Fiesta de colores intensos para un pueblo que cumplió cien años
Los vecinos de Arenaza se unieron y pintaron 392 construcciones
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"Al principio miraban el muestrario de colores con mucha desconfianza y terminaban eligiendo tonos muy clásicos como blanco o marfil. Nadie parecía muy dispuesto a intentar cambios revolucionarios", recuerda Teresa Pereda, artista plástica y una de las organizadoras de Arenaza de colores, el proyecto para celebrar el centenario de la fundación del pueblo de Arenaza, en el partido de Lincoln, provincia de Buenos Aires; por ese aniversario se pintarían las fachadas de todas las viviendas.
Arenaza fue fundado el 19 de marzo de 1904, junto a la estación Los Altos, del Ferrocarril de Buenos Aires, por José María Arenaza. Actualmente, tiene una población de dos mil habitantes y su actividad principal es agrícola-ganadera. El interés de los organizadores era entusiasmar a los vecinos en el uso de colores intensos y poco usuales, pero al mismo tiempo, crear conciencia acerca de la importancia de cuidar la arquitectura antigua del pueblo. El slogan de la pintada no podía ser más optimista: Si podemos cambiar un pueblo también podremos cambiar el mundo.
Manos a la obra
"Preparé una paleta de colores con doce tonos de látex y doce de esmalte sintético, y además organicé talleres para aprender a trabajar el color. La actitud de los vecinos comenzó a cambiar en enero, cuando pudimos contar con una cuadra piloto: ocho familias que integraban una misma cuadra se ofrecieron y pintaron los frentes de sus casas con colores intensos", agrega Pereda.
Se entregaron en total 4587 litros de pintura, 1684 de látex blanco y 2913 de color en látex y esmalte sintético, para pintar un total de 392 construcciones. El proyecto tenía un antecedente: la pintada del pueblo de General Ballivian, en Salta.
Un jurado integrado por Mercedes Casanegra, presidenta de la Asociación de Críticos; el pintor Luis Felipe Noé, y el arquitecto y plástico Adrián Luengo otorgaron dos premios: uno a la casa y otro a la cuadra más lindas.
"La pintada logró varios objetivos, algunos realmente insospechados. Embelleció el pueblo y creó la sensación de algo nuevo. Fomentó el trabajo solidario y promovió el sentido de pertenencia, el orgullo de formar parte de una comunidad que se ocupa de sí misma. Fundamentalmente, demostró que se puede ser protagonista de algo distinto cuando hay ideas claras y muchos deseos de trabajar por el bien común", concluye Pereda.



