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Verano 2019

Ilha Grande: 7 razones para hacer la mejor escapada de Río de Janeiro

Constanza Coll
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17 de enero de 2019  • 16:05

De Florianópolis a Angra dos Reis navegamos unas 500 millas náuticas, más o menos 1000 kilómetros, en tres meses. Fuimos despacio, escalando en todos los puertos y bahías que pudimos para conocer, descansar y abastecer el barco con agua, comida y diesel. Paramos en Itajaí, Porto Belo, Sao Francisco do Sul, Ilha Bela, Paraty, y dentro de cada gran isla o ciudad, fondeamos en distintos lugares, en función de cómo reparaban del viento y de nuestras ganas de recorrer. Pero cuando llegamos a Ilha Grande pasó algo totalmente distinto.

Hasta acá las escalas nunca duraban más de una semana. Particularmente, nos quedamos más de lo planeado en Capri, a la espera de viento sur que nos empujara hacia arriba, y en Ilha Bela, por un virus que pasó por todos los integrantes de la tripulación del Tangaroa2. Fuera de estos dos casos, navegamos a buen ritmo hasta que llegamos a Ilha Grande. Ya van más de 30 días y seguimos dando vueltas alrededor de esta isla, la más grande del archipiélago de Angra dos Reis. A continuación, las siete razones que nos retuvieron acá, a voluntad, hasta el día de hoy.

La magia de Abrãao, sin autos pero con 4G

Cae la noche en Abraao
Cae la noche en Abraao Crédito: Shutterstock

En Ilha Grande no hay autos. Incluso en Abrãao, que es el pueblo con más servicios y movimiento de la isla, la gente se mueve a pie o en bicicleta. Eso, además de curioso, hace que uno pueda andar, y dejar andar a Ulises, que tiene dos años y medio, con total libertad. Otro factor que relaja es que acá no existe, o al menos no es un problema, la inseguridad.

Las personas duermen con las puertas sin llave, y dejan las ojotas, tablas, botes, remos, termos, ropa, mochilas, sobre la arena, así nomás, sin miedo a que no estén cuando vuelvan.

En Abraão, más precisamente en la pequeña playa vecina de Julia, nos esperaban para pasar las fiestas.

Aún no nos conocíamos personalmente cuando llegó la invitación por Instagram para festejar Noche Buena en un velero, con otras familias navegantes argentinas, pero resulta que hay una comunidad compatriota extendida en Ilha Grande. La Navidad fue inolvidable, así que nos quedamos para repetir el grupo en Año Nuevo; entonces bajamos los platos fríos a la playa, usamos de mesa uno de los botes inflables dado vuelta, llevamos luces y parlantes para bailar sobre la arena hasta eso de las 3 de la mañana. Ulises se durmió mientras remábamos de regreso al Tangaroa2.

Desde este pueblo se pueden coordinar excursiones a cualquier parte de la isla, a otras islas vecinas también, y salen "trilhas" (senderos) a muchas playas, como el que va a Praia Preta y a una cascada de agua dulce que forma una piscina, a unos 40 minutos con descansos incluidos. En Julia justamente, una pareja de rosarinos vive en un velero de cemento y ofrece paseos en kayak. El más simple recorre toda la ensenada de Abraão y va hasta la isla de los Murciélagos para hacer snorkeling.

Crédito: Constanza Coll

Tortugas y rayas en la laguna azul

Todo el transporte es por agua en Ilha Grande, por eso a veces asusta la cantidad de lanchas en bahías señaladas como buenos spot de buceo o snorkeling. Ahí la clave a tener en cuenta es el día y la hora: nosotros elegimos este tipo de lugares para pasar la noche y aprovechar bien temprano a la mañana, cuando todavía no llega nadie, e intentamos evitar los fines de semana, cuando a los turistas se le suman los vecinos de Angra. Lagoa Azul lleva un nombre que la describe muy bien, porque está reparada de todos los vientos, entre las islas Redonda, Comprida, Arocira y Macacos. Es un fondeadero perfecto, hay un restaurante llamado Petisco da Ilha y varias playas entre las que se puede nadar y hacer snorkeling. Mientras uno avanza entre las islas, ve todo tipo de peces, mantarrayas y tortugas.

La mejor playa de Brasil (según muchos)

La inmensidad de Lopes Mendes
La inmensidad de Lopes Mendes Crédito: Shutterstock

Según el ranking que se mire, Lopes Mendes es una de las tres o cinco playas más lindas de Brasil, u ocupa distintos puestos de la lista de las veinte más espectaculares de Latinoamérica. Como sea, mientras escribo no se me ocurre otra playa más paradisíaca: es inmensa, kilómetros y kilómetros de arena blanca, acompañada por una línea de mata y palmeras verdes que dan buena sombra, olas más o menos surfistas según el día, agua templada, muy cristalina. No hay construcciones, apenas unos puestos de guardavidas, y los árboles están a una distancia justa para colgar hamacas. Para ir caminando, el trekking más corto dura unos 20 minutos a paso apretado desde Praia do Poco. Si no, se llega por un servicio de barcos que salen desde Abrãao o inclusive desde algunos hoteles.

El atardecer en Bananal

Esta bahía no es tan popular entre las agencias que ofrecen paseos, y ahí radica uno de sus mayores encantos. Tiene una playa amplia, donde está el pueblito, y otra bien chiquita, pasando una división de piedras inmensas, donde hay un muelle al que le faltan unas tablas, pero que es un gran lugar para hacer yoga y pescar. En Bananal hay una antigua fábrica de sardinas, que cuando cerró dejó sin empleo a la comunidad de japoneses que trabajaba ahí. De ahí que la mayoría de posadas y restaurantes acá es de japoneses, con su decoración particular y su trato tan gentil. Fauna es uno de los dos alojamientos no-japoneses en Bananal, administrado por Exequias de Olivera, nacido y criado en Ilha Grande, y Natalia Quinteros, una cordobesa que eligió este paraíso natural y seguro para vivir. Desde la terraza de Fauna se ve un atardecer sobre el mar dorado inolvidable (Los encuentran por WhatsApp +55024998393221).

El cielo en el mar de Saco do Ceu

Al vivir en un barco, una de las cosas más importantes a la hora de definir el lugar donde pasar la noche es que esté bien reparado del viento, para que no haya olas. En Ilha Grande existe un lugar llamado Saco do Ceu, que es una bahía redonda inmensa a la que se entra por un canal haciendo zigzag, reparada del norte, del sur, del este y del oeste. El agua acá es tan calma que las noches de luna nueva se puede ver las estrellas reflejadas en el mar negro. En esta bahía hay varias posadas, una de las más famosas o histórica es Coqueiro Verde, con muy lindo jardín, restaurante a la vera del mar y servicio de lancha 24/7.

Las playas de afuera

Lopes Mendes es una de las "praias de fora", esto es, que no miran al continente sino al Atlántico infinito. Por eso es una playa surfista, con buenas olas y agua más templada que caliente, siempre teniendo en cuenta que estamos en el Estado de Río de Janeiro, a una latitud más que tropical. Del lado de afuera, y esto aplica más cuanto más lejos de la ciudad de Angra, Ilha Grande es mucho más virgen, inexplorada, natural, limpia, inaccesible. En las excursiones que le dan la vuelta a la isla, las escalas imperdibles del otro lado son Parnaioca, Aventureiro y Saco Dois Rios, donde se encuentra el antiguo presidio, que supo ser una de las dos actividades principales de la isla junto a la producción de sardinas.

Las 365 islas

El barco amarillo en el escenario de Ilha Grande
El barco amarillo en el escenario de Ilha Grande Crédito: Constanza Coll

Angra dos Reis es un archipiélago con 365 islas, una por cada día del año. Las hay de todas las formas y tamaños, desde Ilha Grande, que tiene 200 kilómetros cuadrados, hasta las pequeñas Botinas y un islote cuya superficie alcanzó para construir una capilla y nada más. Una isla que nos convocó varias veces en este mes de estadía en Angra es Gipoia. Está ubicada en el justo medio entre el continente e Ilha Grande, y tiene varias playas que valen la pena. En la parte sur está Dentista, súper popular entre los vecinos con yates, con arena como cuarzo molido, palmeras con cocos para abrir y tomar, mucho verde en todo el perímetro y un bar flotante alimentado a paneles solares. Del otro lado de Gipoia, también vale mucho la pena conocer Fazenda y Praia das Flechas.

Seguí de cerca nuestro viaje a vela, con todas las playas y destinos por los que pasamos, en www.instagram.com/el_barco_amarillo

Antes de viajar, vacunate. Ihla Grande es uno de los destinos de riesgo para contraer fiebre amarilla, enfermedad que puede ser grave y provocar la muerte. Por esto, se recomienda vacunarse al menos diez días antes de emprender el viaje. La vacunación es gratuita y se aconseja a todos los viajeros internacionales que se desplacen a los Estados de Acre, Amapá, Amazonas, Bahía , Distrito Federal, Goiás, Maranhao, Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Minas Gerais, Pará, Paraná, Piauí, Rio Grande do Sul, Rio de Janeiro, Rondonia, Roraima, Santa Catarina, San Pablo y Tocantins.

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