Descubriendo Catamarca: secretos de los pueblos del valle

Un viaje por los diversos caminos provinciales, desde la capital hasta la Cuesta del Portezuelo y las pequeñas localidades unidas por la ruta 40
Un viaje por los diversos caminos provinciales, desde la capital hasta la Cuesta del Portezuelo y las pequeñas localidades unidas por la ruta 40 Crédito: Denise Giovaneli/Lugares
Guido Piotrkowski
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28 de abril de 2019  

San Fernando del Valle de Catamarca es una apacible ciudad capital, históricamente protegida por el halo místico de la Virgen del Valle. O La Morenita, como suelen decirle por acá a esta figura descubierta allá por 1620. "La imagen no es prolija como las que fueron traídas de Europa, tiene una fisonomía y un color especial, y es pequeña, mide unos 45 centímetros", dice Cristina Capilla, guía de Turismo de la provincia, sobre la Patrona Nacional del Turismo. Justamente el sábado 27 de abril comenzaron los festejos en su honor que se extienden hasta el 5 de mayo.

Fue don Manuel de Zalazar, administrador español del Valle, quien, enterado de que en las cercanías del pueblito de Choya, dentro de un nicho de piedra en la montaña, un grupo de indígenas honraban la imagen de una virgen morena, se acercó al lugar. Al ver que no era una imagen pagana, decidió llevarla a su casa, en la ciudad de los españoles, cuando aún no era la capital de la región y los colonizadores se asentaban al otro lado del río.

La leyenda dice que la Virgen regresaba a la gruta una y otra vez. Fue entonces que los españoles resolvieron construirle un altar allí mismo. Hoy, el santuario es un sitio de peregrinación constante, donde llegan creyentes de todos los rincones de la provincia y el país, para rezar, pedir o agradecer, y ofrendar desde pañuelos o flores, colgantes y remeras, a casas de cartón.

Sin embargo, la imagen ya no está allí sino en la Catedral Basílica Nuestra Señora del Valle, hasta donde llegan masivas procesiones cada año al término de la Pascua, de las que participan unos quince mil jinetes de la Cabalgata en Honor a Nuestra Madre del Valle, y también el 8 de diciembre, en el día de la Virgen.

Iglesia y Convento de San Francisco
Iglesia y Convento de San Francisco Crédito: Fotos Vera Rosemberg/LUGARES

"Este español le construyó el primer santuario y ahí empieza la historia de la devoción. La fe viene de aquella época -explica Cristina Capilla-. En 1683 Don Manuel Mate de Luna fundó la ciudad, y en 1695, cuando se terminó la Iglesia Matriz, se trajo la imagen desde el primer santuario. En 1995, como motivo de los trescientos años de aquel traslado, se construyó el Paseo de la Fe". El paseo une la Catedral, que es Monumento Nacional, con la Plaza 25 de Mayo, frente del santuario.

La fundación de la capital provincial por Mate de Luna, que entonces era el gobernador de Tucumán, se considera tardía, ya que un siglo antes la corona española había elegido el valle de Quimivil, más precisamente la ciudad de Londres, como asentamiento español en la región. Para quienes quieran comprender o internalizarse un poco más en la historia de la Patrona Nacional del Turismo, en el Museo de la Virgen, inaugurado en 2015, en la sede del ex Arsobispado, hay documentos y bibliografía, además de joyas y mantos entre otros objetos. Pero lo más llamativo acá es la escultura Plegaria, del artista Bruno Ceballos Porta, que simboliza el Espíritu Santo, un espiral ascendente de 7 metros de largo recubierta por 30 mil ex votos u ofrendas de fieles, y una luminaria que proyecta un haz de luz que se puede ver desde cualquier parte de la ciudad.

Caminar por esta capital, de unos 160 mil habitantes y construcciones bajas en estilo colonial, donde abunda la rodocrosita (la piedra nacional) es un buen plan. A unas pocas cuadras de la Catedral, se puede visitar el convento de San Francisco, y también la Fábrica de Alfombras, en el Mercado de Artesanías, que es única en la Argentina. Fundada hace más de medio siglo, se dice que pertenecía a un descendiente de sirio-libaneses que no pudo sostenerla, y la vendió a la provincia. A las mujeres que trabajan acá, les lleva largos meses de aprendizaje, y terminan tejiendo pacientemente alfombras persas o tapices con diseños a pedido, como retratos de figuras del mundo de la política y del espectáculo, y otros que van a parar a los lugares más recónditos del planeta.

De rodeos y Portezuelos

El camino de cornisa que comunica el valle con los departamentos de Ancasti y El Alto nace a dieciocho kilómetros de la capital y trepa hasta los 1870 metros sobre el nivel del mar.

El camino obliga al viajero a detenerse varias veces, frente a cada nueva panorámica enmarcada en verde. El río Paclin, desde lo alto, se ve como un hilo de agua que se desliza a través del valle. El cordón del Ambato, imponente, se alza al otro lado del cerro. Y San Fernando del Valle, la ciudad, se vislumbra bien abajo, como un pequeño manchón ceniciento camuflado en medio del valle.

A la altura de los 1100 metros está el mirador oficial, donde todo el mundo se detiene para la foto de rigor. Hay puestos de paso, donde se puede comprar algún dulce de cayote, un vino patero o unas nueces.

De oveja, llama o alpaca, tejidos de exportación
De oveja, llama o alpaca, tejidos de exportación Fuente: LA NACION - Crédito: Guido Piotrkowski

La ruta trepa y trepa regada de jarillas, algarrobos, mistoles, chañares, palos borrachos, pichanilla, cardones y tunas, hasta alcanzar la cumbre, el final del camino, coronado por la hostería Polo Jiménez, nombre del autor de la célebre zamba Paisajes de Catamarca, inspirada en este camino donde ahora sopla el viento, y los cóndores planean.

A 40 kilómetros de la ciudad, aquello de que Catamarca es una provincia árida se desmitifica rápidamente cuando un valle verde se abre. Serpenteando entre los cerros surgen pintorescos pueblitos como Las Juntas, Los Varela, La Puerta, Las Pirquitas (famosa por su enorme dique) y Rodeo, una villa al pie del cerro Ambato y a la vera del río Tala, donde reina un microclima fresco. Custodiada por un Cristo Redentor esculpido en lo alto de este enclave serrano, Rodeo es un pueblo elegido por muchos capitalinos como escapada de fin de semana, y también por muchos pescadores, que llegan en busca de truchas

Para llegar al Cristo se puede hacer un trekking relativamente sencillo, de unos veinte minutos de caminata en medio de un sendero de vegetación tupida. Para descender, hay prestadores de turismo aventura que ofrecen rappel.

Belén y Londres

El golpe seco y acompasado de las palas de los telares retumba en el fondo de las viviendas, quebrando el silencio de un pueblo donde se trabaja históricamente la lana de oveja, de llama o de alpaca, para transformarla en un poncho. Belén se caracteriza por la gran cantidad de artesanos que trabajan día a día en la confección la prenda nacional por excelencia, que en estos pagos en una institución, una marca registrada.

El toque final será teñirlo con fibras naturales: tintes del monte nativo, frutas, verduras y otras hierbas. Aunque el típico poncho de Belén lleva la guarda lisa y blanca, que se extraía del lomo de la vicuña, actualmente protegida por estar en peligro de extinción. Cualquier árbol te da un color, repiten como un mantra por estos pagos. Cáscara de nuez, yerba mate, cebolla, algarrobo, jarilla o remolacha entre otras, son el fruto del color de un poncho catamarqueño.

Ubicada en el centro de la provincia, para llegar a Belén desde la capital hay que recorrer 320 kilómetros, primero por la Ruta 38 y luego empalmar con la 40, que surca el país de punta a punta. Belén fue fundada en 1881 por Bartolomé de Olmos y Aguilera quien, igual que tantos otros conquistadores, le puso el nombre de su pueblo natal en España.

Belén, a 320 km de San Fernando
Belén, a 320 km de San Fernando Crédito: foto: Ignacio Sanchez/Lugares

Muy cerca, a quince kilómetros, se encuentra Londres, el pueblo vecino con el cual Belén mantiene una disputa histórica: quien ostenta el titulo de "Cuna del Poncho". La ciudad sería fundada por primera vez en 1558, por el capitán Juan Perez de Zurita, y sería fundada y refundada en varias ocasiones más. A pesar de todo, se trata de la segunda "ciudad" más antigua del país detrás de Santiago del Estero. Aunque, claro, de ciudad tiene poco y nada.

La Ruta 40 divide Londres, literalmente, en dos. En este bucólico pueblito, entre nogales y algarrobos centenarios, viven unos tres mil habitantes. En muchas de las casas, como en Belén, funcionan los talleres donde se escucha el incesante golpeteo de las palas de los telares, donde los artesanos trabajan en magníficos ponchos, cubrecamas, fajas, caminos, y otras artesanías del estilo, siguiendo una tradición centenaria. ß

Punto fuerte en el gran camino inca

Unos 170 kilómetros al norte de Belén, por la ruta 40, se accede a la ciudad de Santa María, en pleno Valle de Yokavil. Y a diez kilómetros de la ciudad, se encuentra Fuerte Quemado, uno de los enclaves precolombinos más grandes de la región. El sitio arqueológico está rodeado por las sierras de Quilmes, la sierra del Aconquija, y las cumbres de los calchaquíes, con picos que van de los 4300 a 5200 metros de altura que alcanza el Aconquija, el más alto de la región. Para llegar a las ruinas hay que atravesar primero el pueblo, que también se llama Fuerte Quemado. Es una pequeña localidad a la vera de la ruta 40, que divide al paraje en dos, con las casas prácticamente sobre el camino, que mantienen su estructura de adobe y son las más antiguas de la región, con construcciones de 1820 y 1930. En este paraje de quinientos habitantes hay también una iglesia, que data de 1879, y está considerada como una de las parroquias más antiguas del departamento. Igual que las casas, es de adobe, y conserva muebles desde su fundación.

El pueblo se encuentra dentro del Gran Camino del Inca o Qapac Ñam en quechua, el sistema vial andino que es Patrimonio de la Humanidad y que unió de norte a sur, desde Colombia a Mendoza, al imperio más extenso de la etapa precolombina. Fuerte Quemado fue uno de los primeros asentamientos españoles, donde se instaló también la misión jesuítica Santa María de los Ángeles de Yokaville. Y fueron los españoles quienes clasificaron como diaguitas a los pueblos que vivían en las serranías, que eran parte de un grupo de tribus o ayllus que de las montañas y hablaban kakan. Igual que los Quilmes en Tucumán, los akalianes y yokaviles sufrieron el destierro al finalizar la tercera guerra calchaquí. En el sitio se pueden ver corrales de llamas, depósitos para el acopio de granos, morteros, que pertenecen a la cultura Santa María. Y en lo alto del cerro se distingue claramente una construcción de pircas, conocida como La Ventanita. Se trata de una Intiwatana o "piedra que amarra el sol", como la que se puede encontrar en Machu Picchu. Los pobladores lo utilizaban como observatorio astronómico y es el primer lugar por donde pasa el sol cuando despunta el 21 de junio, durante el solsticio de invierno, la fecha en que las comunidades locales festejan el Inty Raymi, la Fiesta del Sol.

Datos útiles

Dónde dormir

Hotel Casino Catamarca: Esquiú 151, San Fernando del Valle. Tel (0383) 4432928 - 4430891 - 4434463. Habitación doble estandar estudio: $1826. Superior: $2850. Suite: $3386. Incluyen desayuno buffet. Gimnasio, pileta al aire libre, cochera cubierta, Internet, spa con sauna, ducha finlandesa y escocesa. www.hotelcasinocatamarca.com

Hotel Belén: Habitación single: $1710; doble $2280, triple $2760. Desayuno buffet, estacionamiento y wifi incluido. Mini gimnasio, lavandería, salón de juegos, salón de eventos. Museo Arqueológico Famayfil (Colección Privada Familia Lasa). Belgrano esquina Cubas, Belén. Teléfono: 03835 461501. www.hotelbelen.com.ar.

Hotel del Valle: Avenida 9 de Julio 3era Cuadra, Santa María. Teléfono: (03838) 422266/420603. Habitación single $ 900; doble, $1500; triple, $1700. Cuádruple $2000. Las tarifas incluyen desayuno. Habitaciones con baños privados, tv por cable,aire acondicionado y calefacción, cochera techada y canchas de fútbol 5. Más información www.turismo.catamarca.gob.ar

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