Arquitextos: recuerdos en Rotring y papel vegetal
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Una suma de coincidencias me puso en la ineludible condición de poner en orden una multitud de papeles (cartas, notas, libros y revistas) que se fueron acumulando con el mismo efecto del goteo que --de manera lenta, pero ininterrumpida-- puede llegar a formar una laguna.
Es cierto que de lo que habitualmente se publica la mayor parte no supera las expectativas de calidad y profundidad a la que el lector puede aspirar.
Y al incluir esta columna en esa nómina no puedo menos que evocar la célebre frase de Groucho Marx cuando dijo: "No podría en forma alguna asociarme a un club que aceptara a un tipo como yo como socio".
Pero además de las revistas y publicaciones, esta revisión me puso al día con multitud de planos a la antigua, esto es, dibujados sobre papel de calco (muchos incluso con lápices de diferente dureza), y en cuyos rótulos se leen las iniciales de arquitectos muy queridos, calificados y célebres en muy diversos campos de la profesión: Horacio Ravazzani (desde hace años en Punta del Este), Horacio Grosso (lamentablemente desaparecido), Raúl Lier, Mauricio Deveaux, Juan Carlos Herrera, Hernán César Bernabó, Carlos Alberto Sallaberry y, más cerca en el tiempo, Liliana Boffi, Carlos Avalis, Gabriel Benítez, Santiago Pagés y Hernán Sella, entre otros. Como puede verse, no hubo iniciales que pudieran confundirse.
De otros tiempos
Como entre el material revisado hay copias heliográficas e incluso aquellas que se conocían como reproducciones en papel vegetal o copias transparentes, conversé con quien es testigo de una larga etapa (casi medio siglo) del trabajo de los estudios de arquitectura: Juan Antonio Desalvo. Me dice Desalvo, con una sonrisa vagamente melancólica, que hoy los estudiantes no saben ni siquiera qué es una copia heliográfica.
La firma que él integró durante muchos años tuvo su origen en 1913, y el legendario local de la calle Paraná se instaló en 1955. Muchos colegas compraron allí su primera caja de compases --tiralíneas incluidos-- y más tarde los juegos de puntas de dibujo en tinta (primero Graphos y después Rotring), nombres y marcas que quedaron en el recuerdo de los que peinamos canas y tuvimos grafito en la yema de los dedos.
Yemas que hoy en día se deslizan con suavidad sobre un teclado o, a lo sumo, cliquean con el mouse. Así como decía que los jóvenes no registran nombres y marcas que nos eran familiares no hace tanto tiempo, tampoco pudimos prever que hoy manejaríamos vocablos y verbos tales como plotear y backapear, printer, layer, cadista, render, por nombrar sólo aquellos que son más usuales en mi condición de casi analfabeto informático. En fin, reflexiones veraniegas y recuerdos nacidos al compás de la no frecuente acción de poner en orden los papeles.



