Amaurota sigue dándonos lecciones
Por Luis J. Grossman
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Borges solía aplicar una fórmula que albergaba, a mi modo de ver, una buena dosis de malicia: antes de enunciar un concepto de carácter bastante hermético o, por lo menos, erudito, colocaba la expresión "como todo el mundo sabe". Por eso, como no estoy en condiciones de suponer que todo el mundo sabe a qué alude la palabra Amaurota -ni siquiera entre los arquitectos- aclaro que es el nombre que Tomás Moro imaginó para la capital de la isla de Utopía .
Y lo cierto es que releyendo algunos capítulos de la genial obra de aquel monje inglés (que, dicho sea de paso, escribió Utopía a los 38 años) que murió decapitado por defender sus ideas, uno recomendaría su lectura (o su repaso) al jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Porque el libro, escrito hace casi quinientos años, cuando describe a las ciudades -y en particular a su ciudad capital- señala, sin dejar de sostener la mesiánica idea de perfección social que postulaba Moro, una serie de características interesantes.
Cada ciudad, en la concepción de Moro, cuenta con seis mil familias, y si se tiene en cuenta que el autor detalla al grupo familiar con no menos de diez ni más de dieciséis adultos, puede deducirse que la población adulta de una ciudad oscilaría en los ochenta mil habitantes adultos, lo que implica no menos de cien mil en total. Ahora bien, esa ciudad se divide en cuatro distritos iguales que conforman sendas comunidades.
Dejando a un lado el detallismo modélico que caracteriza al ideal de sociedad humana propuesta por Moro, a lo largo de los siglos se consolidó el criterio de límites operativos para las poblaciones urbanas (ver al respecto los textos de Jane Jacobs o Lewis Mumford) y las ventajas de esa limitación numérica. Por eso, la idea de descentralización que impulsó Enrique Olivera con tesón para Buenos Aires (que, por otra parte, se materializa en Rosario y en Córdoba) fue apoyada desde distintos sectores, y por eso sorprende que se haya desactivado en los últimos tiempos.
El vocablo acuñado por Santo Tomás Moro fue cambiando de alcance y sentido con el correr de los años, pero siempre es útil volver a revisar el caso de Utopía .



