La bodega del fin del mundo
Nueva planta en un predio de 550 ha con vides, fuera del circuito del vino, pero en un área clima propicio para el cultivo
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En la Patagonia, la Bodega Fin del Mundo encargó a los arquitectos Adrián Ibarroule y Oscar Aprea ampliar su planta de 5000 m2 cubiertos a 20.000 m2. El edificio está en El Chañar, provincia de Neuquén, en un terreno de 550 ha cultivadas con viñedos propios implantados con las variedades Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Pinot Noir, Syrah, Sauvignon Blanc y Chardonnay.
Suelo y clima
Junto con la producción primaria, se destacan en la zona los complejos agroindustriales, entre los que sobresale como genuina pionera la Bodega Fin del Mundo, presidida por Julio César Viola, que cuenta con sistemas de elaboración y conservación de vinos de alta tecnología.
Inicialmente, el portfolio de productos constará de varietales y genéricos añejados en barricas de primer uso, elaborados según el paladar internacional y comercializados con la marca Fin Del Mundo, Newen y Postales del Fin Del Mundo. La zona es desértica con la amplitud térmica adecuada -mayor a los 20° C- en la etapa de maduración de las uvas; el sol intenso, las precipitaciones escasas y la baja humedad relativa limitan el desarrollo de enfermedades.
Según se explicó, la propuesta conjuga las necesidades funcionales propias del proceso de elaboración del vino con el entorno paisajístico y está concebida como una parte integral de un futuro circuito regional del vino.
El conjunto se compone de tres ámbitos principales: zona de accesos, bodega propiamente dicha y sector de huéspedes. A éstos se suman las áreas de apoyo y los recintos anexos a las distintas tareas.
El diseño respondió a los requerimientos específicos de la producción del vino sin descuidar las necesidades de los visitantes. Para ellos se desarrolló un circuito paralelo, resuelto de manera independiente, integrado y sin superposiciones. El edificio principal se construyó con los más modernos criterios de diseño, tanto desde lo espacial como desde lo tecnológico.
El sistema constructivo adoptado respondió a criterios de rápido montaje y bajo mantenimiento. Se optó por una respuesta tecnológica que combina estructura metálica y cierres de bloques de hormigón, que a partir de un elaborado estudio de las texturas y combinaciones brinda un carácter singular al emprendimiento.
El arquitecto Adrián Ibarroule contó que fue su primera experiencia con una bodega, por lo que hicieron un relevamiento de establecimientos afines, dentro y fuera del país, y contaron con el asesoramiento de especialistas enólogos e ingenieros.
Se amplía la zona de producción
San Patricio del Chañar es un pueblo frutícola, a 55 kilómetros de la capital de Neuquén (que forma parte del denominado Alto Valle de Río Negro y Neuquén), donde se elaboran vinos de alta calidad enológica, fuera de la gran zona de producción, determinada en Mendoza, La Rioja, San Juan y Río Negro.
La Bodega Fin Del Mundo, cuyo titular es Julio Viola, dispone en la actualidad de 550 ha de cultivos y, dentro de pocos años, comercializará en el mercado nacional e internacional cerca de 20 millones de botellas de vino con un excelente nivel de acidez, gracias a la característica de los suelos y el clima de este campo.
El agua de riego proviene del deshielo de la cordillera de los Andes, a través del río Neuquén, y es presurizada en la cabeza de campo. La firma cuenta con siete plantas de bombeo, 500 km de acueductos subterráneos y 6000 km de mangueras de goteo computarizado. El sistema de conducción de agua es contra espaldera, y la distancia entre plantas de 1,40 m (2976 plantas por hectárea).



