Sola, entre pirañas y anacondas en la selva peruana

El viaje de Cristina Fernández Pérez, una viajera española que se internó en el Amazonas de Perú
El viaje de Cristina Fernández Pérez, una viajera española que se internó en el Amazonas de Perú
Cristina Fernández Pérez Viajera incansable, esta española tiene 60 años, está jubilada y vive en Barcelona
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7 de abril de 2019  

El siguiente relato fue enviado a lanacion.com por Cristina Fernández Pérez . Si querés compartir tu propia experiencia de viaje inolvidable, podés mandarnos textos de hasta 5000 caracteres y fotos a LNturismo@lanacion.com.ar

Perú es uno de los países con mayor diversidad de especies, muchas de ellas únicas en el mundo, pero las más exóticas son las que viven en la selva amazónica, donde hay una gran variedad de reptiles, aves e insectos, algunos todavía sin catalogar.

Nunca sabrás lo que es la verdadera selva hasta adentrarte en la que se sitúa en la cuenca del río Amazonas, el más largo y caudaloso del planeta. Ciento por ciento de selva primaria, sin fauna ni flora introducida por el ser humano. La selva peruana es otro mundo, nada que ver con los paisajes icónicos de la sierra o la costa con los que se suele reconocer a este país. Otros rostros, otras costumbres, otra música, otra gastronomía. Y, sobre todo, otros parajes igual de sorprendentes que los que salpican el resto de Perú pero con una naturaleza natural de exuberancia infinita.

Rincones de mundo que resuenan en mi memoria desde mi juventud se encuentran en este país. Iquitos es uno de ellos. Conocida como la Perla del Amazonas, hoy Iquitos es una ciudad turística que, desde 1961, es sede de la Universidad de la Amazonía y el centro económico de Loreto, un departamento de Perú tan grande como la Península Ibérica.

Después de vivir el ambiente de ciudad colonial en Arequipa durante una de las citas culturales más importantes del continente, siento la urgencia de volar a conocer la Amazonía y aterrizo en Iquitos con un billete solo de ida y un paquete contratado más o menos a medida, algo poco frecuente en mi modus viajandi.

Mi primer día en Iquitos me devuelve experiencias pasadas en Petén (Guatemala), Puerto Ordaz, Orinoco (Venezuela) o incluso en el delta del Mekong (Vietnam). Mucho transporte ligero tipo tuc-tuc, motocicletas y bicicletas y ruido alegre de país tropical.

Horizonte verde

Aislada en medio de la selva, la ciudad deslumbra de verdor y crece rodeada de pueblos nativos y una flora y fauna asombrosa para el viajero poco acostumbrado a extensiones sin fin de árboles y flores. El centro antiguo de la ciudad es de planta cuadrangular con una plaza central muy atractiva y rodeadas de edificios históricos, entre ellos la catedral.

Comenzó mi aventura en la selva de la mano de Amazon Rainforest Lodge, un refugio a orillas del río Nanay, uno de los afluentes del Amazonas, de propiedad alemana muy bien llevado por gente local. Como viajaba sola tuve la suerte de tener mi propio guía durante toda mi estancia, aunque en el Lodge compartía con el resto de turistas, en su mayoría peruanos.

Cada día hay planificada alguna visita, unas más interesantes que otras, y entre ellas disfruté la pesca de pirañas en Piraña Park y sobre todo el Mariposario (Pilpintuwasi, en quechua), creado por la austriaca Gudrun Sperrer, a quien pudimos conocer personalmente. Más desilusionante fue la visita al Serpentario donde acogen animales maltratados y donde -sin dudarlo un segundo- el guía me coloco una pequeña anaconda en mi cuello, como una estola de pieles.

Confieso que sentí una sensación agradable de frescura y suavidad, y nada, ningún miedo. Todo lo contrario me ocurrió con el pobre oso perezoso que el guía quiso que yo abrazara. Vi en el perezoso tal tensión y rigidez que me negué, ante su extrañeza, a tocarlo. Definitivamente los humanos nos relacionamos con los animales de manera peculiar, idéntico a las relaciones entre humanos.

Lo que más disfruté fueron los paseos en lancha por el río, tanto de día como de noche, cuando los sonidos de la selva se despiertan y juegas a adivinar de que animal provienen. La tribu de los Alamas, con sus bailes tradicionales muy corrompidos ya frente al turismo, y las comunidades de Gen Gen y Centro Fuerte fueron excursiones interesantes. A pesar de la lluvia durante el paseo pude comprobar el ritmo de vida relajado y pausado de sus habitantes, quienes solo necesitan lo justo para comer cada día sin grandes preocupaciones y recorrer un rústico jardín botánico con plastas medicinales.

En la Amazonía peruana y en todo Perú hay una industria importante entorno a los productos naturales y su utilización en la curación de enfermedades. Descubrí el chuchuhuasi (con propiedades medicinales que se concentran en la corteza, sirve como antiinflamatorio y analgésico además es frecuente su uso en casos de artritis) y probé la uña de gato en un cocimiento curativo para los dolores de articulaciones. Gente privada y los vendedores en los mercados populares tienen de todo.

Si alguien quiere vivir lo que fue la dura vida de los indios del Amazonas, y aunque no es la misma zona, debería leer la historia que narra Vargas llosa en El sueño del celta. El irlandés Roger Casement (1864-1916) que fue el abanderado de la lucha por los derechos de los indígenas oprimidos en el Putumayo, y que ya antes había defendido contra la violenta explotación del caucho en el Congo.

¿Vacaciones con un giro inesperado? ¿Una aventura que marcó tu vida? ¿Un encuentro con un personaje memorable? En Turismo, queremos conocer esa gran historia que siempre recordás de un viaje. Y compartirla con la comunidad de lectores-viajeros. Envianos tu relato a LNturismo@lanacion.com.ar. Se sugieren una extensión de 5000 caracteres y, en lo posible, fotos de hasta 3 MB.

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