"La arquitectura deberá ser mutante"
Dominique Perrault, el papel de la naturaleza en su obra y un augurio: los arquitectos tendrán que establecer nuevos lazos con su comunidad para no desaparecer
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MADRID.- Dominique Perrault ganó el concurso del proyecto para la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) uando tenía sólo 36 años. Este fue el último de los Grandes Proyectos de un programa de desarrollo a gran escala para la ciudad de París, realizado en la presidencia de François Mitterrand. Desde entonces, Perrault se convirtió en uno de los arquitectos más reconocidos internacionalmente. En la actualidad, dirige la construcción de otros dos proyectos a gran escala: el Velódromo y Piscina Olímpica de Berlín, y la Corte Europea de Justicia, en Luxemburgo; su obra reciente se complementa con el edificio de depuración de aguas de Ivry-sur-Seine, la fábrica Aplix y el estadio de fútbol de Badalona, en desarrollo.
Además de una contribución al urbanismo, los proyectos de Dominique Perrault ponen en evidencia su contexto inmediato. El proyecto se convierte en un pretexto para generar un espacio urbano como el caso de la BNF o el Velódromo de Berlín. Este propósito lo explica él mismo cuando dice: "No pensemos ya que existen lugares malditos . Tomemos la energía de allá donde se libere para añadir un no sé qué que, con la voluntad de querer, hará evidente la transformación del sitio".
-Entre el primer premio Arquitectura y Contratista, que recibió en 1984, y el reciente Mies van der Rohe por la BNF, ¿qué ha continuado y qué ha cambiado?
-La Biblioteca dio la posibilidad de hacer grandes proyectos y nos ha permitido tener un lugar y formar un equipo de arquitectos importante y participar en los concursos internacionales. Lo que ha cambiado, fundamentalmente, es la posibilidad de ser un arquitecto conocido, con fama, que ahora trabaja fuera de su país.
- Me refería a su manera de pensar la arquitectura.
-Digamos que he tenido una revelación. Ha sido una aparición: la naturaleza entró por refracción en mis conceptos de la misma forma que surgió cuando estaba concibiendo la BNF. Esta visión me ha permitido desarrollar una relación entre arquitectura y naturaleza que me ha llevado hacia la idea de construir paisajes más que edificios.
-Desde este punto de vista está construyendo el estadio de fútbol de Montigala y sus alrededores, en Barcelona.
-La ordenación urbana que propusimos tiene una voluntad de no construir objetos arquitectónicos que obstruyan el valle que está entre el mar y la montaña. Ponemos en evidencia la geografía y construimos el estadio de fútbol siguiendo las curvas del valle, que se desdibujan en el paisaje para que se vea sólo la red de protección solar, como si fuera una carpa de nómadas. Se trata de construir un paisaje, de considerar la ciudad como si fuera un paisaje complejo, múltiple. El paisaje creado por nuestras ciudades es la expresión más fuerte de nuestro mundo contemporáneo y de nuestra cultura, y el proyecto de Badalona se inscribe en la idea de un paisaje contemporáneo en el que la geografía pone sus pautas en la historia del lugar.
-Usted tiene ahora tres estudios de arquitectura: París, Luxemburgo y Berlín. ¿Cómo trabaja?
-Tengo socios arquitectos que trabajan conmigo y trabajo como lo hace todo el mundo: todo el día. Es la forma de trabajar que debemos soportar los profesionales europeos: madrugar para ir a Berlín y cenar por la noche en Luxemburgo. Ese es el futuro.
-Y a esa actividad suma su actividad docente.
-Sigo con la docencia, pero como profesor visitante, porque no puedo estar toda la semana durante un año en un mismo lugar. El año último estuve en la Universidad de Chicago, este año tengo la cátedra en Barcelona y el próximo será en Bruselas. Lo que me interesa es la investigación y es muy interesante porque permite un intercambio entre estudiantes, escuelas y mi propia reflexión.
-¿Por dónde va esa investigación y la búsqueda de la modernidad?
-En las escuelas planteo, lo mismo que en mi estudio, unas cuantas preguntas que debemos hacernos los arquitectos: ¿se puede construir una arquitectura abstracta?, ¿cómo pueden convivir la naturaleza y la arquitectura industrial ?, ¿qué podemos pensar acerca de la transparencia, de la luz, en la arquitectura?, ¿acaso lo que se ve es verdad o la verdad en arquitectura es algo diferente de lo que se puede ver? Todo eso nos lleva a un campo muy amplio de ideas, conceptos e investigación, pero para mí es un trabajo muy importante, mucho trabajo también, pero es experimental, que es lo que me gusta.
-Investiga desde el disconformismo, entonces.
-Por supuesto. La escritura de la arquitectura es una paradoja. Creo que estamos en un momento único en el cual hay que plantearse cómo construir una arquitectura mutante. Es de lo que se trata porque es nuestro futuro, lo que nos espera, el futuro de la arquitectura y del mundo.
-¿Esa renovación debe plantearse en la tecnología o en el concepto?
-Principalmente es una renovación conceptual. Tiene que ser así porque si no los arquitectos van a desaparecer. Los arquitectos no son muy queridos por la sociedad: yo diría, incluso, que la sociedad los detesta. Deberán encontrar entonces nuevas formas para vincularse con su entorno y con la sociedad, establecer nuevos lazos. No tienen elección, tienen que ser cambiantes a la fuerza, para no desaparecer.
-¿De quién es la culpa? ¿De las instituciones?
-Es un problema cultural. Los arquitectos siempre están más o menos en la época del Renacimiento, en el siglo XVIII. Tenemos un patrimonio, pero un patrimonio conservador, y siempre estamos separados de la sociedad y del público. Los arquitectos son autistas.
-¿Cuáles serían esas relaciones deseables entre arquitectura y ciudad de las que usted habla?
-Tienen que ser mucho más abiertas, podrían integrar reflexiones nuevas, como por ejemplo, sobre la ecología, sobre la separación que puede crear un muro entre la vida interior y la vida al exterior y hay que intentar construir edificios que no excluyan, no separen esas dos vidas. Hay que poder tener miradas del interior al exterior e intentar tener reflexiones más amplias y diferentes. Tener emociones, en definitiva, y que no haya separaciones, sino globalizar.
Rica trayectoria
Dominique Perrault (1953) abrió su estudio de arquitectura en 1981 y su trabajo pronto sirvió de referencia. Pero su dimensión internacional la adquirió en 1989, cuando ganó el concurso de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF). En 1992 ganó el concurso internacional para la construcción de la Piscina y Velódromo Olímpico de Berlín, cuyas obras se finalizan actualmente. También abarca la pequeña escala en la concepción y realización del mobiliario de la BNF.
Entre otros proyectos en realización, figuran la mediateca central de Vénissieux, el pabellón Pfleiderer para el Salón Bau 99 en Munich, la ampliación del Ayuntamiento de Innsbruck, oficinas y comercios en Austria (fin previsto para el 2002) y el estadio de Montigala, Badalona, Barcelona.
En 1993, recibió el Grand Prix National d´Architecture; es miembro de la Academia de Arquitectura, y presidente del Instituto Francés de Arquitectura desde noviembre último.



