Armonía con la naturaleza
El complejo El Arca del Bosque, realizado en los bosques que rodean la ciudad de Bariloche, fue declarado de interés por las Naciones Unidas; pese a ello, el proyecto sufrió grandes presiones políticas y económicas
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- "Si bien la colonización de un espacio natural es siempre un acto prepotente, la preservación resulta fundamental y permite realizar una obra en un paraíso como éste", señala el arquitecto Rahmo Nehmad, autor de El Arca del Bosque, obra declarada de interés para el desarrollo sustentable por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Hasta cinco familias pueden residir en los diversos pisos independientes de la casa que está construida en un hueco del empinado bosque ubicado a 2,5 kilómetros del centro de la ciudad, en el faldeo del cerro Otto. Con el preciso objetivo del desarrollo sustentable y de rescatar el sentimiento de la naturaleza, El Arca está cubierta con madera de ciprés, columnas internas realizadas con troncos de árboles, múltiples ventanas en oregón chileno y un techo armado con tejuela de alerce.
"Hay una teoría que dice que una imagen ambiental armoniosa posee un inmenso valor potencial para actuar como amalgama psíquica de los habitantes", expresa Nehmad.
Absolutamente sorprendentes son las barandas de las escaleras externas diseñadas con forma de telarañas típicas del bosque.
"Con esta idea quiero dar el aspecto de que esto siempre estuvo aquí, como algo antiguo. Además, la baranda recta tradicional me recuerda las rejas de la cárcel", expresa el diseñador.
Aunque el arquitecto recibe expresiones y mensajes escritos de mucha gente entusiasmada por la imagen de la casa, no olvida a algunos visitantes cuestionadores que le dijeron que El Arca se parece a la casa de Los Locos Adams. Y también admite que a alguna gente le asusta vivir en pleno bosque.
Por el contrario, Ana Karina Moraga, barilochense, que desde hace 3 años, antes de que se inaugurara, vive y mantiene el Arca del Bosque, señala que "lo que más disfruto viviendo acá es estar a salvo de los cercos y de las cosas tradicionales de las ciudades. Me encanta estar en lo alto de los árboles, me da sensación de libertad".
Castaños, pinos oregones, pinos ponderosos, robles, ñirés, radales, plantas de palta, cipreses, cerezos y un arroyo envuelven El Arca, que tiene 100 metros cuadrados de base y 1600 de terreno total, con vista sobre el lago Nahuel Huapi.
Las presiones en contra
Nehmad está decidido a que Bariloche pueda crecer con el verde, no a cambio del verde, y cuenta que debió luchar ocho años para concluir su obra.
"Entre las dificultades que tuve -recuerda-, lo peor fue el enfrentamiento con quienes debían aprobar el proyecto. Tras ser aprobada la obra, el Colegio de Arquitectos de aquí, más bien tradicionalista, protestó, pero como no pudieron fundamentar sus objeciones, me volvieron a dar la aprobación. Tuve muchas presiones en contra, políticas y económicas."
En el interior, cada piso cuenta con living, comedor y cocina integrada, ventanas múltiples entre los árboles y el lago, balcones y pisos de cemento alisado con madera de oregón chileno.
Nehmad cuenta riendo que "un maestro mayor de obra corrió asustado a decirme que el techo se caía. Se trata de un techo con doble curvatura, denominado paraboloide hiperbólico, que sin duda es poco común". En el deslumbrante paisaje de Bariloche, la creatividad, además del amor y el respeto por la naturaleza, son los rasgos fundamentales de El Arca del Bosque, armada personalmente y casi a mano por Rahmo Nehmad.



