Arquitextos: la revista que ha cumplido un siglo
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Como soy naturalmente reacio a recurrir a la pantalla de la computadora para la búsqueda de datos, pues prefiero hacerlo en los anaqueles de la biblioteca (un síndrome que habrá que examinar en detalle en otra ocasión), no puedo afirmar si se trata de un hecho de resonancia mundial. Pero, ciertamente, en el contexto de las muchas publicaciones de arquitectura que uno conoce, ninguna hay que pueda igualar los cien años que acaba de cumplir la Revista de Arquitectura, órgano oficial de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA).
Esta entidad se acerca a la celebración de sus 120 años (fue fundada en 1886), pero la historia de su publicación periódica alcanza ribetes de hazaña, sobre todo en un país como el nuestro, sometido a tantos vaivenes en lo político y lo económico.
El número 212, fechado simbólicamente en abril (ya que la primera entrega se registró el 15 de abril de 1904), lleva como título previsible "100 años" y dedica todo el sumario al examen de lo acontecido y a la evolución del país, la arquitectura y la propia revista durante esa centuria. Son más de cien páginas, de las 184 que totaliza esta edición, con firmas reconocidas y buenas ilustraciones en las que sólo se lamenta la falta de color, sobre todo cuando este recurso no falta en las numerosas páginas de publicidad.
El empleo del blanco y negro resulta lógico en la Revista de la Revista, el artículo que firman Nanette Cabarrou, Aída Daitch y Jorge Ramos, ya que la mayor parte de la colección fue impresa en una época de base monocolor. Hay en esta nota una imagen que me pareció paradigmática de su tiempo: lleva como epígrafe El tráfico en la Avenida de Mayo, es de 1927, y muestra el tránsito automotor por la mano izquierda, una bañadera con abundancia de ranchos (el sombrero rígido de paja que se usaba en verano) y los autos estacionados en el centro de la calzada. Todas las ilustraciones de esta crónica son antológicas (incluso el anuncio de Interieur Forma de 1962), pero destaco el Club de Regatas Concordia, de 1936, y el notable Edificio Kraft, de Sacriste y di Paola, 1940. Me emociona ver los nombres de Enrique García Miramón y Luis García Belmonte, dos talentosos e inolvidables colegas.
No era mi intención trazar un comentario del número 212 de la Revista de Arquitectura (debo decir que me interesó leer los artículos de Odilia Suárez, Justo Solsona -con interrogantes-, Javier Fernández Castro, Carlos Del Franco, Eduardo Gentile y Carlos Méndez Mosquera), pero esto revela su vitalidad y la energía que exaltan sus fértiles cien años.



