Azul sobre azul, y la magia del mar
Esta vivienda es un prisma calado con terrazas que incorporan el paisaje a los interiores
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En la playa de Mar Azul, entre el faro Querandí y Villa Gesell, una casa sobre las dunas lleva el color del mar.
Con proyecto y dirección de los arquitectos Eugenio Ottolenghi, Darío Antonietti e Ignacio Montaldo, esta vivienda para el verano es un prisma calado con terrazas que incorporan el paisaje al discurso de los interiores. "Tuvimos gran libertad para proyectar por parte de la comitente -explca Ottolenghi-. Su sueño era tener la casa frente al mar, verlo constantemente. Y a esa premisa respondimos." La casa solicitada debía ser funcional y flexible; lo estético estaba librado al criterio de los arquitectos. Emplazada en la parte más alta del médano, el mar es su protagonista absoluto.
Los autores reconocen que este tipo de arquitectura austera y esencial no permite establecer un diálogo con el cliente: su contundencia es absoluta. "Pero a la comitente le gustó muchísimo de entrada -recuerdan-, y empezamos a estudiar el proceso para su materialización."
Se trabajó con medidas mínimas y valorando especialmente el aspecto funcional, requerimiento de la comitente. Los dormitorios ocupan la planta baja, vista desde el exterior como un zócalo más cerrado, mientras que la intermedia, la de la vida social, es libre, con acceso directo desde el exterior y un espacio muy flexible e integrado, incluso con la terraza. En el segundo nivel se ubicó la suite, con otra terraza que participa del espacio global exterior inscripto en la matriz prismática que encierra el volumen de la vivienda.
Los dormitorios de la planta baja se proyectaron a la manera de vagones de tren. El baño de esta planta es como un vestuario, lo pueden usar varias personas a la vez.
Se intentó también aprovechar al máximo los espacios exteriores. En este sentido, "es tan impresionante el mar como el horizonte hacia el verde que se genera desde la terraza más alta", dicen los autores. En el eje imaginario de la casa (señalado en el centro de la pileta en la terraza), el paisaje cambia de mar a verde. Sobre el lado del bosque es posible ver, por encima de los árboles, el resto de la edificación de Mar Azul.
El sistema constructivo utilizado, industrializado liviano modular, permitió tener la casa terminada en tres meses: uno de adaptación de la ingeniería, uno de taller, y un día y medio en obra para el armado. Luego, otro mes para las instalaciones y terminaciones in situ.
Desde el taller y lista para usar
La casa no podía ser de otro color que no fuese azul, porque la representa: no tiene materiales naturales ni del lugar. No compite con los colores naturales, y evita el arena y el verde.
El sistema se adaptó bien al proyecto, ya que se había trabajado con módulos; la casa se construyó en taller y fue transportada en camiones y montada sobre la duna. Cada módulo tiene todo incluido: en el sitio se vincularon las instalaciones entre los niveles y se colocaron las placas de revestimiento sobre las uniones entre módulos.



