Basilico y la fotografía esencial

El arquitecto italiano expone hasta fin de mes en el Museo de Arte Moderno
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23 de enero de 2002  

La contemplación -a la vez admirativa y movilizadora- de las fotografías de Gabriele Basilico, artista milanés que expone en el Museo de Arte Moderno, depara experiencias y reflexiones.Y si ese recorrido culmina con una pausada conversación con el autor, la vivencia se enriquece y se completa. Porque GB es, antes que fotógrafo, arquitecto (se graduó en Milán en 1973), y maneja un sólido lenguaje de luces y sombras, texturas, vacíos y llenos, espacios, transparencias. Todo en una sintaxis medida que se expresa en blanco y negro en una búsqueda de lo que Basilico define como esencial.

"No estoy en contra de los avances técnicos, no soy un reaccionario. Me interesa el mínimo de complejidad; para mí la fotografía está en la mirada y el resto es, según lo veo, muy elemental." Dice que no puede juzgar los resultados de la foto digital: "Se experimenta y yo ya estoy un poco viejo (no tanto, nació en 1944) y soy feliz en el medio de la calle con mi cámara y el trípode. Respeto mucho las reglas clásicas."

Cuando examina la larga historia de la fotografía, Basilico señala la existencia de dos caminos: uno donde la persona está en el centro (Cartier Bresson) y otro, donde el espacio y el tema urbano pasan a ser los protagonistas. Por otro lado, y acerca de la idea de un vacío expresivo, están los que ven en la fotografía los efectos de un espejo o una ventana. Y al ver la obra de nuestro colega no resulta difícil advertir cuál es su postura: la segunda y la primera en las dos duplas.

Hay en los fotogramas que integran el libro Cityscapes (que condensa 15 años de trabajo y del que deriva la muestra del Mamba como "un zoom de las fotos del libro"), una visión casi cinematográfica de la ciudad. Y el singular vale aun cuando son muchos los escenarios elegidos por el autor, ya que las vibraciones captadas por su cámara (sea en Valencia o en Berlín, en Milán o en Beirut, en Trieste o en Palermo) se traducen en lugares casi iguales.

"Para mí -dice Gabriele-, fotografiar la ciudad es como hacerle una endoscopia", lo que explica acaso la ausencia de figuras humanas (como no sea en algunos afiches) en paisajes donde se abarcan vastas extensiones de conjuntos urbanos. Se niega a explicar cómo lo logra y, como no le gusta madrugar, nuestra conjetura acerca de fotos al amanecer no funciona. "Pienso que vivo una lucha contra la velocidad; como Kundera, valoro la lentitud. Y en ese sentido, me gustan en cine creadores como Antonioni, Wim Wenders o Ermano Olmi."

Coincide con nuestra visión de un grado cero de la fotografía en sus escenas metafísicas; evocamos a De Chirico y, al recordar la figura de Horacio Coppola (que usaba su boina negra para cerrar y abrir el objetivo) reconoce que también él acude a un paño negro. "Después de todo, la foto sigue siendo un agujero, una película y la realidad. No es nostalgia, es la esencia, y me gusta que sea así."

Un encargo ambicioso

Laura Buccellato, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba), se propuso lograr el concurso de Basilico para una colección de fotografías de Buenos Aires.

El artista milanés ya recorrió la zona de Barracas (que le gustó) y quedó fascinado por un atardecer en el pasaje Barolo. Según dijo, fue su "aperitivo" para el posible trabajo porteño, una tarea que requeriría no menos de un mes en la ciudad. El proyecto de Laura Buccel-lato es ambicioso, pero viable.

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