De antigua casona a hotel para turistas
La casa es considerada bien patrimonial
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Frente a la catedral de San Isidro, en la Avda. del Libertador 16170, una antigua casona neoclásica de 1892 y catalogada como bien patrimonial, acaba de convertirse en el hotel Del Casco. La rehabilitación y la refuncionalización estuvieron a cargo de la diseñadora industrial Betina Ruzal, con la asistencia técnica del arquitecto Jorge Gaziglia, con decoración y ambientación de Estela Bogner, y los ornamentos fueron restaurados por la escultora Nélida Demarchi.
El hotel está pensado para el movimiento local de turistas y de invitados y familiares de los vecinos de la zona; de los ejecutivos que buscan un lugar fuera del centro porteño, y de los visitantes internacionales que prefieren una base de residencia en la zona norte. Desarrollado en una sola planta, el hotel cuenta con doce habitaciones con baño privado completo. Para la rehabilitación, se recuperó la mayor cantidad posible de elementos originales de la vivienda que durante casi treinta años funcionó como depósito de mercaderías, y en los últimos veinticinco fue alquilada para diversos usos. Pero afortunadamente no sufrió reformas y mantiene su carácter original. Los elementos más afectados por la falta de mantenimiento eran los revoques exteriores y los cielos rasos; los ornamentos de las fachadas y muros interiores habían casi desaparecido bajo innumerables capas de pintura. Pero sobre todo el desafío se centraba en la adaptación de una vivienda suburbana centenaria a las pautas actuales de confort, con máximo respeto por los elementos originales.
Facilitó la tarea de adaptación el gran sótano transitable que tenía la casa, y que se utilizó para canalizar los servicios de instalación sanitaria y eléctrica, cableado estructurado para la red de computadoras, telefonía y televisión por cable.
Con el fin de devolverle a la construcción su carácter, no se tocaron los muros originales y sólo se refuncionalizaron los sectores destinados a sanitarios. Se utilizaron sistemas de construcción en seco livianos a fin de no modificar la estructura primitiva.
Lucernario, tallas o espejo biselado
Un lucernario de vidrio corredizo, totalmente restaurado, es otro elemento típico de los adelantos de la arquitectura de los últimos años del siglo XIX, y permite abrir el patio interior los días de buen clima.
Los detalles incluyen roperos antiguos con espejos biselados y tallas, arañas de cristal o bronce con caireles, cuadros, tapices y antigüedades para ambientarlos. El mostrador de recepción, por ejemplo, perteneció a una antigua estación de ferrocarril, y conserva sus sellos y chapas identificatorias. Todo en una envolvente de colores vedes y rojos, sobre los que se destacan aún más los objetos únicos. Incluso los baños tienen un aire antiguo, con sus bañeras con patas.



