El diseño gana por varias cabezas
Por Luis J. Grossman
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Durante quince años, esa institución que es Casa FOA atravesó períodos muy diferentes. Lo que nadie puede dejar de reconocer es que en un proceso sólido y criterioso, la original creación argentina maduró una imagen consistente con rango institucional.
Lo que en los comienzos pareció privilegiar la acumulación de formas, materiales, ornamentos y objetos, con una adición aritmética de frivolidad y superficialidad, capitalizó de tal maneras las críticas y las reflexiones al término de cada edición, que un repaso a lo expuesto en las sucesivas muestras será testimonio de la evolución de esta disciplina en la Argentina de los últimos años.
Estas consideraciones responden a una sensación acaso prejuiciosa que todavía perdura en muchos profesionales que atribuyen -equivocadamente, a mi juicio- una función meramente comercial a un emprendimiento que puede, ahora, condensar el derrotero de la decoración de interiores en el país.
"Tal vez se trate de una postura de la humanidad frente al fin del milenio", ensaya León Churba cuando apuntábamos la impresión un tanto desconcertante que provoca el minimalismo formal y cromático que prevalece en Casa FOA ´98. Después de transitar los 47 ambientes que componen la edición de este año, un recorrido que deleita por la particular fisonomía de este lugar único que es el Tattersall, hay que admitir que este consenso de lenguaje, esta economía de recursos y esta austeridad formal deben tener como origen algo más que una simple moda estilística.
Un ejemplo que condensa lo dicho en un marco de calidad y equilibrio difícil de superar puede encontrarse en el conjunto de living-comedor y jardín de invierno que diseñaron los arquitectos Mónica Melhem y León Churba.
Otro modelo de exaltación de texturas se encuentra en el muy buen trabajo de Anne Bazán o en el loft del arquitecto Carlos Galli, María Hernández y Marya Nicholson, un espacio ajaponesado (si se nos permite el término), con leves pantallas deslizantes a modo de particiones.
El loft de Martina Ulloa resume, a mi modo de ver, los rasgos esenciales de la muestra. La autora demuestra con su madura destreza compositiva y la acertada elección de los pocos pero muy buenos elementos que integran su espacio, su sólida formación en la Domus Academy de Milán.
Hay dos casos que justifican, a nuestro entender, un párrafo aparte: son los espacios proyectados por Juan Azcue (Loft 39) y Sergio Krymer (Loft 24), que, siendo tan diversos en cuanto a su concepción y a los valores puestos en juego por sus autores, resultaron premiados por el jurado que seleccionó a los mejores diseños de Casa FOA ´98.
El proyecto de Azcue es, como siempre, sobrio y equilibrado, calmo y ajustado, con piezas de mobiliario (dibujadas y detalladas por el autor) de gran calidad. En el caso de Krymer, cuando, en el cuestionario que se formuló a los participantes, le preguntaron qué colores prefería, respondió "todos", y al interrogante acerca de los materiales también contestó "todos". Y es una encomiable actitud proyectual.
Un comentario final para el hermoso auditorio que proyectó Alfred Fellinger. Dentro del espíritu que ya hemos descripto como austero y despojado, Fellinger propone un espacio íntegramente recubierto por un manto alfombrado, con una gráfica fascinante y una gama severa. Los asientos, con el sello moderno-clásico de la Aluminum de Herman Miller, completan el paisaje sobrio y elegante del recinto que tiene como única objeción lo complejo del acceso, a través del espacio 36.
Por muchas razones, entre las cuales no está ajena la de un recuerdo emocionado para la inolvidable Mechita, es muy recomendable una -o varias- visitas al Tattersall de Palermo.



