Arquitextos: ese síndrome llamado Nimby
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Esa tarde se inauguraba el área peatonal que vincula las dos alas de la plaza San Martín en su encuentro con la avenida Santa Fe y las calles Maipú y Esmeralda. En las charlas que se producen en la víspera de los actos, el arquitecto Carlos Hernáez me recordó con una sonrisa aquel síndrome que se conoce por la sigla Nimby, iniciales de la frase "Not in my back yard", una expresión cuya traducción puede ser múltiple.
Para contribuir a aclarar de algún modo los alcances de este ingenioso nombre, déjenme empezar por el remanido tema del ensanche de las veredas de la calle Corrientes (ya he dicho en más de una ocasión que no me resigno a llamar avenida a la que es nuestra calle por antonomasia), una obra con la cual, más allá de diferencias formales, estoy de acuerdo.
Acontece en esta ocasión lo mismo que sucede cuando se trata de localizar una escuela, o un hospital, o una comisaría, o peor todavía, una cárcel. Toda la sociedad está de acuerdo con la importancia que reviste la construcción de cada una de las obras mencionadas, de las necesidades que vienen a resolver y de las soluciones que aporta a la comunidad su concreción.
Pero cuando se divulga la ubicación elegida empieza la ronda de oposiciones de los vecinos: Not in my back yard! Que sería más o menos: ¡No se metan conmigo! Construyan la escuela, o la comisaría, o el hospital, o la cárcel, pero no en este vecindario.
Es claro, ahora que transitamos la época de Carnaval, que los gobiernos contribuyeron a instalar estas alergias en algunas capas de la sociedad. Al retirar de las calles festividades que son por naturaleza de carácter popular y callejero, con la construcción de algunos engendros que reciben nombres no menos incongruentes, como corsódromo o sambódromo.
Cuando evoco las pasadas de las escolas do samba por las calles cariocas en los días previos al Carnaval, a modo de prueba, me emociono. Porque si es cierto que hay que contar con lugares aptos para que los conjuntos ensayen sin desvelar al vecindario, el desfile ritual tiene que ser en las calles, sin duda alguna, para ser genuino. Encapsularlo es ciertamente absurdo y responde a ese síndrome que está globalizado por su propio rótulo en inglés, que lo define: Nimby.



