Yavi: sensible como el silencio de sus cerros
En esta población, un remanso de tranquilidad en plena Puna jujeña, todo está como ayer; imperdible
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YAVI, Jujuy.- El tiempo está detenido aquí. Construyó sus casas de adobe con techos de paja y así se quedó. Sólo el ruido del viento que corre de a ratos se siente en el cordón montañoso de los Siete Hermanos, a 3500 metros de altura sobre el nivel del mar, en la provincia de Jujuy.
Aislado, a 16 kilómetros de La Quiaca, al pueblo de Yavi sólo se llega pagando 2 pesos a alguno de sus 300 habitantes que tiene auto y decide sacarlo para buscar turistas en la terminal de la ciudad fronteriza. Además de convertir sus autos en remises, los habitantes de Yavi transformaron sus viviendas en improvisados hoteles y restaurantes.
Este es el caso de Norma Toro, que aloja por 5 pesos la noche y da un plato de comida por 3,50. "Nunca vienen más de cinco personas por día. Mi hijo Gastón, de 11 años, atiende las mesas", comenta la mujer (de 30), que además subsiste con un Plan Jefes y Jefas de Hogar.
Los días en Yavi son fríos. El sol que se asoma por los cerros más norteños del país nunca quema lo suficiente como para dar calor al cuerpo. El viento y la oscuridad de las noches estremecen los huesos del frío, incluso en pleno verano.
En el aire se respira la historia de un pueblo acostumbrado al comercio de paso hacia el Alto Perú.
Los guías de Yavi son los chicos, que acompañarán al turista a recorrer el sendero del río, mientras le señalan las pinturas rupestres de sus piedras.
Para quienes se animan a los caballos, Hernán Tintiley ofrece una cabalgata a 5 pesos la hora, recorriendo el Camino del Inca. Aparte de petroglifos, en el paseo se observa la cristalina cascada de Yeguatiya, el pequeño pueblo de La Falda, con sólo diez casas y sus cultivos de maíz, hasta llegar al Antigal, donde vivieron los antiguos habitantes de Yavi.
El recorrido termina en Yavi Chico, donde se encuentra el museo, que cuenta con una colección de vasijas y objetos que utilizaban los indígenas para subsistir.
Hacia la laguna
Si el visitante cuenta con más tiempo puede conocer también la laguna Colorada. Para llegar deberá atravesar un camino con llamas, vicuñas y burros. El atractivo final es una mina de cobre y más petroglifos.
Además del paisaje, en Yavi hay dos lugares que no se pueden dejar de conocer: la iglesia y la casa del marqués. La iglesia atesora los recuerdos del matrimonio de doña Ana María Mogollón de Orozco y de don Pablo Benavídez de Ovando, que en 1648 comenzaron a levantar el templo. Para esos trabajos llevaron gente de Humahuaca, Tilcara, Casabindo, Cochinota y Sococha. La construcción de las riquezas de la iglesia, con altares de oro, ventanas de ónice y pinturas cuzqueñas, fue terminada en 1690.
Hoy, la iglesia de San Francisco de Asís es celosamente custodiada por Lidia Gamez, que está dispuesta a contar su historia a todo aquel que muestre interés en oírla. Ella tiene las llaves de la pesada puerta estilo español de la entrada. Como todo el pueblo de Yavi, Lidia se prepara para la celebración de Semana Santa.
Ella acogerá en el templo a las piadosas, mujeres vestidas de blanco que hacen promesas a la Virgen la noche del Viernes Santo. Mientras, en las últimas horas del sábado, las doctrinas, señoras vestidas de negro, recorrerán las empinadas calles de Yavi con antorchas, entonando cantos religiosos.
La casa del marqués, al frente de la iglesia, es la segunda visita imperdible de este pueblo del norte argentino. Allí, además de conocer la increíble historia del marqués Juan José Campero Fernández y Herrera, que a los 34 años se casó con Juana Clemencia, hija de los fundadores de la iglesia, de sólo 12, el turista podrá visitar su biblioteca.
Fue entre sus estantes, perdidos entre textos escolares, donde Héctor Tizón encontró dos ediciones originales de El Quijote de La Mancha, la primera, de 1605, y la segunda, de 1615.
En diciembre de 2000, el escritor jujeño advertía que era preferible que nadie le creyera que esos libros originales estaban allí porque iban a robarlos. Sus profecías, desafortunadamente, se cumplieron el 9 de marzo de 2001, cuando los dos tomos desaparecieron.
Mientras gran parte del pueblo ignora la importancia que tuvieron esos libros -ya que la mayoría de los habitantes de Yavi no terminó la escuela (recién este año se implementó el 8° año del polimodal)-, el viento sigue soplando en este pueblo, donde un 30% de las viviendas está abandonado.
Nadie en Yavi puede confirmar con precisión el origen del nombre del pueblo. Hay varias teorías al respecto. Yavi se presenta como un remanso de tranquilidad, donde el recuerdo de nuestros antepasados se cuela para quedarse. Allí, el aire puro ensancha los pulmones e invita a sentarse a contemplar las cimas chatas de los cerros que se chocan con el cielo cercano.

