Amor en construcción
El 1° de julio fue el Día del Arquitecto Argentino. Para recordarlo de un modo diferente, Gustavo Sartorio, Yamila Zÿnda Aiub y Mario Roberto Alvarez, tres arquitectos de tres generaciones, cuentan cómo encontraron el amor de su vida al mismo tiempo que iniciaban sus carreras, en una experiencia que los marcó para siempre
1 minuto de lectura'
Dios los cría, ellos se juntan y en muchos casos proyectan y construyen, se casan y tienen hijos, como Charles y Ray Eames, la famosa pareja de arquitectos norteamericanos que se casó en 1941 y produjo notables contribuciones en diseño industrial y de equipamiento, en artes, diseño gráfico, cine y arquitectura.
Pero éste no es el único caso donde jóvenes con una misma pasión se conocen en las facultades de arquitectura, las preciosas canteras que producen relaciones amorosas y pasionales de distintos niveles de intensidad, donde a veces se confunden los límites entre trabajo y familia, la admiración intelectual y el amor.
Los arquitectos cren que lo que los une es más fuerte y por eso admiten -un poco con orgullo- ser, de todas las profesiones, la que más parejas de colegas tiene. Sin ir más lejos, en los estudios más famosos de nuestro país se da esta curiosa composición (Flora Manteola y Javier Sánchez Gómez, de M/S/S/S/S; María Teresa Egozcue y Guillermo Vidal, de BEV + Pastorino-Pozzolo, por ejemplo).
Para celebrar de un modo diferente el Día del Arquitecto Argentino, que fue el 1° de julio, tres arquitectos de tres generaciones, Yamila Zÿnda Aiub (37), Gustavo Sartorio (51) y Mario Roberto Alvarez (95), propusieron contar tres variantes de la historia, a partir de un texto elaborado que se reproduce en esta página junto con los videos.
-Uno de los libros que siempre recomienda el arquitecto Alvarez es El Manantial. Su autora, Ayn Rand, dijo que no hubiera escrito esta obra cumbre de no ser por su marido. ¿Qué opinan del amor como motor de la profesión?
Yamila Zÿnda Aiub
-El amor es fundamental en la vida y creo que es mi motor profesional. Sin esto sería más difícil encarar otros proyectos. Parte de la admiración mutua que tenemos con Carlos Campos ayudó a intensificar nuestro amor.
Gustavo Sartorio
-Nora Kogan es un puntal que me fue sosteniendo en momentos críticos de mi evolución profesional. Los afectos son la pareja, la familia, los hijos.
Mario Roberto Alvarez
-A mis padres les debo lo que soy. He sido un idealista y, respondiendo a su pregunta, muchas veces he manifestado que soy bígamo: he querido a quienes me han querido pero nunca he abandonado la locura por querer mi profesión.
A continuación se publican los textos preparados por Yamila Zÿnda Aiub, Gustavo Sartorio y Mario Roberto Alvarez
Camino que se bifurca y se vuelve a juntar

Enero 2009
¿Qué es el amor? ¿Cuándo sentimos amor? ¿Qué produce en nuestros cuerpos? ¿Podemos circunscribir al amor sus efectos?
Diciembre 1990
Caminaba por los pasillos de la FADU buscando el taller del arquitecto Justo Solsona. Tenía que inscribirme para cursar Diseño 1 el año entrante. Aconsejada por mi amigo Marito Z., fui a ver la exposición de trabajos en ese taller.

Ya había cursado el CBC, pero la Facultad de Arquitectura seguía pareciéndome un lugar inabarcable, con miles de cuerpos moviéndose por el espacio, un mar de gente, de sonidos que venían de todos lados, un ámbito al cual tardaría años en adaptarme y que finalmente sentiría familiar.

La doble puerta del taller estaba apenas abierta por la mitad. En el momento en que la atravesaba, él intentaba hacer lo mismo. Sus ojos azules profundo, esa mirada penetrante, abstraído en su mundo. ¿Cuál sería ese mundo? Yo quise formar parte de él desde el primer momento que lo vi. ¿Cómo alguien puede tener esa certeza en apenas unos segundos?

Le pregunté si ése era el taller de Solsona, "Sí", me respondió, "pero me estoy yendo. Néstor, podés ayudarla?". Llegué hasta la mesa donde tomaban las inscripciones y pregunté: ¿Ese profesor es de la cátedra?-Sí –respondió Néstor–, es Carlos Campos y está en Diseño 1.
Marzo 1991
Primer día de clases en Diseño, llegué temprano. Me aseguré con mis amigos de años superiores que Campos fuera buen profesor, y lo era. Confeccioné una lista larga de alumnos y arriba escribí "con Carlos Campos". Finalmente concedieron mi deseo.
Descubrí en él un ser hipnótico, escuchaba cada una de sus palabras, la pasión con la que enseñaba, su amor por la arquitectura, el Universo de su mente.
Marzo 1994
Tardé tres años para entrar en su mundo, ya sin proponérmelo en ese momento. Como decía él, un día aparecí; las personas de repente aparecen.
Diciembre 2008
A través de los años nos hemos ido transformando mutuamente, transitamos el amor y sus efectos, la pasión de estar vivos en este mundo tan denso, caminamos de la mano por un camino que a veces se bifurca y otras se vuelve a juntar.
Magia y Pasión

El teléfono no deja de sonar. Atiendo con relativa mala gana...
-Hola!!!
–Hola Gus, no sabés lo que me acaban de ofrecer…
–¿Ofrecer?...
-Si, me ofrecieron que proyecte un crematorio para un cementerio privado nuevo, en el Oeste…
Yo, con más calma: "¿Crematorio? ¿Aldo Rossi se hizo famoso con un crematorio, no? Creo que en… ¿Modena?

-Sí, un crematorio, pero voy a decir que no. ¿Sabés? El tema es horrible y jamás lo haría sola...
En rigor a la verdad nunca pude recordar bien quién de los dos hizo la dichosa pregunta: "¿Por qué no lo hacemos juntos?"
A Nora Kogan la conocí el 7 de mayo de 1988, el día de mi cumpleaños numero 30.
En aquella época mi humor no soportaba las fiestas y había aceptado festejarlo en la casa de mi amigo, el arquitecto Carlos Wahnon.

El músico Gabriel Ogando y una rubia (con quien yo salía informalmente en aquella época) eran mis únicos invitados.
Nora llegó aquella noche, sorpresivamente, de la mano de la arquitecta Judith Binstock. Judith era compañera mía, docente del CBC en el taller de Andrés Mariasch de la cátedra Baudizzone-Manteola de la FADU-UBA.

Aquel 7 de mayo las bebidas dividieron mis festejos. Martinis secos hasta la medianoche (en la casa de Carlos) y mate amargo hasta el amanecer (en el departamento de Nora en la calle Amenabar).
Al despedirnos Nora me dijo que estaba a la espera del "Plan Megatel" y me dio el número telefónico de una obra que estaba haciendo en Belgrano. Anote el teléfono y me fui.
Tardé dos meses en llamarla. La moladora perforaba mi oído a través del auricular.
Del otro lado: "¿holaaaa... quién habla?
-Con la arquitecta Kogan, por favor!
-¿Con quién, don? No escucho…
-La arquitecta No-ra-Ko-gan….por favor!!!" (yo más alto).
-¿Con la arquitecta Nora? Aaah, ya se fue. ¿De parte?
-Del arquitecto Gus-ta-vo-Sar-to-rio...! (a los gritos).
-No me grite don, no me grite... –luego me cortó.
La leyenda dice que Don Vera, el capataz que me había atendido, tuvo la delicadeza de escribir con un ladrillo en la pared SAR-TO-LIO. Fue así como ella me llamó.
Nora era muy diferente de mis parejas anteriores. Lejos de las histéricas, conflictuadas, dependientes e inseguras, Nora se mostraba como una mujer afectiva y muy segura de sus gustos.

Meses después, el famoso llamado del crematorio fue decisivo. Y el "¿por qué no lo hacemos juntos?", el detonante.
Así fue como acordamos reunirnos a trabajar ese fin de semana en su departamento de Amenabar.
Aquel verano de 1989 se caracterizaba por los cortes de luz "programados" en la Capital Federal.
Nora había pensado en todo: un sol de noche nuevo y una linterna de última generación, dos tableros, calco del bueno, calco barato y por supuesto, su mejor sonrisa.
Si mal no recuerdo, ese fin de semana, pese a estar el corte "programado", la luz nunca se corto. Tampoco nunca proyectamos nada del famoso crematorio.
Nos casamos un 9 de noviembre de 1991. Nuestros tres hijos (Luca, Marco y Lara) son reflejo de nuestro amor.
El sol de noche sigue aún brillante y sin estrenar, cual trofeo de guerra, en la baulera de casa.
Salvo un viejo proyecto para la isla de Aruba, nunca más volvimos a trabajar juntos.
Sin embargo, debo reconocerlo, Nora fue el verdadero motor de mi crecimiento profesional.
La magia y la pasión vinieron tiempo después.
Pero eso… eso es otra historia.
Lo que no fue

Yo también novié en la facultad con una condiscípula de un curso posterior, Alicia Anzorena.
Como obtuve una beca de la Universidad (promedio más alto de los 3 últimos años), pasaje ida y vuelta a Europa y 6000 dólares, postergué un año su realización para econtrarme con ella, en parte de su viaje de postgrado.

La encontré en París y en Badel of Rhin (Alemania), Frente a Bon; nos comprometimos.
De regreso en Buenos Aires, ganamos el concurso de Segba Luminotecnia y el 2° Premio del Hotel Termas de Pismanta en San Juan.
No tenía trabajo y mi situación y porvenir económico eran más que grises; yo no podía concretar nada, nos separamos.

Se casó con un Sr. Aguirre, tuvo dos hijas y se separó; una de ellas, Silvina, a quien veo seguido, me llama su "padre putativo".
Continué soltero y me casé recién casi a los 40, cuando mi situación económica comenzó a mejorar y pude ayudar a mis padres y a mis dos hermanos para que pudiesen estudiar sin trabajar.

Renuncié a trabajar en Europa con Le Corbusier y Agust Perret, a mis empleos de escribiente en el CNBA, en el Ministerio de Obras Públicas y en la Intendencia de Avellaneda para ser libre e independiente, para que nadie me obligara a hacer lo que no creía.
La continué queriendo y una vez por año, cuando uno de sus hermanos venía a Buenos Aires, almorzábamos los tres.

Falleció hace pocos meses.
CLICK AQUÍ
http://blogs.lanacion.com.ar/planta-libre/varios/colegas-tambien-en-el-amor/
CONVOCATORIA: Para conocer similitudes y diferencias, invitamos a arquitectos y otros profesionales a comentar su historia de amor entre colegas



