Jóvenes manos de tijera: la trastienda de un curioso concurso de poda

En Tupungato, Mendoza, ochenta competidores tuvieron media hora para demostrar sus mejores cortes
En Tupungato, Mendoza, ochenta competidores tuvieron media hora para demostrar sus mejores cortes Crédito: Gustavo Savelli
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15 de septiembre de 2019  

A Maycol se le pianta un lagrimón, que cae lentamente sobre el pequeño tatuaje con el símbolo pesos que tiene bajo el ojo izquierdo. Maycol Albino Subia -tal su nombre completo- es menudo pero morrudo, moreno, lleva el pelo corto al ras y una barba prolijamente descuidada. Tiene 26 años y una hija que dejó en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Llegó a Mendoza hace un año, consiguió trabajo y decidió quedarse.

Tres meses atrás aprendió a podar la vid de la mano de su compatriota, don Lino Pérez. Este sábado de sol radiante que ayuda a apaciguar el frío que hace en el Valle de Uco, al pie de la Cordillera de los Andes, Maycol acaba de consagrarse ganador de la octava edición del Concurso de Poda Profesional en Vid, organizado desde 2012 por Bahco, un fabricante europeo de tijeras de poda y otras herramientas. Después de rotar por diversas bodegas mendocinas, esta vez se llevó a cabo en Andeluna, en el departamento de Tupungato.

El torneo reúne a los ganadores regionales argentinos de terruños como Cafayate, Salta; Río Negro y Neuquén, en la Patagonia; Chilecito, La Rioja, varios departamentos de Mendoza, y por primera vez también a los ganadores de Uruguay, Chile y Perú.

Maycol no puede creerlo. Ni siquiera se lo esperaba, por eso no estaba prestando atención al número que le correspondía cuando anunciaron que era el ganador. Estaba bromeando con sus compañeros de mesa después del pantagruélico almuerzo para el que cocinó especialmente Narda Lepes, secundada por el chef ejecutivo de la bodega, Pablo Marigliano, y equipo.

"Seamos felices mientras podamos", en la bodega Andeluna
"Seamos felices mientras podamos", en la bodega Andeluna Crédito: Gustavo Savelli

Incrédulo, Maycol miró su numerito más de una vez y, entonces sí, se puso de pie, alzó las manos con los puños cerrados y caminó cual boxeador a recibir su premio al ritmo de We Are The Champions, de Queen.

Meterle con todo

"Lo que me motivó fue el primer corte que tiré, porque me golpeé en la frente, y me molesté mucho", bromeó Maycol, con emoción, nervios y una sonrisa de oreja a oreja frente a sus compañeros podadores, turistas, periodistas y demás visitantes relacionados con el mundo del vino.

Un rato después, ya más tranquilo, Maycol dirá: "Don Lino siempre me alienta a meterle con todo, que no hay clima que te detenga, a pesar de que hay días que las manos se te congelan. Al principio me dolían mucho, pero ahora ya están duras, acostumbradas. Hay plantas muy difíciles, como esta que nos tocó hoy (se refiere a la variedad Cabernet Sauvignon), donde los cortes son mas duros, pero hay que cavar la tijera hasta el fondo, bien prolijo, hacer la limpieza como se debe. Mientras estás cortando con una mano, con la otra hay que limpiar. Creo que hice unos buenos cortes por ahí. O tal vez se enamoraron", bromea.

Maycol se llevó un televisor, una tijera dorada de Bahco edición especial, y un kit de herramientas para la bodega donde trabaja -Norton-. Además, Andeluna, obsequió una botellla del vino Pasionado Cuatro Cepas.

El segundo puesto fue para Eugenio Achu, de Bodega Catena Zapata, y el tercero para Néstor Fabián Fernández, del INTA.

Jurado de expertos

La poda de la vid es una practica muy antigua y esencial para el cultivo, que se realiza antes que la planta despierte de su letargo invernal. Consiste en reducir la parte vegetativa de la vid a fin de controlar su forma y limitar su crecimiento natural, y como resultado, ésta permite acceder de un modo sencillo a sus frutos, mejorando la calidad de las uvas. La práctica no sólo condiciona la futura vendimia sino también las subsiguientes.

Narda Lepes estuvo a cargo del catering para reponer energías después de la competencia
Narda Lepes estuvo a cargo del catering para reponer energías después de la competencia Crédito: Gustavo Savelli

Este certamen es un homenaje a la poda y los podadores, que suelen trabajar en esta actividad de junio a fines de agosto, llegando a cortar entre 150 y 200 viñas por jornada.

Durante el evento, cada uno de los ochenta podadores se alistan en su hilera y luego del toque de la sirena tienen media hora para demostrar sus habilidades ante un jurado conformado en esta ocasión por los ingenieros Ignacio Galárraga -profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo-, y Gustavo Aliquo y Aníbal Catania -del INTA Mendoza-, que evalúa destreza y velocidad de los cortes.

"Se evalúa una visión económica de la poda. De nada sirve tener un podador muy rápido que hace estragos en la planta, de la que luego no obtenés lo que necesitás. Y tampoco uno exquisito que en dos horas te pode tres plantas. Se busca equilibrio entre calidad y cantidad", señala Fernando Montenegro, Director General de Bahco, bajo el sol de la tarde mendocina, frente al Cordón de Plata, en los jardines de Andeluna.

La idea original del certamen viene de Francia, donde este tipo de competencia se realiza hace unos cincuenta años. "La poda es una tarea que no se conoce tanto como la vendimia - amplía Montenegro- . Se trata de un trabajo que se pasa de generación en generación. Como ese traspaso va desapareciendo, nosotros empezamos una escuelita itinerante de poda, con clases que dan especialistas de la Universidad de Cuyo".

En la escuelita, los asistentes reciben una formación teórico-practica donde se les brindan conocimientos básicos para tratar a la planta y se les explica para qué sirve la poda. Además, se les asesora sobre la seguridad en el uso de la herramienta y de la ergonomía.

Historias mínimas

"La poda es una herencia. De chico empezás a andar podando. Es como quien dice: lo llevas en las venas. Es lindo, aunque sacrificado, duro y pesado. Pero alguien tiene que hacerlo", dice con un potente acento salteño Ariel Villanueva. "Cada cepa tiene su manera y sus mañas, son muy pocos los que te van a decir como podan". Ariel tiene 27 años, es oriundo de Cafayate, y trabaja en la bodega El Esteco. Es alto, moreno, tiene el pelo muy lacio con flequillo peinado al costado. Usa una camisa de vestir celeste y pullover de cuello redondo, que pronto se quitará y reemplazará por la camiseta naranja de Bahco que deberán usar todos los participantes. Aprendió, como tantos otros, de su padre. "Gracias a él estoy acá", destaca.

José Condori también es cafayateño. Usa un sombrero de ala ancha, botas y bombachas, bien gaucho; es el más campero de todos. Trabaja en la viña hace 16 años, desde el mismo día en decidió irse de la casa de sus padres. Comenzó en la finca Quara, hace seis años que trabaja en El Esteco y recuerda que un primo le enseñó no solo a podar sino a hacer todo el trabajo de viña. "Las técnicas van cambiando, hay podas y pruebas nuevas que se van haciendo". José prefiere la tarea del desbrote, un trabajo más liviano. "La poda es dura, toca podar en invierno y es frío. El tiempo de cosecha también es pesado. Se carga mucho la espalda y hace calor".

Pedro Bettini, oriundo de Canelones, es el representante uruguayo en la competencia. Tiene sus propios viñedos, donde venden uva a granel y cosechan sobre todo Tannat, la cepa uruguaya por excelencia, aunque también moscatel, malbec y marseillan. Sus padres, inmigrantes italianos, las plantaron. "Nací en la viña, tenía 8 años, y ya podaba con mi padre. Llevo una vida trabajando en viñedos", recuerda este hombre grandote, de 59 años y manos gigantes, que se hinchan cuando poda de más.

Del otro lado de la cordillera llegó Rodrigo Herrera, el único que viajó con su pareja. Herrera viene de Rancagua, en la sexta región chilena. Cuenta que lleva diez años podando, y no solo vides, sino que también corta frutales, como el kiwi. "Cada planta tiene su técnica. Lo difícil de la poda es el trabajo en si, porque es pesada, de alto esfuerzo. El cuerpo trabaja a full porque tiene que rendir, pero va en la costumbre", analiza Herrera, un hombre menudo, que usa una boina y bigote, y al que el acento delata al instante. "Espero pasarlo bien, poder dejar bien puesto mi nombre y a Chile. Lo bueno es que he conocido mucha gente, he compartido con argentinos, uruguayos, peruanos".

Julio Iván Alache es el representante de Perú, más precisamente de Ica, la tierra del pisco, donde ganó el concurso regional. Alache anda con la banderita nacional de acá para allá. Tiene 35 años y trabaja hace quince en la poda. Forma parte de una cooperativa integrada por sesenta socios, donde cosechan uvas de mesa, blancas para exportación y la variedad quebranta, que se usa para el pisco. Como la mayoría, dice que aprendió el oficio de sus padres. "Desde los 9 que empecé a picar la parra, iba podando atrás de mis padres ¿El secreto de la poda? Nunca se cuenta, porque es muy privado".

Los turistas también pueden podar

La bodega Andeluna propone distintas actividades: la visita y degustación tradicional con cinco vinos, incluido el Pasionado (750 pesos); el "juego del blend", donde las familias crean su propio vino, los chicos idean la etiqueta y los padres arman el corte (1345 pesos por persona o 2680, grupo familiar). Otra opción son las Tardecitas, degustación en los jardines mirando el atardecer sobre el Cordón de Plata (1440 pesos), y las clases de cocina, por la mañana, con un menú degustación de 6 pasos (4415 pesos por persona o 7600 por grupo).

Para almorzar hay menú de seis pasos (2655 pesos, con vino), menú criollo (2140 pesos, con vino), menú en los sillones (1280 pesos, no incluye vino) y un menú para niños (790 pesos).

Varias bodegas ofrecen, entre sus programas para visitantes, la poda. Familia Zuccardi, bodega icónica de Mendoza, tiene justamente la propuesta "Vení a podar" en Finca Maipú, a 40 km de la ciudad de Mendoza. Un experto de la bodega enseña a los visitantes a podar y explica por qué es vital para la calidad del vino. Es necesario reservar con 24 horas de anticipación. Se hace todos los días desde fines de mayo hasta 15 de agosto e incluye la visita a Bodega Santa Julia, un curso de degustación de vinos y una picada con empanadas en Casa del Visitante.Ruta provincial 33 km 7,5, Fray Luis Beltrán, Maipú, Mendoza. Tel: +54 261 4410000.

Familia Schroeder, cuyo vino más reconocido es el Saurus, está en San Patricio del Chañar, Neuquén. Además del tradicional recorrido por la bodega y participar de la cosecha durante la época de la vendimia, también invita a participar de la poda. La actividad incluye la visita a la bodega con degustación y almuerzo. Solo se hace en julio y agosto, meses pico de la poda. Para realizarlas se requiere un mínimo de cuatro personas, con reserva previaCalle 7 Norte, San Patricio del Chañar. Tel: +54 299 489 9600/01/02.

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