Delamar: junto al puente de La Barra
El edificio en tres cuerpos rodea la silueta del arroyo y contiene un paseo peatonal público
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Paradores de moda, playas de moda, bares de moda. En medio de las temporadas que llegan y pasan con sus furores de turno, Punta del Este y la Barra de Maldonado resguardan varios secretos de su éxito con recelo: lo son el puerto, Gorlero encendida por las noches, la Punta, los bosques inmensos, y el puente ondulante, entre tantos otros atractivos.
Y en este último punto, allí donde el arroyo Maldonado tiene su desembocadura en el mar, a apenas 14 metros del puente y su oleaje de vehículos yendo y viniendo de las playas, aparecerá un nuevo edificio que planea ser icono de la ciudad.
Bautizado como Delamar, este proyecto desarrollado por Enrique Etchebarne Bullrich y con el diseño del arquitecto uruguayo Omar de Santa Ana, convive en forma directa, sutil, casi inmaterial, con el alrededor de agua y bosques: "No queremos competir con el puente, pero que sí el edificio sea simbólico -explica Etchebarne-, con una arquitectura sofisticada, pero amigable para quienes vienen aquí buscando relax y tranquilidad".
El terreno es, definitivamente, único. Al reparo de los vientos, con frente de 500 m sobre la desembocadura del arroyo y con el bosque como contexto de privilegio, ocupa 15 mil m2 con vistas francas, aprovechadas todas por el proyecto. En el master plan se contempló un sector residencial en tres volúmenes conectados visualmente por losas cosidas, con planta baja libre y una altura de 4,5 m para que las vistas del arroyo, aún desde la ruta 10 que costea el edificio, a 50 m de distancia, sean abiertas.
"El espíritu del proyecto radica en la sensación de liviandad, inmaterialidad, cuidado del paisaje -comenta el arquitecto Santa Ana-. Por ese motivo, se desarrolló la volumetría general como flotando sobre el terreno lo que, junto con la desmaterialización de los halles de acceso a los distintos cuerpos del edificio, permite el flujo de visuales hacia el agua."
Conectado entonces con la naturaleza, el remate superior también la invoca y se entromete en ella como un aladelta o como un boomerang que bajan a la playa (según con qué ojos imaginarios se lo mire) y transforma los tres cuerpos en una entidad única, con terrazas con parrillas y minipiscinas pertenecientes a los pent-houses, y que permite ocultar bajo sus formas las cajas de ascensores y los tanques de agua.
La curva del terreno se ve así acompasada por el edificio, que combina materiales como el hormigón y el cristal con la madera de lapacho que cubre, entre otros sectores, el área de servicios de cada unidad, utilizada para contemporizar con el lugar. "Con esta curvatura particular, todos los departamentos ven el agua sin interferencias visuales con los vecinos", destaca Santa Ana.
Planes para el relax
Columnas de formatos diferentes, casi escultóricos, son las únicas bases visibles de los tres cuerpos de departamentos, dado que los bloques de ascensores y escaleras son cajas de cristal biselado. Hasta las cocheras subterráneas (dos por departamento) entran en este juego de visuales gracias a una serie de lucarnas que aportan luz natural al subsuelo y a un jardín, ubicado en el núcleo central, abierto desde el techo. "Los balcones, incluso, entran en este sentido estético con barandas livianas de estilo náutico, con tensores de acero", relata Etchebarne.
Una empalizada de troncos en el jardín en doble altura divide las áreas residenciales de los servicios de un spa de 500 m2, la piscina y el gimnasio, ligados por completo a la playa. La piscina de borde finlandés tiene 50 m por 14, pero sólo un sector de 25 m está habilitado para nadar (incluso contracorriente), y el resto funciona como espejo de agua-estanque, intercalado por pequeñas islas de vegetación y lucarnas redondas de distintos tamaños que permiten iluminar el spa, el sauna y el gimnasio, semienterrados a la altura del agua.
Precisamente es el agua la que marca otra característica interesante del master plan: dado que éste es un terreno de gran exposición y que precisaba un proyecto a su medida, se contempló en el proyecto el desarrollo de un paseo público sobre el arroyo.
"Son 250 m de recorrido sobre la playa, con una primera mitad construida al modo de un espigón de piedra, y la segunda, sobre una pasarela de madera en contacto permanente con la orilla, para que la gente camine y viva este espacio tan particular", dice el desarrollador.
Imágenes para un terreno emblemático
Rumbo a la Barra de Maldonado, tras cruzar el puente, ya se puede ver los primeros pasos de Delamar. Pero el camino hasta esta etapa no fue sencillo porque se trató de un proyecto especial que el gobierno de Uruguay aprobó tras varias propuestas y cambios para adaptar la fisonomía arquitectónica a los requerimientos de la ciudad y la protección del paisaje circundante. "Realizamos un concurso de imágenes con prestigiosos estudios de arquitectura de la Argentina y Uruguay -explica Etchebarne-, y resultó ganadora la imagen que presentó Omar de Santa Ana, de Montevideo, por la sensación de liviandad que ofrecía."
Entre los requerimientos del gobierno, estaba respetar a rajatabla el FOT y el FOS permitidos (0,9 y 20 por ciento respectivamente), se redujo el metraje (15 mil m2 construidos), la planta baja quedó libre y en derredor se armó un paseo público.
Amenities, toda una prioridad
Además del spa a nivel del agua, con vestuarios, saunas, sala de masajes, playroom y salones para reuniones (asimismo, ojos de buey que permiten ejercitarse en una cinta o una bicicleta fija sintiéndose dentro del mar) para los 44 departamentos, las propias terrazas cuentan con jacuzzi al aire libre, pequeñas piscinas y parrillas para usar en privado.
Las habitaciones de todas las unidades -que van de 135 a 285 m2- son en suite y las principales poseen la mejor vista; a cada propietario le corresponden dos cocheras, bauleras en el subsuelo y estacionamiento para visitas. En cuanto a los valores en los que ya se está comercializando el emprendimiento, se calculan en 2500 dólares el metro cuadrado.



