Ada María Elflein, la cronista viajera y precursora del turismo aventura

En Impresiones de viajes se recopilan las crónicas de sus viajes por el país durante las primeras décadas del siglo XX
En Impresiones de viajes se recopilan las crónicas de sus viajes por el país durante las primeras décadas del siglo XX
Julieta Bilik
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30 de diciembre de 2018  

No se puede amar lo que no se conoce. Bajo esa premisa, hace 105 años, un grupo de mujeres se embarcó en la odisea de recorrer nuestro país. Entre ellas, Ada María Elflein, quien eternizó su epopeya por "las sendas de la patria" en varias crónicas que publicó en el diario La Prensa y otras cuantas que eran inéditas, pero desde septiembre pasado están compiladas bajo el título Impresiones de viajes, de Los lápices editora.

Descendiente de alemanes, Elflein nació en 1880 en el seno de una familia de "clase media profesional de perfil conservador" que vivía en Recoleta. Estudió como pupila, se recibió de maestra, trabajó como periodista y realizó traducciones, pero se la recuerda como escritora. Publicó más de 2000 artículos periodísticos y 300 cuentos. Entonces, era una de las pocas mujeres que se dedicaba al "mejor oficio del mundo"(según el censo de 1914 sólo existían en nuestro país 15 periodistas argentinas y 13 extranjeras).

Fue la primera mujer miembro de La Academia Nacional de Periodismo (hoy, uno de los tres sillones académicos que llevan nombre de mujer tiene el suyo) y se sabe que, al menos, seis escuelas argentinas y varias calles fueron bautizadas en su honor.

Entre las hazañas que narra en el volumen de 300 páginas figuran la de atravesar la Cordillera de los Andes junto al doctor Francisco "Perito" Moreno, la visita en Mendoza de la bandera -"reliquia"- que portó el Ejército de los Andes cuando realizó el mismo trayecto, la ascensión al Cerro Pelado (3445 metros), el cruce a Chile en embarcación y el descenso a la mina Los Cóndores, en Córdoba. Porque la valentía, ante todo. "Nadie nos tildaría de flojas. Y adelante".

Más que valientes

Precursora (e impulsora) del turismo aventura, entre 1913 y 1919 recorrió con algunas maestras de la escuela sarmientina, varias regiones hasta entonces desconocidas de nuestro país para conocer lo que, en principio, ya amaban.

Con la convicción de que son "paisajes que nadie puede divisar desde las ventanillas del tren, ni desde los cojines del automóvil", Ada -y la troupe que la acompañaba- escaló montañas y caminó por cornisas; durmió en refugios, carpas y almacenes; se trasladó en autos, carros tirados por caballos, en el lomo de mulas y también embarcados.

Con la convicción de ser miembro del primer grupo de "señoras y señoritas" que realizó una excursión lejos de las vías férreas y de los caminos conocidos, creía que su experiencia escrita podía estimular a otros a "llevar a cabo parecidos paseos, saludables e instructivos, por los sitios históricos o simplemente pintorescos del territorio argentino".

Para ella, se trataba de "una forma eficientísima de educación física y moral en la que la mujer extiende sus propios horizontes, adquiere conocimientos geográficos valiosos, comprende y se vincula más al alma nacional".

Contemporánea de la generación del 80 (y de otras mujeres como Lola Mora, Alicia Moreau y Julieta Lanteri), se trataba de un momento histórico en el que la argentinidad estaba naciendo y había que dar a luz el imaginario de lo nacional. Por eso Elflein recorría el país con vocación empirista, actitud moralizante y aspiración didáctica sin dejar paisaje ni emoción sin describir con minucia y detalle. Casi hasta la obsesión.

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