De Carlo, Pesci y el CEPA
Por Luis J. Grossman
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Un equipo de trabajo que se mantiene sin renuncios a lo largo de veinticinco años es, en un país como el nuestro, un caso digno de estudio. Digo en un país como el nuestro refiriéndome a sus vaivenes económicos y políticos, a la secuencia de crisis en el campo de la construcción que desestabilizan a empresas, sociedades e, incluso, amistades.
Por eso, no me canso de distinguir un ejemplo tan excepcional como el del Centro de Estudios y Proyectación Ambiental (CEPA), que cumple este año un cuarto de siglo de actividad ininterrumpida y se muestra siempre a través de trabajos significativos, activa labor académica, participación en seminarios y congresos de carácter internacional, publicaciones de muy buen nivel y, en lo estrictamente profesional, numerosos y calificados proyectos urbanos.
Estos veinticinco años del CEPA se celebran con muchas realizaciones en diversos campos de su quehacer. Por una parte, empezó a editarse la segunda etapa de su revista Ambiente; marchan hacia una esperada concreción en la sede de la Unesco en París las negociaciones para declarar a La Plata (la ciudad donde nació y trabaja el CEPA) como Patrimonio de la Humanidad, un proceso que fue iniciado por este infatigable grupo multidisciplinario; acaba de aparecer La ciudad de la urbanidad , el último libro del arquitecto Rubén Pesci, que es el fundador y líder natural del equipo que nos ocupa; y por fin llega a Buenos Aires dentro de pocos días el arquitecto italiano Giancarlo de Carlo, invitado por la Fundación CEPA ,para entregarle un premio especial de la entidad (que dicho sea de paso fue la primera en divulgar su obra y sus conceptos proyectuales en forma sistémica en nuestro país).
Los dichos de Pesci
Desde aquellos primeros volúmenes editados por el CEPA, modestamente impresos casi a la manera de apuntes universitarios, hasta este libro pulcramente editado por Kliczkowski Publisher han pasado muchos años y aconteceres. Se han asentado conceptos -la misma noción de Ambiente tomó un protagonismo que no tenía hace 25 años- y han madurado ideas.
Acaso haya que observar, como remanente de aquellos primeros mensajes pioneros, un tono enfático y sentencioso que adquiere muchas veces un espesor axiomático que resulta, a mi modo de ver, sobredimensionado.
De manera distinta de otros ensayos que comienzan en forma gradual, con escritos livianos que van tomando volumen a medida que se avanza en la lectura, el libro de Pesci ofrece, desde la página 3, una sucesión de textos fuertes. Así, comienza con una presentación de Ramón Folch (ese doctor en biología, catalán, que, siendo consultor ambiental de la Unesco, es a la vez secretario general y asesor internacional de la Flacam), que es enjundiosa como propuesta intelectual y gratificante como literatura.
En tanto algunos de los párrafos de Folch reflejan mis propias opiniones, me tomo la libertad de transcribirlos: "La ciudad es un invento antiguo. De modo que este libro se refiere a obviedades caídas en desuso. A Rubén Pesci no va a molestarle que lo haga notar. El racionaliza y expone con elegancia cosas que fuimos olvidando. Por ejemplo, que hicimos la ciudad para concentrar servicios y no para acumular problemas. Crear ciudades fue una decisión fisiológica".
Evocando a Las ciudades invisibles de Italo Calvino, Pesci expone su ideario en seis capítulos y un epílogo. La ciudad de la urbanidad es una buena forma de apuntalar estos primeros veinticinco años del grupo de arquitectos platenses.



