Construcción moderna con carácter patagónico
La fachada se integra al entorno con materiales autóctonos y en el interior predominan los detalles de confort
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El turismo en la Argentina crece a un ritmo acelerado y con él, la capacidad hotelera. El Calafate fue uno de los sitios que con más urgencia debió responder a esas necesidades, siendo hoy uno de los destinos preferidos por el turismo extranjero. Tras ese objetivo, en diciembre último se inauguró el Calafate Parque Hotel: "Una obra nueva, pensada como un típico hotel cordillerano y andino, pero sin descuidar los detalles de confort y categoría", explica el arquitecto Claudio Wainberg, que junto a los arquitectos Sergio Paz y Héctor Pérez, del estudio PWP, se encargaron del gerenciamiento de esta obra.
El hotel posee 2800 m2 y está en la esquina de las calles 7 de Diciembre y Gobernador Gregores, dentro del casco urbano, a una cuadra del pulmón comercial del lugar. "Se construyó en el centro para aprovechar los beneficios del turismo extranjero, que llega en avión y no desea transportarse hacia las afueras", explica el arquitecto Pérez, privilegiando esa cercanía por sobre las vistas a los paisajes naturales.
Con sello cordillerano
La construcción respeta el estilo cordillerano patagónico con la finalidad de que la población se identifique con ella. Mediante la utilización de piedras areniscas de la zona, madera de lenga -característica de la Patagonia-, tirantería en pino Elliotis de la maderera local El Paraíso y texturas rústicas, el hotel se incorpora desde su fachada al paisaje sureño.
Además, para cumplir con los plazos se recurrió al sistema constructivo integral sismorresistente y aislante termoacústico Cassaforma, conformado por paneles de dos mallas de acero de alta resistencia, vinculados entre sí por conectores electrosoldados, entre los que se intercala una placa de poliestireno expandido.
Luego de su montaje, a estas placas se les aplica una capa de concreto por medio de dispositivos neumáticos de proyección manuales o continuos. "Así, el sistema cumple la función estructural, de aislación y cerramiento, y es, además, un vehículo de expresión arquitectónica porque su maleabilidad le permite adoptar diversas formas", explica el ingeniero Eduardo González Fernández (Cassaforma).
El hotel, de cuatro estrellas, es un volumen único en forma de L, desarrollado en cuatro plantas. En la planta baja están la recepción, la sala de estar y el restaurante, con un ala de servicios que abastece al edificio; las primeras dos cuentan con 23 suites junior y 2 suites senior, con instalaciones para discapacitados en uno de los pisos; la tercera se destina al sector de spa y gimnasio.
Para concebir la circulación se utilizó un sistema de peine doble con pasillos internos de 1,60 m, que permiten el cruce de circulación; un ascensor principal y otro de servicio; una escalera de emergencia y otra ubicada en el centro, que funciona como punto articulador de las dos alas.
"Es una obra básica en su concepción, en la que la arquitectura acompaña una necesidad. No pretendimos diseñar un hito arquitectónico, sino ser la envolvente de una usina de servicios importante para el turismo", concluye el arquitecto Sergio Paz.



