Ficus, una especie prohibida
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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El arbolado urbano de alineación en las veredas fue reglamentado por la Secretaría de Medio Ambiente y Planeamiento Urbano del Gobierno de la Ciudad en 2002 (Resolución N° 29), autorizando "a los propietarios frentistas a plantar, en planteras vacías, árboles de determinadas especies", estableciéndose requisitos técnicos sobre su provisión por parte de la Dirección de Espacios Verdes a través de los Centros de Gestión y Participación, las acciones para que la plantación y conducción del ejemplar sean exitosas y la elección de especies "recomendables", agrupadas según el ancho de las aceras, y "prohibidas".
La complejidad del problema obligó a la Legislatura de la ciudad a sancionar una nueva ley (la 1556), en 2004, con más precisiones. Inserta el tema dentro de la política ecológica y declara al arbolado urbano patrimonio natural y cultural de la ciudad; menciona la diversidad de materias y tareas afines; considera que la plantación debe dar prioridad a especies nativas de la "cepa pampeana", que reúnan condiciones adecuadas de tamaño, follaje, resistencia, precocidad, longevidad, sanidad, etcétera; establece una serie de prohibiciones en resguardo del arbolado, pero también de los bienes y la integridad y salud de los vecinos, y promete que el Poder Ejecutivo elaborará un listado de especies aptas y recomendadas, cosa que no se ha hecho, por lo que sigue vigente el listado de la Resolución N° 29.
También es explícita la reglamentación respecto del acceso a edificios, nuevos o modificados, y otra promesa aún incumplida: la creación de un Registro de Arboles Históricos y Notables. El tema de la tala y poda de árboles es considerado, sin duda, el más conflictivo, porque se le dedican varios capítulos y, no obstante, en 2006 se sanciona la ley 1982, que modifica aquel capítulo, agregando más precisiones.
No debe ser fácil vigilar el cumplimiento de estas normas, ya que entre los árboles "prohibidos" está el Ficus benjamina, y su presencia en las calles es habitual. En muchos casos llegó a los hogares como linda planta de maceta y, superado ese concepto, pidió espacio y se lo dieron donde había: en la calle. Desde luego, no es adecuado: su espeso follaje, aliado de la inseguridad, ataja la luz, ocupa lugar en la vereda y, sin pasar mucho tiempo, las raíces levantarán las baldosas. La responsabilidad ciudadana debe adelantarse a las prohibiciones.



