El Claridge, entre lo clásico y lo actual
El proverbial hotel porteño inaugura su imagen remozada, tanto en la planta de acceso como en todas las habitaciones
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Cuando el arquitecto Arturo Dubourg diseñó el Claridge Hotel, que se inauguró en 1946, modificaba la fisonomía de toda la cuadra de Tucumán al 500. Con el paso de los años, hubo muchos proyectos de actualización (firmados por conocidos estudios, incluso por el propio Dubourg), pero por diversos motivos quedaron en el papel.
Este año le tocó a un joven experto en arquitectura interior, Andrés Rosarios (al frente del estudio Sur Diseño), la tarea de encarar el rediseño del nivel principal: acceso, recepción y salones públicos, y las habitaciones de un clásico entre los hoteles porteños como es el Claridge.
Hay que recordar que la entrada, con piso alfombrado y una iluminación amortiguada, era poco estimulante para el pasajero que llegaba. Sin embargo, cuando se enteraron de que se avecinaba una remodelación, muchos clientes hicieron saber su preocupación ante el peligro de cambios que alteraran el clima del lugar.
A este desafío singular tuvo que enfrentarse Rosarios: crear una imagen tal que se sumara al carácter esencial del edificio al tiempo que le añadiera las vivencias del nuevo siglo. Y fue con ese espíritu que el proyectista decidió ser una suerte de interlocutor del edificio existente.
Por eso, para "reforzar el proyecto de Arturo", Andrés Rosarios se propuso ampliar el espacio (vinculando con la mayor fluidez posible el gran hall con el bar-comedor); aclarar el espacio con dos planos: el piso brillante de mármol en lugar del alfombrado, y el cielo raso con un trazado similar al del piso, al que se suma un trabajo de trompe l´oeil de tonos claros y atmósfera de cielo (realizado en 45 días por Carlos Azulay).



