El faro: máxima estatura frente al río
Con proyecto y dirección del estudio Dujovne-Hirsch, se yergue completa la primera de las dos torres del conjunto residencial
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En 2000, en el suplemento Arquitectura (ver número del 5 de julio) se anunciaba que en 2002 estaría completado el edificio El Faro, que “con sus 170 metros de altura, será el más alto de Buenos Aires” (45 niveles con dos semipisos por planta). Cumplido el plazo, a pesar de los serios problemas económicos que atravesó el país está a la vista una de las dos torres que forman el conjunto residencial, diseñado y dirigido por el estudio Dujovne-Hirsch y Asociados.
Por su configuración puntual, pensada como un rascacielos de dos partes semejantes unidas con varios puentes y con un remate que las vincula, El Faro es un hito visual en el territorio de Puerto Madero frente al río, en Azucena Villaflor y Calabria. Esta fue una premisa inicial, habida cuenta de que se trataba de la parcela (de casi 7000 metros cuadrados) que más avanzaba sobre el Río de la Plata, lo que ofrece a sus ocupantes visuales inéditas sobre la costa, el horizonte fluvial y vistas privilegiadas sobre la Dársena Norte, la ciudad y los diques.
Los arquitectos se propusieron –y así lo manifiestan– “que la torre debía entrar en un contrapunto con la trama urbana para no convertirse en un elemento aislado; pero que, al mismo tiempo, debía ser tratada como un hito”. Esta fue la primera condicionante. La segunda fue que la torre debía construirse por etapas, por lo que se resolvió separar la torre en dos, pero con la idea de que el edificio final conformara una unidad, por lo que se trabajó con dos cuerpos que se unen mediante varias articulaciones.
Ahora que se termina la primera de las dos torres que forman esa unidad final se advierte que la gran esbeltez que luce esta primera etapa parece reclamar su otra mitad para alcanzar las proporciones finales. Uno de los rasgos que destaca la obra en este momento es la claridad de su estructura y la armonía del diseño de las fachadas de hormigón armado.
No cabe duda alguna de que la estructura fue el mayor desafío técnico de este proyecto. En este sentido, la experiencia del ingeniero Alberto Fainstein en el cálculo y la resolución de conjuntos edilicios de gran escala aseguraban, en su diálogo con los proyectistas, un resultado original. Y esto es perceptible a primera vista.
En efecto, la forma de esta pieza arquitectónica está vinculada por completo con la resolución estructural. Porque no se trata del esqueleto tradicional de columna-viga-losa, sino que se planteó una caja exterior resistente y un núcleo central como eje portante. De este modo, las plantas no tienen columnas intermedias y, además, se trata de entrepisos sin vigas que están soportados por las placas exteriores y el núcleo central.
La configuración de los grandes planos calados que forman las fachadas estructurales de hormigón armado influyen también en la escala inusual de los departamentos, los que tienen una altura mayor que la habitual. También son más altas las aberturas (2,25 metros), lo que permite aprovechar al máximo las vistas al río, el puerto y la ciudad. Por otra parte, las losas sin vigas permiten lograr distintas organizaciones de plantas funcionales con departamentos de 190, 230 y 370 metros cuadrados. Además de las superficies mencionadas, existe la posibilidad de ligar una unidad de 190 m2 con otra de 230 para lograr un departamento realmente grande.
Los constructores aclaran que para la realización del pilotaje de fundación de las torres se aplicó la misma tecnología utilizada en Kuala Lumpur para el conjunto Petronas, de Cesar Pelli.
Como se dijo al hablar de la estructura, los departamentos tienen una altura superior a la usual: son 3 metros en lugar de los 2,60 habituales que marca el reglamento. Este dato, sumado a la no presencia de vigas, posibilita la mayor libertad para tener diversas organizaciones de planta y mobiliario.
Un edificio distinto y un equipo singular
Para concretar una obra tan especial, el Estudio Dujovne-Hirsch y Asociados pudo integrar un elenco de gran experiencia y calidad. Ese plantel incluyó a profesionales y asesores por una parte, y a contratistas y proveedores por otra.
Ya se mencionó al estudio del ingeniero Alberto Fainstein a cargo del cálculo y diseño estructural.
Ingeplam SA es la empresa constructora. En lo que se refiere a la infraestructura, Feroleto y Faga tienen a su cargo las instalaciones sanitarias, y la instalacion termomecánica corre por cuenta de Cliro SA, mientras que las modernas calderas fueron provistas por Peisa SA en tanto que Inpro tuvo a su cargo la calefacción.
Uno de los mayores expertos en la materia, Egidio Granzotto, fabricó la carpintería de madera del edificio, y la empresa Metal-co se ocupó de la carpintería metálica y diseñó para esta obra ventanas oscilobatientes y paños fijos exclusivos para edificios de gran altura; con el estudio Marshall trabajaron en el diseño de 32 matrices para el programa Frame, aprobado por el INTI después de varios ensayos.
También José Bueno tuvo a su cargo la instalación eléctrica; la empresa Macherione, la pintura, y Los Cohiues son responsables de la parquización de todo el entorno, que abarcará parte de los 6000 metros cuadrados disponibles. Por su parte, Barujel-Azulay es uno de los principales proveedores de la obra.
Un conjunto autosuficiente
Los ocupantes del conjunto dispondrán de 6000 metros cuadrados de espacios verdes, con servicios comunes que incluyen piscina con solario al aire libre, cancha de tenis, piscina cubierta climatizada, spa, cocheras para visitantes y, cuando se complete la segunda torre, un club privado que unirá los últimos pisos como remate arquitectónico.



