En el año de Gaudí, recordar a Plecnik
Por Luis J. Grossman
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Hay que empezar por una aclaración: el arquitecto esloveno Joze Plecnik (Ljubljana, 1872-1957) es reconocido como un maestro de la arquitectura moderna centroeuropea. Cierto es que, por causas que pueden atribuirse a limitaciones informativas, a la mayor vinculación de nuestros círculos culturales con la producción occidental, que en el caso de Europa se frena casi siempre en Austria, su nombre y su obra son virtualmente ignorados entre nosotros.
En un viaje, y gracias a esas exposiciones esclarecedoras que realiza el Pompidou, tuve la oportunidad de observar algunos dibujos y fotografías de proyectos de Plecnik. Eso bastó para reconocer a un personaje de excepción que, en las primeras décadas del siglo XX, mostraba las búsquedas y ensayos de un creativo, dotado con el rigor y la cultura visual derivados de su sólida formación clásica. Ahora, con la resonancia del así llamado Año Gaudí (en España y en todo el mundo), recordé que en el libro catálogo de esa muestra parisiense (primavera de 1986) había un texto titulado con un interrogante referido a Plecnik: ¿ Un Gaudí eslavo ?, se preguntaba el crítico vienés Friedrich Achleitner.
Y hay que reconocer que son válidas algunas referencias para ese rótulo, que es enaltecedor para cualquiera. En primer lugar, aparece la pertenencia a una minoría cultural, la catalana en el caso de don Antonio y la eslovena en el de Joze. En ambos casos esa condición está dada en primer término por la lengua y por la necesaria dependencia de una situación condenada al plurilingüismo. Los dos son hijos de artesanos: de un calderero Gaudí y de un ebanista Plecnik; los dos son católicos de estricta militancia. Eso se pone de relieve en la inclinación artesanal de sus respectivos trabajos, así como en la fidelidad a sus grupos étnicos (el catalán y el esloveno) y su respeto por la cultura popular. En verdad, a medida que ingreso en el mundo de estas dos figuras singulares encuentro semejanzas que el propio Achleitner no menciona.
Este año se habló y se hablará mucho de Antonio Gaudí. Y está bien que así sea. Me sentiría gratificado si, además, alguien se ocupara de Joze Plecnik.



