad de tachos con racimos. Su única arma es una tijera corta y bien afilada. Se internan entre las espesas hojas de los parrales y ni bien estiran los brazos se activan sus dedos, que se mueven rápido, como los de un pianista. Sólo que cortan, uno por uno, los enroscados sarmientos de la vid.
Como aves rapaces de actividades nuevas, los turistas también llevaron su mirada curiosa y preguntona a la cosecha y andan ahí, no muy lejos de Ureña, probando cómo es esto de vendimiar. Desde el año último, la bodega Familia Zuccardi (www.familiazuccardi.com) promueve el programa Vení a cosechar en su finca de Maipú, pensado para los que quieren acercarse a la cultura del trabajo en la tierra. Dura un día y lo guía un ingeniero agrónomo. Incluye un rato de cosecha, una degustación bajo los parrales y almuerzo. La experiencia cuesta 170 pesos. A Ureña le resulta extraño que alguien pague por trabajar.
Automático v. manual
José Zuccardi, propietario de la bodega, cuenta que en Francia ya casi no se recoge uva en forma manual. Lo hacen unas máquinas que se meten entre los surcos, como los vendimiadores.
-Aquí cosechamos a mano. Primero, porque las plantas se dañan menos y eso contribuye mejorar la calidad -dice el hombre, que conserva el aire campechano.
Según el enólogo de Bodegas Chandon, Roberto de la Mota, en la Argentina la cosecha es manual debido a tres factores: "Primero, la posibilidad de conseguir mano de obra, aunque este año eso fue complicado. Segundo, existe aún gran cantidad de viñedos que no están adaptados para la cosecha mecánica. Especialmente algunos Malbec, muy apreciados por su antigüedad, que se lastimarían si entra una máquina. En tercer lugar, la cantidad de máquinas disponibles en la Argentina es limitada. La inversión será clave para la extensión del uso", señala.
Sólo en algunas fincas se utiliza la bandeja colgada del pecho, que dentro de todo es cómoda. En la mayoría, los recolectores cargan al hombro tachos desbordantes de uvas maduras hasta el camión. Enseguida les aparecen ampollas y sufren dolores a los que se acostumbran. Cuando llegan al camión, suben una escalera y vuelcan su pequeño tesoro. A cambio, el vendimiador recibe una ficha de 50 o 60 centavos.
De los millones de kilos que se cosechan en el país, alrededor del 80% se vinifica y el resto se destina a jugo de uva, pasas y consumo de la fruta. En la actualidad, la Argentina es el principal exportador mundial de jugo de uva concentrado, un producto que se usa como base para jugos naturales, licores, comida para bebe, golosinas, y también en la industria farmacéutica.
Curiosos, bienvenidos
Mientras los actores que llenarán el teatro Frank Romero Day ensayan parlamentos y coreografías, las rutas departamentales están cargadas de camiones hasta el tope de uva. Van de las quintas a las bodegas, rápido y con cuidado, para que los granos no se dañen. El turista que viaja en auto que no dude en meterse en las bodegas y preguntar. Quizá las fincas no tienen un programa armado, pero reciben a los que se quieran acercar a ver cómo se cosecha.
En la vendimia trabajan familias, con menores de edad incluidos. Como Belén, del departamento de Las Heras, que vino a cosechar con su papá y su tío. Tiene 13 años, y el pelo negro y brillante.
-Yo corto y mi papá lleva el tacho -dice, con la frente mojada. Son cerca de las 12 y hace mucho calor.
También está Carlos, de 8 años, correteando entre los surcos con un balde.
-El aprende. Junta los granos de uva que están en el piso y los vuelca en el tacho del padre -explica Jorge Alfredo Andrada, un vendimiero viejo que trabaja en la Cooperativa Quintana, mientras enciende un cigarrillo light.
El mediodía es la hora más pesada. Hace tanto calor que parece que el sol estuviera más cerca.
La vendimia está mal paga. Este enunciado suena como música de fondo debajo de los parrales y entre los espalderos. Según algunos, tanto que por eso hace unos años que hay escasez de mano de obra, y algunas bodegas pagan hasta 1 peso por tacho para conseguir cosechadores.
Una familia, con hijos jóvenes y de brazos fuertes, hace unos diez tachos por día trabajando de sol a sol. Las fichas se juntan y se guardan. Cada quince días se vuelven dinero. Ese es un día de gloria. Por lo menos para las hermanas Paredes: Nadia, de 22; Marisa, de 16, y Nery Norma Daniela, de 15. Ni bien llegan, ponen la música al taco y cantan. Dice Marisa que esos días la casa es un caos.
Las Paredes recolectan con su padre. Salen de la casa en bicicleta a las 6. Pedalean una hora, trabajan nueve horas y vuelven a pedalear otra. La escuela la dejaron hace rato. Por ahora sólo esperan que llegue el sábado. No éste, el que viene. Ahí cobran y le dan el dinero a la madre. Casi todo, un resto lo guardan para ir a bailar a Vitamina, en Mendoza.
Martín Godoy, uno de los encargados de la finca donde ellas cosechan, las mira cortar racimos mientras tararean una cumbia.
-Antes, las reinas de la vendimia salían de acá, de los campos. Hoy, por más lindas que sean, ya ni las miran. Y las reinas que salen por la tele no saben nada de la cosecha -dice el hombre, que tiene 61 años y a los 7 ya juntaba "el grano" con su tachito.
Mientras habla pasa el camión cargado con toneladas de uvas que tiemblan por los baches del camino.
Reina, princesas y lágrimas
La Fiesta de la Vendimia, en el teatro griego, el 5 de marzo
Todavía faltan varios días y ya se vendió más del 80% de las localidades del teatro griego Frank Romero Day.
El año último, unas veinte mil personas vieron el espectáculo desde su asiento y alrededor de 8000 tuvieron su fiesta privada, coladas en los cerros, y con luna llena.
En el show, que devora unos dos millones de pesos del presupuesto provincial, hay más de 800 bailarines y actores en escena. Nadie lo duda: la Fiesta de la Vendimia es cosa seria en Mendoza. Y dramática, especialmente en el momento del recuento de los votos, donde el animador lee el veredicto de los 250 miembros del jurado, uno por uno. Las chicas, vestidas como princesas Barbie, se emocionan cada vez que las nombran. Para qué decir la que es elegida y coronada reina. Un mar de lágrimas que no perdona maquillaje. Así quedó Dana Cecilia Otero, del departamento de Rivadavia, el año último, bañada en lágrimas. Pero el llanto no dura mucho, después de todo son lágrimas de felicidad. Para las reinas, éste suele ser su primer trabajo. Con sueldo y compromisos: asistir a las fiestas del Orégano, el Tomate, la Sandía y el Melón, entre otras.
Después de la fiesta, Su Majestad saluda al público desde el balcón de la Subsecretaría de Turismo. Siempre está diez puntos, lista para posar con políticos de turno y dar sus primeras notas. Bien tarde, a eso de las 4 de la madrugada, empieza otra fiesta, la Vendimia Gay, que ya salió en las cámaras de la TV internacional.
El Plumerillo, con Malbec y buena ¡salud!
Existe un cierto orgullo nacional en tener "el río más ancho", "la avenida más larga" del mundo. Uno más para la lista: el aeropuerto con más hectáreas de viñedos cultivados. Sería más fácil decir el único, pero no se puede porque hay uno en Francia que también tiene plantaciones. Pero en algún sentido es único. Y hay que festejarlo.
El tema es así: en el Aeropuerto Internacional Francisco Gabrielli, conocido como El Plumerillo, se plantaron hace tres años tres hectáreas de uvas Malbec y también hay celebración, la Fiesta de la Cosecha, el próximo 2 de marzo.
Se trata de una vendimia real. O casi. Una troupe de mujeres caracterizadas como recolectoras, con overol y zapatos de trabajo, se meten entre las hileras, cortan los racimos y los acomodan en un canasto. Llevan sombrero, aunque no es necesario: la fiesta es a las 9 de la noche. Pero es parte del show. Algunas serán cosechadoras reales y otras candidatas a reina. También vendimiarán las antiguas reinas, vestidas con todos los brillos y muy receptivas con las fotos y los fans. Les dicen gracias a los cumplidos. Como si extrañaran sus años de gloria, aunque muchas tuvieron su reinado hace más de 30.
La Orquesta Sinfónica de Cuyo dará la nota en la velada que, como buen festejo, termina con un brindis.
Datos útiles
Cómo llegar
En avión $ 585
De Buenos Aires a Mendoza para el fin de semana de la Vendimia, con tasas e impuestos incluidos.
Alojamiento
El Park Hyatt Mendoza, el único cinco estrellas de la ciudad, ya está completo para el fin de semana de la Vendimia, pero tiene actividades para agendar, como la Serenata de las Reinas, un cóctel con las ganadoras; la Noche del Vino, una degustación, y el Museo del Vino, una exposición de maquinarias antiguas. También el NH Cordillera está a full, igual que otros cuatro estrellas. Pero todavía quedan algunos y cuestan desde $ 160 la habitación doble.
Entradas al espectáculo
En el sector Tempranillo, el mejor ubicado, cuesta $ 30. También hay entradas por $ 10 y 15. En Buenos Aires se pueden comprar en la Casa de Mendoza.
Vendimia
Mendoza es naturalmente coqueta, y en esta época está más arreglada que nunca. Y llena de gente. Por eso conviene reservar con tiempo, si no es probable que no encuentre lugar para dormir y comer.
Bodegas
La lista de bodegas para visitar es cada vez más larga, pero aquí van algunas para tener en cuenta.
- La Rural. Tiene un excelente Museo del Vino, con entrada gratuita. Montecaseros s/n, Coquimbito, (0261) 4972013; www.bodegaslarural.com
- Norton. Ruta provincial 15, km 23,5, Perdriel, (0261) 4880480; www.norton.com.ar
- Catena Zapata. Calle Cobos s/n, Agrelo, (0261) 4900214; www.nicolascatena.com
- Chandon. Ruta 40, km 29. Agrelo-Luján, (0261) 4909966; www.bodegaschandon.com.ar
- Dolium (Ruta provincial 15, km 30, Agrelo, (0261) 4900200; www.dolium.com
Más información
Casa de Mendoza. Callao 445; 4371-7301.


