Biblioteca digital bajo un techo verde
Proyectado por el estudio Mecanoo, el edificio de la Universidad Tecnológica de Delft, en los Países Bajos, revaloriza el lenguaje moderno, al tiempo que recurre a la liviandad de la tecnología y a la ambigüedad de los espacios
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DELFT (Holanda).- Si hay algo que distingue a esta ciudad a mitad de camino entre Rotterdam y La Haya son los pequeños canales y la impronta de su universidad. La escasa altura de los edificios, el trazado de los canales y la antigüedad de las construcciones que datan muchas de ellas de los siglos XIV y XV, han dado pie a que muchos la bautizaran como la pequeña Amsterdam .
La Universidad le confiere a la ciudad un dinamismo y una alegría propios de los centros estudiantiles. Aunque el motivo de la visita a Delft no fuera ver buena arquitectura, la gentileza de la ingeniera Marcela Laguzzi, una argentina que reside en Holanda hace más de 10 años, nos permitió conocer un edificio que por su diseño se inscribe en la acotada lista de las construcciones memorables.
Concluido a fines de 1998, el edificio de la Biblioteca de la Universidad Tecnológica de Delft -que aloja los 80.000 libros de la Universidad- se desarrolló sobre una superficie de 15.000 m2 a un costo de 30 millones de dólares.
El edificio contrasta con una construcción lindera, un auditórium hecho en 1955 por los arquitectos Van Broek & Bakema que realizaron un edificio brutalista con muros y cubierta de hormigón. En oposición a éste, el diseño efectuado por Mecanoo -un grupo de jóvenes profesionales que posee su estudio en Delft- planteó una construcción pensada más como un paisaje que como un edificio. Dicha propuesta transforma el sitio en una amplia cubierta de césped bajo la cual se encuentra la biblioteca.
El partido adoptado permite alcanzar dos objetivos: recuperar la superficie del edificio como plaza verde y crear una agradable expansión que usan los estudiantes para leer o almorzar los días soleados. Por sobre la cubierta emerge un gran cono blanco que la atraviesa y se convierte durante el día y la noche en símbolo de la biblioteca. Este cono remata en una forma abierta y cuenta con una abertura vidriada central que ilumina los cuatro niveles que, con espacios para la lectura, se conectan mediante una escalera helicoidal.
En el interior, la gran cubierta verde abriga una vasta área de lectura, con capacidad para mil estudiantes, que ocupa casi todo el predio. La sala de lectura se expande en todas las direcciones y se cierra con grandes muros de cristal en sus tres lados expuestos. Uno de los pocos puntos de atención de la sala es una gran biblioteca con fondo azul, de tres pisos, que contiene los libros más consultados.
La pared con libros además de otorgarle un singular colorido proveniente de los lomos de las publicaciones representa, en un ámbito en el que predominan las computadoras, un símbolo de acercamiento con los lectores. Los muros materializados con cristales dobles poseeen rajas horizontales que proveen ventilación a la vez que disminuyen la escala de las fachadas.
Es interesante la solución de la cubierta, que brinda una importante aislación al interior del edificio al hacerlo menos susceptible a los cambios de temperatura, al tiempo que provee una muy buena insonoridad y gradual evacuación del agua de lluvia retenida por su vegetación.
Visitar la biblioteca es deleitarse con la arquitectura. Parte del encanto del edificio está en el sutil manejo de ciertas contradicciones y sobreentendidos. Por ejemplo, en la planta de acceso bajo el gran cono central, aunque uno suponga que se acentúa algún uso significativo, no hay ninguna función fundamental, sólo el mostrador de entrega de los libros que se guardan en el subsuelo. Por otra parte, la gran sala de lectura recibe iluminación cenital a través de una raja de vidrio materializada en el encuentro entre el cono y la cubierta verde.
Otro sutil juego de contrastes y ambigüedades se produce por el manejo de la liviandad de los cuerpos: el pesado cono apoya sobre delgadas columnas de acero inclinadas y la gran cubierta verde se sostiene en columnas de acero que reducen su sección en lugar de ensancharla, como haría un capitel en el encuentro con el techo.
Por otra parte, la gran sala de lectura, amplia y transparente, produce una sensación de exaltación de la espacialidad; no posee una sola función y no tiene límites claramente marcados. En lugar de priorizar un orden abstracto, Mecanoo planteó un lugar abierto, pleno de luz y actividades, y sin duda no convencional.
Talento para la diversidad
Si bien ahora Mecanoo trasciende entre nosotros gracias a la exposición que se puede ver actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (que recopila fotografías y maquetas, incluida la de la obra que se presenta en este número, en escala 1:50, y un sector de lectura con documentación gráfica y escrita, especialmente creada para esta muestra recientemente llegada de la Bienal de Arquitectura de San Pablo), el estudio ya alcanzó el reconocimiento de colegas y comitentes. Mecanoo emplea actualmente 50 personas, que trabajan en una diversidad temática y de escala de proyectos llamativos: en 15 años construyeron 80 proyectos, que van desde restaurantes, hoteles, bibliotecas, laboratorios y complejos universitarios hasta vivienda social y parques, que revelan un talento infrecuente para fusionar en forma armónica conceptos ambientales, tecnológicos y estéticos.
Culto a la tradición
Una muestra de la gran coherencia y respeto de los holandeses por su arquitectura fue la presentación del arquitecto Henk Döll el viernes último, en la Universidad Di Tella, frente a un escaso y pasivo público (en su mayoría compuesto por arquitectos) que, al final de la exposición, se manifestó satisfecho a pesar de no haber hecho preguntas al invitado, aunque la potente austeridad del discurso y de las imágenes lo hubiera ameritado.
Lo cierto es que fue muy interesante escuchar y ver la propuesta del estudio Mecanoo Blue, que trabaja sobre la base de un concepto fundamental, la reflexión-acción : cuál es el rol del arquitecto a la hora de proyectar y diseñar. Según Döll, debe ser el de un professional expertice , el que tiene en cuenta las condiciones del entorno natural para aprovechar las energías no contaminantes y minimizar los consumos.
Un centenar de diapositivas mostró la evolución del estudio que, más allá de sus proyectos de diferentes escalas (primero viviendas, y ahora planeamiento urbano), demuestra una preocupación por reinterpretar la tradición arquitectónica holandesa y por su adecuación a su contexto geográfico y natural, toma la flexibilidad de las estructuras de los edificios de fin del siglo XIV al XVI, su composición por estratos (basamento, desarrollo y remate), la combinación de materiales regionales, idénticas paletas de colores y su íntima relación con el agua, el aprovechamiento de la cubierta de los edificios, y una tipología de conjuntos de viviendas repetida de manera constante, para solucionar los problemas de la alta densidad de sus ciudades.
También se refirió a la Biblioteca de Delft, que se destacó por su composición a partir de un juego de palabras como vidrio-pasto ( grass-glass ), que supone oposición y complemento a la vez.



