Daniel Libeskind puso atractivo en un debate que sólo empieza
Sus contrincantes fueron conocidos críticos neoyorquinos
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NUEVA YORK.- Para un no iniciado, pocas cosas pueden tener un efecto más soporífero que un debate sobre arquitectura contemporánea. Salvo que aparezca Daniel Libeskind en escena: no hay musical de Broadway ni encuentro de Tyson o Hollyfield en el Madison Square Garden que reúnan la cantidad de teatralidad, arte y violencia que el responsable del Museo del Holocausto de Berlín logró inyectar en la audiencia que lo acompañó, el 27 de septiembre último, en la Sociedad Histórica de Nueva York.
El tema, en apariencia, no tenía nada de nuevo: Monumento y Memoria era el título. En la Gran Manzana no se habla de otra cosa desde que, hace unos meses, se hizo público el plan de hacer algo en el terreno dejado por las Torres Gemelas. Libeskind -cuya firma está entre los grupos elegidos para presentar un proyecto para el lugar- estaba naturalmente a favor de que ese algo fuese una construcción.
Sus contrincantes eran Leon Wieseltier, el editor literario de la revista The New Republic, y Sherwin B. Nuland, autor del libro Cómo morimos (Knopf, 1994). Para ellos, algo debía ser un jardincito, o, mejor aún, un vacío completo.
Libeskind dio el puntapié inicial: dijo que si bien todo el mundo sabe que la literatura puede abordar el trauma, el tiempo y la memoria, pocos se dan cuenta de que la arquitectura puede hacerlo igual de bien. Para probarlo presentó cuatro de sus propios proyectos: una urbanización para la ex sede de las SS en Alemania Oriental (jamás construida); el diseño para un museo que albergará las obras de Felix Nussbaum, un pintor judío que murió en Auschwitz; el Imperial War Museum en Manchester y el Museo Judío de Berlín.
Pero la arquitectura, agregó, también debería moverse hacia "una vida mejor, una nueva topografía". Mostró un pequeño corte en las paredes del Museo Judío que permite que entre un rayo de luz. "Uno no puede ser un arquitecto si no es un optimista", explicó.
Esto pareció molestar a Wieseltier, autor de Kaddish (un libro sobre el luto). Dijo que era "grotesco tomar ese espacio como un parque temático para la arquitectura avanzada", y que el recuerdo debía ser con palabras y ritos. Entre las cosas con las que el 11 de septiembre acabó, dijo, estaba "el culto a la arquitectura". Nuland lo apoyó pero dijo que sólo la naturaleza puede ayudar a sanar. "Por eso propongo un jardín de meditación silenciosa", agregó.
Libeskind, que hasta ese momento se contenía con evidente dificultad, explotó. "Es la especialidad de la gente superficial pensar que la literatura puede reemplazar al espacio verdadero", gritó, ante una audiencia paralizada. El arquitecto continuó defendiendo los edificios contra las palabras. "Siempre fui un crítico de Heidegger, de su idea nazi de que las palabras son el hogar del hombre. El hogar del hombre es su casa", afirmó.
Saltó Nuland. "Me ofende pensar que va a existir arquitectura en ese lugar, porque en última instancia la arquitectura siempre es sobre el arquitecto. ¿Qué le va a saltar a la cabeza a la gente cuando visite el sitio de los atentados? ¿El nombre Libeskind? ¿El nombre Gehry?", contratacó.
A lo cual Libeskind respondió que esa idea de la arquitectura era fascista. "No hay más grandes de la arquitectura . No hay más Le Corbusier, no hay más Mies van der Rohe. Sólo constructores que trabajan para la gente", dijo, frente a lo cual la gente del auditorio comenzó a protestar.
Wieseltier se quedó con la última palabra. "Lo que nos divide es el materialismo, no la arquitectura", dijo.
El 26 del actual, la Lower Manhattan Development Corporation, la agencia gubernamental para la reconstrucción del World Trade Center, anunció la selección de seis grupos de arquitectos internacionales para estudiar el futuro del sitio.
Más de 400 se presentaron originariamente. Ahora, cada grupo recibirá U$S 40.000 como pago, y dentro de dos semanas, recibirá las condiciones que los proyectos deben cumplir, que todavía se están discutiendo. Eso les dejará seis semanas para completar los trabajos, que deben estar listos a fin de noviembre. Todavía no se sabe si uno, o más de uno, o ninguno, será elegido.
Los grupos son: 1) Daniel Libeskind, Berlin; 2) Foster & Partners, Londres; 3) Richard Meier, Peter Eisenman, Charles Gwathmey y Steven Holl, Nueva York; 4) United Architects : Foreign Office Architects (Londres), Imaginary Forces (Nueva York), UN Studio (Amsterdam), Greg Lynn (Los Angeles), Reiser Umemoto y Kevin Kenon (Nueva York, con el argentino Pablo Jendretzki a cargo del proyecto); 5) Skidmore, Owings and Merrill (N.Y.), asistidos por Tom Leader (Berkeley), Michael Maltzan (Los Angeles), Neutelings Riedijk (Rotterdam), Field Operations (Philadelphia), SANAA (Tokyo) y cuatro artistas, Iñigo Manglano-Ovalle, Rita McBride, Jessica Stockholder y Elyn Zimmerman, y 6), Think , compuesto por Shigeru Ban (Tokyo), Frederic Schwartz, Ken Smith y Rafael Viñoly (Nueva York).



