El Alvear Palace recupera sus antiguos esplendores
La planta baja, ahora como en 1932
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Diseñado según la planta de los transatlánticos de lujo, anclado por siempre en las barrancas del Río de la Plata, el Alvear fue el primer hotel de Buenos Aires que le puso proa a los sueños de grandeza de la elite porteña. Para muchas generaciones de argentinos que vivieron esos años dorados, cruzar la puerta giratoria y poner un pie en el lobby de tan afrancesado edificio era como zarpar a París sin equipaje. Un viaje que duraba lo que un té con masas en el Roof Garden o un baile de gala en sus salones decorados a lo Versalles. Ese estilo le dio prestigio en la industria hotelera internacional.
Inaugurado en 1932, su robusta estructura ha llegado intacta al siglo XXI, pese a que el tiempo y los criterios de conservación de los sucesivos propietarios transformaron aspectos característicos de su identidad. Pero desde que hace poco fue declarado Patrimonio Arquitectónico e Histórico de la Ciudad, y dada la creciente competencia entre las cadenas cinco estrellas en Buenos Aires, el Alvear -controlado por capitales argentinos- comenzó una renovación destinada a devolverle la magnitud de su belleza y estilo originales.
La titánica tarea comenzó el 5 de enero último con el cierre temporal de las habitaciones ubicadas en el sector de la ochava (sobre la avenida Alvear), y cuyo exterior (unos 2500 m2) permaneció cubierto por un gran telón que reproducía el frente y disimulaba el laberinto de andamios donde se trabajaba para dar con el revoque símil piedra parís hecho por los inmigrantes italianos que participaron en la construcción.
Cumplida esa etapa de la obra, hace quince días el hotel quedó cerrado al público (la cancelación de reservas fue prevista en noviembre de 2003) para ejecutar la segunda parte, que comprendió la puesta a punto del lobby y los salones de la planta baja. Durante siete días, unas 200 personas, dirigidas por arquitectos del estudio Báez-Carena-Grementieri, trabajaron las 24 horas en el decapado de los 700 m2 de boiserie de la recepción.
La maderas de caoba y peteribí habían quedado oscurecidas por capas de pintura, lo que le daba al acceso de pasajeros un aire sombrío. La madera luce ahora su tono natural, detalle que permite crear la impresión de un espacio más amplio y luminoso. También cambiaron placas resquebrajadas de mármol Calacata y Carrara del piso, especialmente en la zona de L´Orangerie, donde se concentra el tránsito de comensales.
Se doraron los capiteles corintios de las columnas del bar junto con las puertas de los tres ascensores principales, proceso que alcanzó las paredes y frisos del salón Regence, donde se restauraron carpinterías y herrajes. Aprovechando la ausencia de turistas y empleados, se mandó a limpiar los cortinados y tapizados de sillas y sillones del lobby bar y del salón de té. Todo contra reloj y, según sus responsables, a un costo cercano a los 200 mil dólares, mientras que la restauración total de la fachada estiman que rondará el millón y medio de pesos.
Si no fallan las previsiones, antes de fines de año habrán concluido las obras en el tramo que abarca Ayacucho y Posadas, también la próxima ampliación del Health Club y de algunas suites.
La construcción del Alvear demandó alrededor de 10 años. Consta de 11 pisos y cinco subsuelos, con salones estilo Luis XIV y Luis XVI en la planta baja, con eje en una galería central de 85 m de largo, donde brilla el mármol y el dorado a la hoja. La restauración rescata los detalles simbólicos de su estilo, como el revoque símil piedra parís del exterior. También se realizaron tareas de salvamento en las mansardas de pizarra, donde se repusieron tejuelas y se restauraron, por ejemplo, las flores de lis que rematan las terrazas del Roof Garden.



